Alejandro Alemán

Uno de los principales baches argumentales de Breaking Bad —la exitosa serie creada por Vince Gilligan y cuyo capítulo final se transmitió en 2013— es la forzada conversión moral del personaje de Jesse Pinkman (Aaron Paul), el joven cómplice de Walter White (Bryan Cranston) quien, a diferencia de éste, no puede cargar con la culpa de todo lo que ya para la quinta temporada ha sucedido: de ser un par de torpes que intentaban volverse narcos, ahora, incluso eran un par de asesinos.

La culpa transforma a Pinkman en un patético personaje que no sabe cómo deshacerse del dinero mal habido. El chico resulta mucho menos interesante que Walter White, quien fue consecuente con las acciones que lo transformaron de protagonista en antagonista. 

Los guionistas pretendían hacer lo opuesto con Pinkman: de ser un patético adolescente flojo bueno para nada, lo convierten en un doliente y moralino adolescente bueno para nada, pero forrado en dinero, culpas y, lo más importante: arrepentimiento.

Empero, el final de la serie fue afortunado, los personajes tuvieron el final que debían tener, excepto Pinkman, quien de un plumazo escapa de su cautiverio para huir sin rumbo fijo. Buena suerte, hasta nunca.

Pero en esto del entretenimiento nunca hay que decir nunca. De manera sorpresiva, prácticamente sin campaña publicitaria, Netflix estrenó el fin de semana pasado El Camino: una película de Breaking Bad, donde justamente se narra la historia de lo que pasó con Pinkman cuando huye en un Chevrolet El Camino en aquel mítico episodio final. El problema es de origen: ¿a alguien le interesa saberlo? 

Quienes nunca vieron Breaking Bad la pasarán sumamente aburridos. El juego en esta película es hacer las conexiones, recordar episodios y personajes, volver, pues, en un tramposo juego de nostalgia, a una de las series más exitosas en la historia del medio y del formato. 

La cinta, dirigida por el mismo Vince Gilligan logra crear momentos de buen suspenso que, como en la serie, aluden a los viejos westerns. El ritmo, el estilo y las actuaciones siguen siendo las propias de Breaking Bad, pero nada en esta película agrega valor (aunque tampoco le resta) a lo ya hecho en la serie.

Más allá del cameo de Bryan Cranston, esta película es absolutamente inconsecuente. Bien filmada, mejor fotografiada, pero completamente inútil. Si se trata de revisitar el universo de Breaking Bad, mejor ya entreguen la nueva temporada de Better Call Saul, serie que no sólo rebasa en calidad a El Camino, sino que incluso en muchos momentos supera a la mismísima Breaking Bad.  

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