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Bet Birai Nieto

Después de 70 años de un pelito que ocupó las planas de los diarios nacionales e internacionales por un supuesto plagio de 500 imágenes tomadas por el fotógrafo Leo Matiz por encargo de David Alfaro Siqueiros, ambos personajes hoy se reencuentran a través de sus obras

Tienes 24 horas para salir de México, si no, te va a pasar lo mismo que le pasó a Trotsky”, le soltó con entonación marcial El Coronelazo David Alfaro Siqueiros al joven fotógrafo y caricaturista colombiano Leo Matiz.

Era 1947 y a petición de su amigo, el muralista David Alfaro Siqueiros, dos años antes el fotógrafo colombiano había levantado cerca de 500 imágenes en apoyo a la creación de varios murales, pero particularmente el de Cuauhtémoc contra el mito, planeado para montarse en el Museo de Arte Realista y al que Siqueiros se había comprometido a darle el reconocimiento artístico a todos los participantes. Eso nunca sucedió.

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La obra ‘Cuauhtémoc contra el mito’, actualmente ocupa un pequeño muro en el edificio Tecpan de Tlatelolco, sin la gloria de la que gozan otras obras del muralista

El exrrevolucionario chihuahuense modificó el proyecto en caballete, junto con otras pinturas basadas en las fotografías de Matiz y la exposición cambió de sede al Museo Nacional de Bellas Artes, donde el único crédito fue para el autor de Caín en los Estados Unidos.

Una carta fechada el 29 de enero de 1947, desde el hotel Nutibara de Medellín, Colombia, firmada por Matiz y dirigida a David Alfaro Siqueiros, además de enviarle saludos al muralista colombiano, también avecindado en México, Ignacio Gómez Jaramillo, se aprecia que el segundo había pagado una parte de las imágenes al primero y que con 300 pesos más se liquidaría la deuda:

Estimado amigo Siqueiros: te molesto para recordarte que me debes algunos pesos, y como tengo deudas pendientes en México que debo pagar antes de regresar, quiero pedirte el favor que me deposites en el Banco Latinoamericano, cuenta número 2114, la cantidad de $300.00 (trescientos pesos mexicanos) y queda ya saldada tu deuda con este fotógrafo. Deseo que tu trabajo continúe bien y que la salud de ustedes sea magnífica. Saludos para Ignacio Gómez Jaramillo y recibe un abrazo de: Leo Matiz”.

En otro material hemerográfico se asegura que Siqueiros declaraba “haber entregado al fotógrafo colombiano, por tres días de trabajo, como le consta a Gómez Jaramillo, la cantidad de $700.00 (SETECIENTOS PESOS) en efectivo y cheques, según puede probarlo; y que juzgo un abuso y una exigencia absurda de Matiz, el exigir este saldo por un trabajo que estaba espléndidamente pagado con las sumas anteriores, ya que sólo se trató de dos docenas de fotografías de las que no se entregó las negativas y que fueron hechas bajo la dirección del pintor”.

Matiz llevaba una ausencia prolongada, por motivos de trabajo, en Estados Unidos y Centroamérica. Al llegar a México, el colombiano se percató de que sus fotografías fueron utilizadas no para un mural como se lo propuso Siqueiros, sino en caballete, casi al calce en la exposición montada en el Palacio de Bellas Artes, Siqueiros 70 obras recientes.

›En julio de 1947, el colombiano le reclamó de manera epistolar el reconocimiento de las fotografías al muralista, aunque el careo llegó a las mesas de redacción de El Nacional, Excélsior, Revista de América, El Siglo y El Tiempo, donde Siqueiros también ofreció su versión del pleito.

sique-matris4Pero es el periódico Excélsior el que abrió un espacio a Matiz para que escribiera una columna que tituló Ni chantaje ni mentira, en el que se defiende de dos artículos que lo atacaban: uno publicado en El Nacional y otro en el New York Times, y del que sospechaba que Siqueiros había “comprado” al autor.

Siqueiros era entonces el secretario del Partido Comunista Mexicano y tenía gran influencia en él para disponer de la colaboración de sus correligionarios para ejecutar cualquier acción que solicitara. Entonces ordenó a una cuadrilla de sus camaradas que arrasaran a gasolina y fuego con el estudio fotográfico del colombiano, ubicado en la calle Juárez 30, frente a la Alameda Central de la ciudad, justificando una supuesta alianza entre Matiz y la CIA, basado en los viajes del colombiano a Estados Unidos para elaborar portadas de la revista Reader’s Digest.

Siqueiros creía que ahí estaban los negativos de las sesiones a las que convocó como modelos a su esposa, Angélica Arenal, y al boxeador Víctor Arrevillaga, pero Matiz los tenía en su casa. Tras el siniestro y con 24 horas de gracia para salir de México, tenía la sangre agolpada en la sien, el aliento contenido por la humillación y el miedo. Pidió asilo a su amigo, el escritor Jorge Zalamea, embajador de Colombia en México, en tanto conseguía los pasajes para huir, primero a Estados Unidos, y posteriormente hacia su patria.

Después de este pasaje, nunca más volvieron a cruzar una palabra los dos artistas. Es hasta ahora, 70 años después que se reencuentras con sus obras en Bellas Artes.

Ninguno de los dos (artistas) estaría de acuerdo”, reconoce Alejandra Matiz, hija del autor de los retratos más emblemáticos de la actriz María Félix y del compositor Agustín Lara; además de stillman en siete películas de la época de oro del cine mexicano, entre ellas La virgen que forjó una patria, Las cinco advertencias de Satanás y El Circo, protagonizada por Mario Moreno Cantinflas.

Ahora y hasta el 15 de de octubre, las obras de Siqueiros comparten el mismo espacio con aquellas imágenes que cimbraron la amistad y colaboración del muralista con el fotógrafo, “seguramente si se enteran que están en el mismo sitio, se agarran a golpes de nuevo (…) mi padre hizo mal en reclamar esas imágenes. De lo contrario nunca hubiera salido de este país que adoraba tanto”, sostiene en entrevista Alejandra Matiz, quien encabeza la fundación que lleva el nombre de su padre.

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Trotsky, Siqueiros y Matiz

No sólo Matiz fue objeto de la furia del exrrevolucionario Alfaro Siqueiros, hombre leal a José Stalin, máxima figura de la Unión Soviética. En mayo de 1940, el muralista mexicano comandó a 20 hombres que, apoyados por el agente infiltrado Robert Sheldon Hart, hicieron el primer intento para asesinar a Lev Davidovich Bronstein, conocido como León Trotsky, en su casa de Río Churubusco. En el asalto sonaron 400 impactos de bala. Ninguno acertó y Alfaro Siqueiros emprendió la retirada enfrentado por la guardia personal del ruso.

El atentado mortal ocurrió tres meses después, el 21 de agosto de 1940, cuando tras ser atacado con un piolet por el agente Ramón Mercader, quien se hizo pasar por reportero belga, fallecía el organizador del Ejército Rojo de Rusia.

Un día después de este ataque, arribó a Panamá el fotógrafo Leonet Matiz, con intención de establecerse en México y que, como simpatizante del comunismo, deseaba entrevistarse con el revolucionario ruso.

Entonces, el nacido en Aracataca, Colombia, ignoraba que siete años después, El Coronelazo lo incluiría en su lista negra personal.

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