Alejandro Alemán

En una entrevista reciente (Vulture, 7 de octubre, 2019) el director coreano Bong Joon-Ho decía que los Oscar no eran un “premio internacional”, sino que, a diferencia de los festivales de cine, eran algo “sumamente local”.

Hoy, febrero de 2020, Bong hizo historia al ganar cuatro premios Oscar, incluyendo el de mejor película y mejor película internacional. Es la primera vez en la historia que una película que no es estadounidense gana el gran premio de la noche. Los subtítulos triunfaron.

¿Cómo fue posible esta hazaña? Son muchas las razones: en algunas interviene la suerte, la política, y probablemente en pocas intervenga el arte. Aquí algunas de ellas.

La ausencia de Harvey Weinstein. En esa misma entrevista con Vulture, Bong Joon-Ho narra todo lo que tuvo que luchar para que Weinstein respetara su corte de director en Snowpiercer (2013). Si Weinstein hubiera sido aún un factor de poder en Hollywood, es muy probable que Parasite no hubiera entrado con fuerza al mercado gringo.

Una muy exitosa campaña publicitaria (usando las reglas del manual Weinstein).  El manual de Weinstein indica: empieza por los festivales, sigue con los premios chicos, llega al Oscar. Parasite hizo la hazaña no sólo de ganar cuatro Oscar, sino de ganar por voto unánime en Cannes. De ahí, todo fue cuestión de suerte: no hubo entrega de premios en la que no ganara. Ninguna otra película tenía ese porcentaje de bateo tan impresionante. Todo esto se acompañó con notas, entrevistas, apariciones en televisión. El carisma de los involucrados (Bong y su reparto) se fue ganando los corazones del público. Además, se lanzó la narrativa de atreverse a ver algo con subtítulos. Un reto intelectual que también funcionó.

Es una sátira social disfrazada de cine de género. Ergo, es una película fácil de ver que tiene la virtud de ser divertida. El cine de género la hace asible, pero el guion de Bong la vuelve brillante y profunda.

Roma abrió el camino. Cuarón y su Roma (2018) estuvieron a punto de realizar la misma hazaña que Parasite. A Roma le faltó ganar mejor película. Un robo, toda vez que el ganador del año pasado fue la muy sosa (y mucho menor) Greenbook. Como sea, el camino estaba pavimentado.

El odio a Netflix. Es un hecho: la Academia no quiere validar a Netflix dándole un Oscar. Y vaya que Netflix ha gastado y luchado para ganar ese premio. En sus filas han desfilado los hermanos Coen, Steven Soderbergh, Cuarón, el propio Bong Joon-Ho, y Scorsese. Roma y The Irishman son obras mayores. Pero el odio puede más. Antes ganan los coreanos que permitir que Netflix se lleve mejor película. El gran damnificado en esta guerra es Scorsese y su Irishman: una de las mejores películas de su carrera y la Academia optó por ignorarla. Así son los Oscar. 

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