Foto: Cuartoscuro

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Juan Carlos Rodríguez

El proyecto del presidente Andrés Manuel López Obrador tiene dos vertientes, una política y otra moral, afirmó el investigador Roberto Blancarte, quien advirtió que el tabasqueño parte de una hipótesis errónea: la religión ayudará a pacificar el país.

“El presidente López Obrador tiene proyecto personal muy confuso, ya que pretende introducir la religión al espacio público, porque él cree que introduciendo la religión va a reconstruir el tejido social y va conseguir la paz que requiere el país”, dijo el catedrático de El Colegio de México.

“Pero todos los que nos dedicamos a estudiar estos temas sabemos que la religión no resuelve esos problemas. Si así fuera, México y América Latina serían pacíficos, porque 98% de la población es creyente. Pero no es así. Aquí la gente puede ser muy religiosa y violenta al mismo tiempo; puede ser muy religiosa pero favorecer la desigualdad”, agregó el experto en religiones.

Fenómenos como la violencia, la inseguridad y la desigualdad, que no padecen otros continentes, deberían estar erradicados desde hace mucho tiempo en México si la religión fuera la solución, abundó Blancarte, quien fue contactado por ejecentral para conversar sobre la aparición de su más reciente libro ”AMLO y la religión. El Estado laico bajo amenaza”, que escribió junto con Bernardo Barranco.

Al compartir parte de sus conclusiones, Blancarte dijo que el proyecto de país “está basado en una gran confusión ideológica del presidente López Obrador, y el resultado es que tenemos a un iluminado conduciendo los destinos del país en una trayectoria contraria a la iniciada por Juárez y los de su generación, la política del país se está confesionalizando, el Estado laico está bajo amenaza y la República laica ha sido traicionada”.

De 208 páginas, el texto de Blancarte y Barranco contiene un capítulo intitulado “López Obrador no es evangélico, aunque lo parezca”. Al respecto, el investigador de El Colegio de México dijo que el Presidente es católico, pero es de ese tipo de católicos —como cada vez hay más— que tienen una distancia respecto a la institución y mezclan la religión con concepciones muy personales de la vida cristiana.

“López Obrador es como esas señoras que un día se suben a la Pirámide del Sol para recibir energía, y luego bajan y van a rezarle a la Virgen de Guadalupe, o como aquellas que por la mañana hacen meditación budista y en la tarde van a la iglesia. Ese es el tipo de religiosidad del Presidente: es un católico con una visión propia de la religión, pero mezclando concepciones religiosas, filosóficas y cívicas”.

Blancarte aclaró que el problema no es tanto el credo de López Obrador o su manera particular de llevar su vida religiosa, sino que lo que él cree lo quiere introducir a la vida pública desde el máximo cargo público del país.

“Eso es muy grave porque da facultades a las iglesias a partir de los recursos públicos, que son impuestos que todos pagamos y que significan una tergiversación del papel del Estado y de la iglesias”.

Desde su punto de vista, las iglesias sí puedes colaborar en la reconstrucción del tejido social y en la pacificación, pero es sus respectivos ámbitos. “En lugar de moralizar la vida política, el Presidente debería estar conminando a las iglesias a favorecer la educación cívica de sus propios feligreses, pero el Presidente lo ha volteado todo”.

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