Alejandro Alemán

Joker, el noveno largometraje del experto en cintas cómicas (dos clásicos irrefutables: Old School y The Hangover) es, antes que un estudio de personaje, la crónica sobre la caída monumental de una ciudad que estalla en llamas. Esa ciudad, por supuesto, es Ciudad Gótica.

Cual opera brechtiana (Ascenso y caída de la ciudad de Mahagonny), en Joker seremos testigos de cómo Gótica se convierte en un basurero lleno de ratas, con violencia en las calles, crimen, corrupción y una clase política carente del mínimo de empatía.

“¿Soy yo o se pone cada vez más loco allá afuera?” se pregunta Arthur Fleck (Joaquin Phoenix, con la nominación al Oscar asegurada) un patético comediante frustrado, payasito callejero (aunque asalariado), que vive con su madre enferma, acude a terapia a una clínica pública y que padece de una rara condición donde, ante escenarios de mucho stress, el hombre empieza a reír sin control.

La ciudad, los políticos y hasta sus ídolos de la TV (extraordinario Robert De Niro) terminarán traicionando a Arthur: la ciudad cortará el presupuesto para medicamentos y atención médica, su talk show host favorito se burlará de él, y un político en lugar de ayudarlo lo golpea en la cara. Poco a poco Arthur perderá la calma, la risa tomará el mando y desatará —sin buscarlo— el caos. Gótica está en llamas.

“Toda sociedad crea en su seno la fuente de su propia destrucción”. La frase (palabras más, palabras menos) es de Marx, pero podría ser la sinopsis de Joker. Al nivel de la gran ópera que se despliega, Phoenix entrega una actuación apasionada y siempre al límite. Desquiciado y genial. Frágil y demente. Él es el alma y motor de la película, sin él no habría nada.

Esencia omnipresente en Joker es Martin Scorsese. Obvias referencias a Taxi Driver y King of Comedy, Todd Phillips jamás ha negado su gusto por el cine del neoyorquino, pero esto va más allá del simple homenaje. Scorsese está en la sangre de esta cinta. Travis Bickle y Arthur Fleck saldrían en la noche a odiar la ciudad.

¿La cinta promueve la violencia?, ¿es empática con el más grande psicópata en la historia del cómic? Nunca. Por más que se admire el trabajo de Phoenix, por más que uno entienda el sufrimiento de Fleck, no se puede llegar al final de la cinta justificando sus acciones. Pero, en los tiempos de la generación pusilánime, nunca es lo que está en pantalla sino lo que se quiere ver.

Con trazas de Scorsese, de Ramsay y hasta de Fincher, Joker es la mejor película basada en cómics desde el Dark Knight de Chris Nolan. Si DC sigue por esa ruta, no derrotará a Marvel, pero hará algo mucho mejor: subir el nivel del cine basado en cómics. 

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