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Jorge Díaz Elizondo

No habrá pacto alguno entre quienes han incubado, dado a luz, criado y engordado la podredumbre que hiede en México, que resuelva los problemas

Común la expresión mexicana “se me juntó todo”, para referirnos casi siempre a un conjunto de calamidades que coinciden al mismo tiempo y nos provocan dolor de cabeza. Pues ahora podemos decir al unísono: “se nos juntó todo”.

México esta malamente acostumbrado a padecer toda clase de problemas, pero casi siempre llegan dosificadamente y no todas de un jalón. Inclusive al inicio del sexenio se venían presentando cosas graves y otras no tanto (pero magnificadas por el amarillismo de unos y el interés político de otros) y daba la impresión que era lo mismo de siempre. Pero esta vez, conectadas o no, las peores cosas que se han venido cocinando a la sombra del poder, la negligencia, el beneplácito de muchos y el conformismo de otros tantos, explotaron.

Hoy no nos explotaron en la mano, nos explotaron en la cara. Y es que a diferencia de otros tiempos, un escándalo no ha tapado al otro, todos reclaman tiempo y atención, todos sangran profusamente, todos requieren solución urgente y efectiva.

Por alguna extraña razón, el asunto del probable abuso de militares en Tlatlaya no explotó en su momento y caprichosamente aguardó hasta empatarse con el horror de Ayotzinapa. Sólo estos dos asuntos, representan la decadencia de un estilo de gobierno y una forma de vida. Pero hay más.

Al momento de escribir esta columna, los normalistas no aparecen y aunque la aprehensión de José Luis Abarca y su esposa prometan dar con el misterio de su paradero, dicha detención no mejorará en nada la corrupción de los tres niveles de gobierno, la complicidad de criminales con autoridades, políticos y empresarios, la impunidad alegre y cínica que reina en el país y todos los actos de abuso que se padecen día a día en las calles.

No, porque no habrá pacto alguno entre quienes han incubado, dado a luz, criado y engordado la podredumbre que hiede en México, que resuelva los problemas. La solución debe venir de otro lado, una que acabe o por lo menos le amarre las manos a los corruptos y los meta a la cárcel. Ya sé que me va a decir que no habrá cupo en las cárceles para tantos vivales, pues ni modo, construimos las necesarias.

Aunque algunos lo nieguen, la crisis de salud de Mancera también es un problema de dimensiones nacionales. En otro texto abordaré ampliamente el tema (ya adelanté algo en mi texto del martes pasado).

Agréguele la crisis económica y cambiaria, el desempleo (sin echar cifras alegres, porque una cosa es una chamba y otra cosa es un empleo digno). Qué me dice de lo espantados que están los mercados, esa falta de confianza en México por la ausencia del estado de derecho, nos va a hacer mucho daño en el corto, mediano y largo plazo. Váyale sumando y verá que son muchas cosas y al mismo tiempo. En fin que “se nos juntó todo” y no sabemos por dónde empezar; al menos yo, no.

Vuelta a la tortilla

Obama recibió si merecido por mentiroso. Uno de sus grandes pendientes será por siempre la reforma migratoria, justa, digna y reivindicatoria que prometió hace años y con la que ganó muchos de los votos con los que llegó a la presidencia, mismos que llegaron de la primera minoría en aquel país, la latina. Pero es que todos los políticos son iguales le digo, aquí y en China.

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