Raymundo Riva Palacio

1 er. TIEMPO: El sacrificio de Gorbachov. En los tiempos de la Unión Soviética, cada celebración de la Revolución de Octubre era un evento que sería para que los kremlinólogos interpretaran lo que sucedía en el Partido Comunista. Veían quién iba ascendiendo en poder en función de cómo iba escalando posiciones en el largo presídium acercándose al centro. Eso vieron con Mijail Gorbachov, que cada año se acercaba más a donde estaba Yuri Andropov, su mentor. Andropov murió y lo sucedió Konstantín Chernenko, quien siguió protegiendo a Gorbachov. Al morir no había duda que Gorbachov sería el próximo líder de la superpotencia nuclear. No era una tarea fácil. Andropov había muerto preocupado por la creciente pérdida de la eficacia en el sistema productivo de la Unión Soviética, arrastrada desde los tiempos de Leonid Brejnev dos décadas atrás, y profundizada por los multimillonarios recursos que tenían que invertir en la loca carrera militar espacial lanzada por el presidente Ronald Reagan. Chernenko no tuvo tiempo de hacer nada, al haber estado sólo 13 meses en el poder, pero Gorbachov, al asumir la secretaría general del Partido Comunista, se embarcó en reformar la economía y, sin dejar de ser un modelo comunista, abrirla al sector privado y que diera utilidades. Ese experimento se conoció como la Perestroika. Tres años después, lanzó la glasnost, que fue una reforma política que pretendía soportar la liberalización de la economía. Gorbachov quería reinventar a la Unión Soviética, no sólo reformarla, y empezó a tronar. Iba muy rápido y muy profundo, con menos dinero por la carrera espacial, pese a que había logrado acuerdos nucleares con Reagan, bajo la asesoría de un grupo de académicos que poco contacto tenían con la realidad. Yegor Ligachov, que comenzó con Gorbachov el proceso y vio rápidamente cómo se descomponía, recordó pocos años después durante una plática en la Universidad de Harvard, que hubo algunos asesores que le hicieron mucho daño, citando a uno en específico, Alexander Yakovlev, quien era el secretario de Propaganda del Partido Comunista, quien se encargó de controlar la prensa y lanzar campañas de desprestigio contra instituciones. Los errores estratégicos y enemistarse con todos los sectores al mismo tiempo, fueron tóxicos para Gorbachov, quien buscó profundizar la transformación soviética, y creó las condiciones para un golpe de Estado involucionista en 1991. Gorbachov lo sobrevivió, pero quedó muy debilitado. Cuatro meses después, la Unión Soviética se le colapsó entre las manos –algo que nunca había deseado— y renunció. Las cosas sí cambiaron, aunque no como las quería, y destruyó una nación.

2 do. TIEMPO: La gran revolución cultural. En 1966, Mao Zedong sintió que había perdido el control sobre el Partido Comunista chino tras el rotundo fracaso de su programa “El Gran Salto Adelante”, que buscó transformar la economía agrícola de China a una economía industrial. Empezaba la Revolución Cultural. Mao llamó a la acción a los jóvenes y los llevó a luchar contra los “impuros”. Mao organizó a grupos de radicales, encabezados por su esposa Jiang Qing y tres de sus colaboradores —conocidos como La Banda de los Cuatro—, apoyados por el ministro de Defensa, Lin Biao, para emprender la revolución que se convirtió en una década de humillación pública, hostigamiento, represión, encarcelamiento, tortura, confiscación de bienes y en ejecuciones, que totalizaron un millón y medio de muertos. Mao decía que quería recuperar el espíritu revolucionario que dio nacimiento a la República Popular China. Frenó la reforma educativa y clausuró las escuelas. Persiguió a las clases políticas por buscar “los valores de la burguesía”, y animó el surgimiento de grupos paramilitares, las “Guardias Rojas”, para hostigar y atacar a la clase política, a periodistas e intelectuales. Apenas un año después de iniciada, la anarquía se instaló en varias ciudades. Con terror lograron el control, pero en muchas regiones reinaba el caos. La Revolución Cultural tuvo varias fases retrógradas y, como en su campaña anterior, produjo otra crisis económica. Para 1968, la producción industrial había caído 12 por ciento. La transformación estuvo tan mal implementada que provocó la muerte por inanición de cuando menos 15 millones de personas. Mao tuvo el respaldo del premier chino, Chou En Lai, hasta principios de los años 70, cuando decidió estabilizar China, restableciendo algunas de las instituciones y sistemas que había desaparecido Mao. En 1972, Chou En Lai descubrió que tenía cáncer y Mao tuvo un infarto, por lo que empezaron a preparar a Den Xiaoping. Manipulado por “La Banda de los Cuatro”, Mao lo purgó en abril de 1976, pero en septiembre murió, con lo que la Revolución Cultural llegó a su fin. Chou En Lai había muerto meses antes y dejado como premier a Hua Guofeng, a quien “La Banda de los Cuatro” quiso arrebatarle el poder tras la muerte de Mao. No pudieron. En octubre los detuvieron y posteriormente los ejecutaron. En 1978 Deng Xiaoping asumió el poder en China y viajó a Washington. Pequeñísimo, medía escaso metro y medio, condujo a China fuera del caos y comenzó a construir lo que hoy es el otro imperio.

3 er. TIEMPO: Aquellos campos de la muerte. En Phnom Penh, cuando se llamaba la República de Kampuchea Democrática en 1979, había una secundaria que fue utilizada como la Prisión de Seguridad 21, donde durante tres años estuvieron recluidos, torturados y asesinados –aún se pueden ver rastros de masa encefálica en las paredes— unas 20 mil personas. Hoy está convertido en el Museo del Genocidio Tuol Seng, cuya última sala es un mapa de la Camboya actual, formado por cráneos. Son el recuerdo de las matanzas indiscriminadas en las que murió más de un millón de personas, cuyos cuerpos se echaban a perder, con el hedor de putrefacción viajando con el viento, entre los cultivos. Fueron víctimas de Pol Pot, un campesino que tuvo formación religiosa, que primero reorganizó el Partido Comunista y luego formó la guerrilla de los Jemeres Rojos, recordando al viejo imperio de los jemeres. Con el apoyo de China y Vietnam, con quienes peleó para sacar a los franceses y a los estadounidenses de Indochina, derrocó la dictadura de Lon Nol en 1975. Su régimen duró tres años, que fueron suficientes para hacer un cambio radical en esa nación. Se propuso exterminar todo rastro de la burguesía, a las clases medias, a los maestros, a los intelectuales y a todos aquellos que disintieran de él. Modificó la vida urbana y precarizó el país, regresando a una economía agrícola, y desterró todo lo que recordara a los países de Occidente. Llevó a cientos de miles a campos de concentración donde hicieron trabajos forzados, en un régimen autócrata que, además de los muertos por las torturas y ejecuciones, otro millón murió de hambre, desnutrición y pésimo sistema de salud. Fue derrocado tras una intervención militar de Vietnam en 1979 y se fue a esconder a la selva, donde reorganizó la guerrilla. Pol Pot era un hombre tan sanguinario y brutal, que la propia guerrilla lo sustituyó en 1985 y casi dos décadas, la propia guerrilla lo juzgó. Murió en prisión domiciliaria de un infarto, pero su vida llena de muerte tuvo como pretexto la búsqueda de un cambio de régimen. 

rrivapalacio@ejecentral.com.mx

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