Unos jeans, una playera de manga larga y una gorra de béisbol. En el metro de la cuidad de Washington sacó de la caja un violín. A las 7:51 am comenzó a tocar. En 43 minutos pasaron por la estación 1,097 personas mientras el violinista tocó seis piezas entre Bach y Schubert. Sólo siete personas se detuvieron un momento a escuchar. Veintisiete transeúntes ofrecieron su gratitud en monedas y billetes cuyo total ascendió a 32 dólares más cambio. Una mujer cruzó de la mano con su hijo de 3 años. El pequeño se negaba a avanzar y torció la cabeza desde lejos para no perder de vista al artista. Solo una pasajera lo reconoció. Se trataba de Joshua Bell renombrado violinista, cuya presencia tres días antes abarrotó el Boston Symphony Hall por no menos de 100 dólares el boleto.
El experimento fue planeado por el Washington Post. Su autor, Gene Weingarten, fue acreedor al Premio Pulitzer por la publicación del artículo.
A las 8:37 terminó de tocar las complejas piezas con su Stradivarius. Nadie aplaudió.