Oscar Moha

Al igual que otros personajes públicos, Donald Trump, presidente de Estados Unidos, cada que puede se escuda tras un ejemplar de La Biblia. Y si bien no hace alusión a los textos, como en México en las mañaneras se ha estilado, sí se deja fotografiar orando con su grupo de pastores de la misma línea ultra, quienes envían a los medios las fotos que les indican en la Casa Blanca para aparentar que el mandatario es “un hombre de principios, valores, familia, blanco, exitoso” y que está en contra del aborto y los matrimonios igualitarios.

El pasado lunes, cuando una manifestación pacífica era dispersada con gases lacrimógenos por la Guardia Nacional frente a la Casa Blanca, el presidente Trump ondeaba una Biblia teniendo como fondo la Iglesia de San Juan, aparentando la espiritualidad que nunca ha demostrado hacia los inmigrantes, o los afroamericanos. De inmediato, la obispa Mariann Budde, de la Diócesis Episcopal de Washington, una de las primeras en organizar manifestaciones por el asesinato de George Floyd a manos de policías el pasado 25 de mayo en Minnesota, consideró que el “mensaje del Presidente fue antiético, contrario a las enseñanzas de Jesús y a todo lo que defiende nuestra Iglesia”.

En la Unión Americana, donde las relaciones intereclesiásticas distan mucho de parecerse a lo que sucede en México, los grupos de pastores y sacerdotes que comulgan con la ideología política de Donald Trump tienen acceso a la oficina oval y a los fondos que llegan incluso a países latinos, para la lucha contra lo que llaman “ideología de género”, que consiste en penalizar el aborto, prohibir los matrimonios entre homosexuales, y la enseñanza en las escuelas públicas de temas de diversidad sexual. A México sólo llegan esos recursos de manera muy selecta, ya que las fundaciones e Iglesias de EU se percataron de que la corrupción se ha establecido como dogma de fe en las denominaciones evangélicas que las recibían hace un par de décadas.

En nuestro país la familiaridad entre pastores y sacerdotes es pésima. Se da esporádicamente en nichos muy específicos, el antagonismo en el ámbito de creencias y prácticas es mayor al amor que predican ambos bandos. Por lo tanto, el Presidente Andrés Manuel López Obrador, conocedor de esas divisiones y de la corrupción que los estadunidenses han detectado, ha preferido no tomarse fotos orando con unos y rezando con otros en Palacio Nacional. Y no tanto por dar la impresión de que México sigue siendo un país laico, sino porque la época electoral todavía está distante.
Cuando los Ministros de Culto evangélicos tienen la oportunidad de entrevistarse con funcionarios, legisladores y Presidentes de la República, el regalo que les hacen consiste invariablemente en un ejemplar de La Biblia. A Carlos Salinas de Gortari le obsequiaron tantas que no cabían en los cajones de los escritorios de sus secretarias y asesores personales. Sólo Felipe Calderón y el actual Mandatario han hecho frecuentemente referencia en actos públicos a pasajes bíblicos. Tanto que líderes evangélicos despistados los han catalogado como “cristianos”.

Pero, grupos progresistas dicen tener otros datos: por ejemplo, en las tres primeras campañas a la Presidencia de la República que tuvo AMLO nunca se reunió con Ministros de Culto protestantes, no al menos de manera oficial. Siempre se negó. En esta cuarta, hasta hay videos de niños cristianos que imponen sus manos haciendo una oración antes y después de actos masivos. Hoy, ya tiene un pastor de cabecera en el Palacio. Es decir, comprendió que la imagen y apariencia de ser un “hombre espiritual” y “lleno de valores” reditúa en las urnas.

Y así las cosas, un ejemplar de La Biblia en manos de un político, líder sindical, legislador, luchador social o candidato puede llevar a hombres y mujeres a pensar que quien la posee también la lee y pone en práctica sus enseñanzas. La decepción llega cuando las declaraciones y actitudes de los supuestos amantes del Libro Sagrado son contrarias a la bondad, mansedumbre, templanza, honestidad, amor y benignidad que son fruto de escudriñar citas, textos, pasajes e historias que contiene La Biblia.

PALABRA DE HONOR: Pareciera que las recomendaciones que hace el Presidente de la República para que no nos contagiemos de COVID-19, aparte de las estampitas: “… estar bien con nuestra conciencia, no mentir, no robar, no traicionar”, estuvieran dirigidas a la Secretaria de la Función Pública, Irma Eréndira Sandoval, quien ya está del todo recuperada después de haber dado positivo en la prueba de coronavirus.

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