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Jorge Díaz Elizondo

Oportunismo se llama, pero al que ha hierro mata no puede morir a sombrerazos 

 

Por increíble que parezca, la figura de López Obrador comienza a mostrar más fisuras que otras ocasiones. Blindado como estaba en su traje de defensor del pueblo bueno, era prácticamente imposible que el círculo de propaganda cercano a él, osara cuestionarle ya sea su honestidad, o bien su inteligencia y capacidad para estar al tanto de lo que pasaba en torno a su persona, ya fuera como candidato o como gobernante.

Los hechos de Ayotzinapa lo alcanzaron como a muchos otros, hay que reconocerlo, pero los costos para los presuntamente involucrados por acción directa u omisión, pueden ser muy diferentes. A pocos meses del nacimiento del que pretende ser la plataforma para su tercera candidatura a la presidencia de México, MORENA, el tabasqueño y su partido pueden estar recibiendo un daño electoral irreversible.

Fue evidente la semana pasada y el comienzo de esta, cómo los comunicadores, analistas y medios de comunicación que en otras ocasiones mostraron una simpatía (legítima) por la ideología de López Obrador, han comenzado a cuestionarle lo que parece una irresponsabilidad al no hacer nada por detener la candidatura del ahora prófugo ex alcalde de Iguala, Abarca, cuando recibió información concreta sobre los nexos de éste con el crimen organizado.

Lo que parecía una jugada oportunista para sacar provecho político de la tragedia, me refiero al mitin en el Zócalo el día domingo, más bien pareció un control de daños. Se le nota desesperado, si no nervioso, su tono al hablar lo delata ¿Por qué? ¿Habrá un video? En el país de ‘La Tuta’ es de esperarse.

Por lo que sea, y a su muy acostumbrado estilo, empieza a atacar a los medios que hoy le dan la espalda o que por lo menos, no pueden argumentar algo a su favor que lo saque de la crisis de imagen y credibilidad por la que atraviesa, puesto que también está en juego la credibilidad de los medios.

Oportunistas, los partidos que tienen cuentas pendientes con AMLO han salido a alimentar el fuego mediático contra él con una versión más que acertada para incrementar las sospechas. Que se le investigue piden, y más justa no podría ser esta exigencia, ya que la misma va acompañada por el reclamo de que no sea sólo a él, sino a todos los que han sido mencionados, pero justo sería también decir que los partidos que hoy alzan la voz, también tienen mucha cola que les pisen. Oportunismo se llama, pero el que ha hierro mata no puede morir a sombrerazos y por eso, el que acusa de todo con o sin pruebas para sembrar sospechas, es acusado hoy, con o sin ellas.

Quizá no estemos ante la inminente caída de un líder controvertido que ha movido masas como pocos; sin embargo, sí podemos estar presenciando su desactivación política; es decir, relegarlo a la pequeñez, desmantelar su influencia. Y es que por mucho cariño que le tengan, de comprobarse fehacientemente el pecado de omisión por parte de López Obrador, muchos de sus seguidores habrán de voltear a lados que les ofrezcan mayor efectividad y futuro en sus aspiraciones, que las que ofrecería un político desgastado y señalado como parte de un problema de la magnitud de los probables crímenes de lesa humanidad ocurridos Ayotzinapa.

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