Alejandro Alemán

Debe ser terrible ser un autor y ver cómo una de tus obras es arrebatada por otro artista mucho más capaz, obsesivo y revolucionario, que se apropia de tu obra de tal manera que deja de ser tuya para volverse parte de la memoria colectiva. 

Debió ser difícil pues, para Stephen King, ver cómo Stanley Kubrick no sólo se adueñó artísticamente de The Shining, sino que con ella creó todo un imaginario visual que aún hoy persiste y que sigue siendo sinónimo de horror absoluto: la ola de sangre en el elevador, el laberinto, las gemelas, el hacha y un Jack Nicholson desquiciado gritando “Here’s Johnny!”.

Porque Stephen King escribió esas escenas, pero cuando las recordamos, en nuestra mente no están las páginas del escritor, sino las imágenes creadas por Stanley Kubrick.

El director de Doctor Sleep (Estados Unidos, 2019), Mike Flanagan, sabe que The Shining le pertenece a Kubrick, y por ello no se aleja de sus claves visuales, al contrario, las imita, las calca, las recrea con el solo objetivo de hacer homenaje a aquella cinta y, secundariamente, contar una historia que no es sino un pretexto para regresar al Overlook Hotel. 

Escrita por el mismo Flanagan, basado en el libro homónimo de King, Doctor Sueño nos muestra a un Danny Torrance (el niño que en la cinta original tenía poderes paranormales) ya vuelto un adulto y que todo este tiempo ha tratado de callar las voces en su cabeza bebiendo alcohol.

Danny (Ewan McGregor) al fin logra mantenerse sobrio y aprende a controlar mejor sus poderes. Mediante ellos se comunica con Abra (Kyliegh Curran) quien tiene las mismas habilidades que Danny. Abra va tras la búsqueda de unos niños secuestrados por una misteriosa secta vampírica que se alimenta con el “shining” de otros.

De menos a más, Flanagan tarda demasiado en ordenar las piezas de su cinta y echarla a andar. Es hasta la segunda mitad del filme (con una duración excesiva de 151 minutos) en que todo adquiere sentido. Pero la historia no es más que un truco, un McGuffin, para que los personajes se reúnan donde todo inició, en el Overlook.

Es ahí donde el director recrea de nueva cuenta los escenarios que todos recordamos. Lo hace con exactitud, usando actores que se parecen mucho a los de The Shining (1980), manteniendo incluso las claves visuales (la simetría) y auditivas de aquel filme. 

Más que una secuela, Doctor Sleep es un homenaje. Una cinta que no importa por sí misma, sino por lo que evoca: el cine de un absoluto prodigio de la imagen, la manipulación, el encuadre y la perfección: el cine de Stanley Kubrick. 

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