Foto Especial

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Marco Antonio Aguilar

“No es para presumir…”, dice e inmediatamente esboza una sonrisa, ”… pero nos escuchan y nos ven en todo el país”, alza su cabeza como señalando a las cámaras que hasta el fondo lo graban y transmiten. 

A 258 días de gobierno, el presidente Andrés Manuel López Obrador presume que ha realizado sus 178 conferencias matutinas como ningún otro mandatario lo había hecho antes y que, hasta en los pueblos más apartados, se levantan temprano para no perdérselas. 

El diálogo, pensado en un principio para periodistas e informar a la población, se ha abierto a  comunicadores de medios no convencionales. Pero también a infiltrados de Morena o del movimiento de personalidades como René Bejarano, ¿qué piensa de eso?, cuestiona un reportero. 

Mueve los ojos de lado a lado, como buscando a quienes se refiere el periodista. Tuerce la boca y contesta seguro. “Pues sí, puede ser que haya quienes no son profesionales del periodismo o que no trabajen en este noble oficio”, baja la mirada. 

Aunque se había dicho que a partir de abril el diálogo sería restringido sólo para quienes contaran con su acreditación, no fue así. López Obrador ordenó total apertura al encuentro, y por ahí se les ha visto por igual a empresarios, bloggeros, youtubers, líderes sociales y alguna que otra ciudadana que busca hacer alguna petición. 

“Pero no es la regla, ustedes lo saben, es la excepción. La verdad, todos pueden participar libremente, no hay simulación. ¿Se acuerdan cómo era antes, que hasta les pasaban las preguntas?”, recuerda y vuelve a sonreír. 

Desde el templete, que hoy viste la alfombra gris que cuida el piso del Salón Tesorería, el tabasqueño ha lanzado mensajes a sus adversarios, ha ajustado cuentas con ciertos individuos y sectores y sentenciados a algunos opositores. 

“Pero a ver, lo más importante de todo. ¿Cuándo se había visto una conferencia así, abierta? ¡Jamás! No les dejaban acercarse al Presidente, eran conferencias y boletines”, reta ya con la emoción que toca los temas que le interesan.

Y remata con su frase ya conocida, mientras da un paso a la izquierda: “no me vengan aquí con que somos iguales, ¡eso sí calienta!”. Seguido, pasa a un momento de la historia. 

Antes, recuerda el tabasqueño, sólo tenían acceso los medios convencionales, hoy las redes sociales acercan a todos. Daban la exclusiva a los medios “machuchones” y ahora para todos es igual, resalta. 

“Hay quienes también no quisieran que existieran las mañaneras, dicen: ‘Ya estoy harto del sermón de las mañaneras’. Ni modo, nos van a tener que aguantar, ofrecemos disculpas por las molestias que ocasionamos, pero allá ellos si se la pierden”, dice para terminar, sin borrar la sonrisa en su rostro. RB

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