Hannia Novell

La confianza que millones de mexicanos depositaron en Andrés Manuel López Obrador para llevarlo a la Presidencia de la República empieza a decaer. La esperanza se está convirtiendo en desilusión y es creciente la desaprobación a las acciones de su gobierno.

Una revisión de las diferentes encuestas que han evaluado la confianza en el primer mandatario, desde el inicio de su mandato, revela un declive lento y consistente. Literalmente demuestra que la popularidad de AMLO no es a prueba de balas.

De acuerdo con las mediciones del Gabinete de Comunicación Estratégica, la evaluación del mandatario mexicano se encontraba en septiembre con 58.8% de aceptación, en octubre bajó a 51. Mientras que la desaprobación social llegó al 19%, el nivel más bajo después de la crisis de desabasto de medicinas.

Además, es muy desfavorable la opinión de los encuestados sobre la estrategia para combatir la inseguridad, específicamente sobre el fallido operativo de Culiacán.

Los hechos de violencia registrados en Culiacán, el 17 de octubre, tuvieron un impacto negativo en la reputación del gobierno de López Obrador. Las razones del desprestigio no sólo están vinculadas a la realización del operativo para capturar a Ovidio Guzmán, el hijo del narcotraficante Joaquín El Chapo Guzmán. 

El vacío informativo que prevaleció durante esas horas del jueves negro y las explicaciones contradictorias que ofrecieron Alfonso Durazo, secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, y el propio Andrés Manuel López Obrador sólo provocaron confusión en la opinión pública.

La reciente encuesta que publicó el periódico El Financiero indica que 51% de las personas consultadas consideraron errónea la decisión de liberar a El Ratón Guzmán y ceder a las presiones de un crimen organizado que dejó de rodillas, rendido y en completa sumisión al gobierno mexicano.

De hecho, 56% de los consultados opina que el crimen organizado fue el que salió ganador de los sucesos en la capital sinaloense; el 25 cree que la ganadora fue la sociedad y solamente 8% considera que el ganador de este episodio fue el gobierno.

Respecto al manejo de la seguridad pública, la percepción también va a la baja: la opinión positiva pasó de 45 a 32% de septiembre a octubre, mientras que la opinión negativa creció de 34 a 47 puntos porcentuales.

Lo cierto es que desde el 17 de octubre, AMLO no ha logrado posicionar sus temas en la agenda política. A diferencia de otros momentos críticos, las conferencias mañaneras han sido insuficientes para cambiar el rumbo de la conversación. 

Persisten las versiones sobre la participación de la DEA en el operativo, el hartazgo militar por las decisiones de los mandos civiles y las amenazas que el propio Presidente recibió del Cártel de Sinaloa. El gobierno no ha sido capaz de dar una versión creíble de los hechos registrados en Culiacán y ya han transcurrido dos semanas.

Incluso, las granjas de bots que los simpatizantes de López Obrador utilizan en las redes sociales no han vuelto a tener el control de la discusión. Las críticas abundan tanto como los comentarios negativos, memes y hashtags que ridiculizan la imagen presidencial.

Es la inseguridad el principal reto del gobierno de la 4T, no sólo por la amenaza que representa la delincuencia en el diario acontecer de millones de mexicanos, sino por la asombrosa incapacidad de las áreas encargadas de combatir el crimen.

Si AMLO insiste en negarse a cambiar la estrategia de seguridad no sólo incumplirá la palabra empeñada a los electores, a quienes prometió la pacificación del país, sino que profundizará los niveles de desaprobación y la caída será inevitable. Quiero creer que la mayoría no se equivoca, deseo que el crimen no gane, pero las narcoplazas ya son más que evidentes. Ya lo había hecho en gobiernos anteriores, pero lo vuelvo a preguntar, ¿quién ingresó primero: el narco al gobierno o le gobierno al narco? Es pregunta.  

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