Hannia Novell

Sonia “N” tenía seis años de edad cuando su abuelo, el padre de su padre, abusó sexualmente de ella. A los 30 años, algo activó su memoria y empezó a evocar las visitas nocturnas de su abuelo a su habitación, sus miradas lascivas. 

Sólo tiene un recuerdo nítido: una mano grande, áspera y agrietada sobre su boca para acallar sus gritos de auxilio y otra igual de rugosa tocando sus pechos y su entrepierna.

Recién cumplió cuatro años de terapia, decidió romper el pacto de silencio que su agresor le impuso. Ya no quiere voltear el rostro hacia otro sitio, sino enfrentar los recuerdos, denunciar a su victimario y reconstruir su vida.

Millones de niñas y niños en todo el mundo sufrieron violencia emocional física o sexual en 2019. Una pandemia que daña irreparablemente la salud física y mental de la infancia.

Según estudios de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), México ocupa el primer lugar en abuso sexual infantil con 5.4 millones de casos por año. 

Los datos estadísticos son reveladores: nueve de cada 10 víctimas son mujeres; 60% de los delitos son cometidos en el hogar de la víctima; cuatrp de cada 10 son menores de 15 años y una de cada cinco menores son abordados por internet.

El hogar no siempre es un lugar seguro para los menores. Seis de cada 10 agresiones ocurren en casa. Cuando las víctimas tienen menos de cinco años, los agresores son el padrastro, en 30 por ciento de los casos; abuelos en otra proporción igual; y tíos, primos, hermanos o cuidadores en el 40 por ciento restante. 

Cuando los menores tienen entre seis y 11 años, los abusadores son los maestros en 30 por ciento de las veces y sacerdotes en otro porcentaje similar. Durante la adolescencia, de los 12 a los 17 años, las víctimas sufren agresiones sexuales el 80% de las veces en la vía pública, la escuela o fiestas. Más de 75% de los victimarios son hombres y tienen una edad promedio de 30 años.

Tenemos que ser conscientes de que los delitos de abuso sexual aumentan consistentemente en nuestro país. El dolor, la vergüenza y la culpa provocan que la mayoría de las víctimas se tomen alrededor de 20 años para hablar de la violación que sufrieron, por lo que sólo el 2% de los casos son denunciados. Así es que las cifras negras son un factor adicional de alarma.

Pero no es el único, el otro es la impunidad. De mil casos de abuso, solamente se denuncian ante la justicia unos 100, de los cuales únicamente 10 van a juicio y sólo uno llega a condena. 

La organización civil Alumbra ha detectado que en los Códigos Penales de las 32 entidades federativas hay 42 definiciones de delitos referentes al abuso sexual infantil y el Código Penal Federal registra 14. Además, dependiendo de la entidad, los delitos prescriben a los 5 o 10 años. 

Todas estas condiciones alientan a los criminales, porque saben que difícilmente serán castigados. Así es que los sobrevivientes quedan confundidos, lastimados y sin justicia.

Mientras los gobiernos definen sus prioridades, la sociedad civil debe asumir el liderazgo en la búsqueda de soluciones. Al interior de las familias: reforzar la educación sexual, proporcionarles herramientas para identificar los riesgos y las conductas de violencia sexual en su contra, y abrir vías de comunicación seguras y accesibles para atender inquietudes y detectar probables casos de abuso. 

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