Hannia Novell

Si hay un político que ha anhelado, obstinada y apasionadamente, ser protagonista de la historia de México es Andrés Manuel López Obrador. No fue una azarosa coincidencia que el nombre de la coalición que lo abrazó en la elección presidencial de 2018 fuera Juntos Haremos Historia, el grito de guerra para despertar el hartazgo de millones de mexicanos y desmantelar al viejo sistema de corrupción e impunidad.

La llamada 4T, que nació para poner fin a la corrupción, la inseguridad y el estancamiento económico, no ha logrado avanzar en sus promesas de cambio, ni en la reconstrucción de la vida pública: la violencia escala, la economía se derrumba y el miedo se extiende.

Un año después de la histórica jornada electoral en la que López Obrador se convirtió en el primer político de izquierda en ganar la Presidencia de la República, mantiene altos niveles de popularidad, pero sufre una caída leve y constante en los márgenes de aprobación social debido a decisiones erráticas, incompetentes y arbitrarias.

Mientras el tabasqueño despilfarra el bono democrático que le concedió 30 millones de votos, los mexicanos pierden cada día cosas más sensibles a causa de sus decisiones de gobierno: empleos, medicinas, refugios, guarderías, quimioterapias, educación de calidad y seguridad. 

La tasa de desempleo es de 3.5% y dos de cada 10 trabajadores mexicanos perciben ingresos inferiores al salario mínimo. En los últimos seis meses de administración fueron despedidos 11 mil 144 funcionarios del gobierno. Los obligaron a firmar su renuncia con el argumento de la austeridad republicana.

El desabasto de medicamentos, los recortes presupuestales y el despido de más de 10 mil médicos y enfermeras ponen en riesgo la salud y la vida de millones de mexicanos.

El crimen organizado y la delincuencia común están incontrolables. El secuestro se disparó 550%, la extorsión aumentó 127%, los homicidios 48% y más de ocho mil 493 personas han sido asesinadas tan sólo en los primeros tres meses de 2019.

Una serie de decisiones políticas sin sustento técnico ni viabilidad financiera han provocado un ambiente de incertidumbre en el rumbo de la economía. La cancelación de contratos para la construcción del Aeropuerto en Texcoco o las amenazas sobre el gasoducto Texas-Tuxpan han ocasionado reacciones negativas entre inversionistas nacionales y extranjeros.  

Hay una crisis migratoria sin precedente. 

Ante la amenaza latente de Estados Unidos de imponer medidas arancelarias si México no frena la migración de centroamericanos, el gobierno mexicano ha respondido con sumisión al militarizar su frontera sur, detener a casi 24 mil migrantes y destinar unos 30 millones de dólares para albergar a los migrantes, tan sólo en El Salvador.  La crisis migratoria puede convertirse en humanitaria.

En el mensaje que ofreció en el Zócalo para celebrar el primer aniversario de su triunfo no hubo espacio para la autocrítica. Aseguró haber cumplido 78 de 100 compromisos y advirtió-amenazó que la transformación nacional no tiene espacio para titubeos, puesto que México debe estar por encima de cualquier facción. También apuntó que no pretende instaurar una dictadura.

Pero estamos en épocas de celebración. ¡Albricias! AMLO pasará a los libros de historia como siempre ha soñado. 

La buena noticia es que no será como el gobernante más corrupto, ese lugar lo ganó a pulso Enrique Peña Nieto. La mala es que, de persistir las improvisaciones y las decisiones sin sentido, el lugar que López Obrador ocupará en la historia será el del Presidente que llevó a México al desastre. 

Compartir