Eduardo Penafiel

Hace unos siete años cuando los Millennials eran el tema favorito de los medios de comunicación y el grupo objetivo de las empresas dedicadas a los estudios de mercado, todo era incertidumbre. Lo difícil que era captar su atención, el cambio en sus hábitos de consumo, el comportamiento tan diferente a las otras generaciones y la poca seriedad frente a temas como el trabajo o su futuro económico los pintaban como si fueran de otro planeta.

Esto logro que poco a poco las marcas comenzaran a cambiar la forma de interactuar y de comunicarse con ellos, entendiendo que factores como la tecnología, el rápido acceso a la información y la necesidad de buscar nuevas experiencias, los llevan a pensar de manera muy diferente de las generaciones anteriores.

Y si los Millennials (Gen Y) son los mentores, los “Nativos Digitales” (Gen Z) son sus pupilos, encargados de cambiar el mundo tal como lo conocemos, aunque muchas veces de forma inconsciente. ¿En qué aspecto? Por poner un ejemplo, en las cosas que antes eran socialmente aceptadas como fumar y tomar y que ahora, son mucho menos atractivas para ellos.

Desde el 2005 encuestas a nivel mundial revelan que año con año crece el porcentaje de jóvenes que se declaran sobrios o que nunca han probado una gota de alcohol, particularmente en el rango de los 16 a los 24 años. Entre las razones principales para no hacerlo, están el no entender cuál el punto de consumir alcohol si es dañino para la salud y por lo tanto, para qué gastar dinero en algo que te hace daño.

Lo mismo pasa con el tema de fumar en donde hace unos 45 años casi el 50 por ciento de la población mundial era fumadora, mientras que hoy en día ese porcentaje está alrededor del 16 por ciento. Para estas nuevas generaciones, fumar es visto como un vicio patético que además de dañar la salud, es poco higiénico y hasta de mala educación , gracias en parte a las prohibiciones en años recientes que no permiten fumar en lugares como hospitales, oficinas, restaurantes y aviones (si, en algún momento se podía fumar dentro de un avión).

Pero tal vez el descubrimiento más reciente y sorpresivo es que estas nuevas generaciones también están teniendo mucho menos relaciones sexuales que sus antecesores. En una época en donde aparentemente las personas estarían teniendo más relaciones sexuales gracias a aplicaciones como Tinder y la facilidad de conocer a una persona a través de una red social como Facebook o Instagram, la realidad es otra.

La reciente explosión de casos de abuso sexual contagia a las generaciones más jóvenes a abstenerse o simplemente esperarse a tener una edad más madura para evitar ese tipo de situaciones o problemas. Y aunque muchos también culpan a la cantidad de distracciones que existen hoy como el internet, el acceso fácil a la pornografía, el tiempo dedicado a los servicios de streaming y a las redes sociales, es un hecho que alrededor del mundo el número de parejas sexuales ha disminuido drásticamente y la edad para comenzar a tener relaciones sexuales ha aumentado considerablemente.

Con generaciones mejor informadas y más conscientes en aspectos relacionados con su salud y el impacto social, las industrias han tenido que adaptarse a sus nuevos hábitos, tratando de asociar sus productos y servicios a experiencias positivas, en una constante batalla por mantenerse relevantes.

Dudo mucho que desaparezcan las empresas de alcohol y tabaco pronto, pero por lo menos ya estamos viendo los primeros cambios relevantes como el IQOS de Philip Morris o a compañías como Diageo bajando la graduación de sus bebidas y la cantidad de calorías que contienen, en un esfuerzo por atraer  y adaptarse a estas nuevas generaciones.

Lo que es una realidad es que estos cambios tan drásticos en los hábitos de consumo no son una simple moda, son una tendencia que está transformando a todas las industrias y en principio, todo indica que es para bien.

Eduardo Peñafiel

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