Alejandro Alemán

En los primeros minutos de Los Dos Papas (Meirelles, 2019), el entonces cardenal Francisco (brillante Jonathan Pryce) busca retirarse de su cargo y le argumenta a su jefe, el papa Benedicto XVI (enorme regreso de Anthony Hopkins), que está cansado de parecer “vendedor” de un producto del cual ya no está del todo de acuerdo, refiriéndose, claro, a la crisis de la Iglesia católica, cuyas posiciones conservadoras respecto a problemas clave de la humanidad le han costado miles de fieles. 

La ironía es que éste, el octavo largometraje de ficción del brasileño Fernando Meirelles, parece justo eso: un panfleto que intenta vendernos a una Iglesia católica que ha cambiado, que ejerce la autocrítica, que reconoce los errores y que, por ello, deja a cargo a un hombre cercano a la gente.

Luego de la elección de Joseph Ratzinger como el nuevo papa Benedicto XVI, el cardenal Francisco lo busca para presentarle sus intenciones de retirarse. Ratzinger lo recibe en su casa de descanso, pero elude el tema, en cambio, los dos hombres sostienen una larga plática sobre el estado de la Iglesia y la fe. 

La charla, por supuesto, no es más que un choque amable, pero inevitable, entre dos visiones del mundo. El popular padre argentino, fanático del futbol y de la música de ABBA, humilde y platicador con la gente, liberal de cepa, contrasta con el gesto adusto, la imagen solitaria y el conservadurismo de un Ratzinger que no entiende lo que es un chiste, que gusta de comer a solas y que no sabe quiénes son los Beatles. 

La película insiste, machaconamente, en presentar a un padre Francisco como el ser más bonachón y chistoso posible. En contraparte, a Ratzinger no le otorga mucha gracia ni empatía, pero el guion (escrito por Anthony McCarten) se las ingenia para que incluso Benedicto XVI nos termine por caer en gracia y que le tengamos casi lástima por su falta de brújula.

El problema es que resulta complicado no ceder ante la calidad del encuentro: tenemos a un Hopkins en su mejor película desde hace muchos años y un Pryce que, como siempre, demuestra su calidad de gran actor. Meirelles sólo tiene que gritar acción y dejar a sus estrellas adueñarse de la pantalla con facilidad, gracia y buen humor, en esta especie de biopic condescendiente, pero compulsivamente visible justo por sus extraordinarias actuaciones.

La película no falla en dejar un buen sabor de boca, pero al salir del cine (al apagar el Netflix) la realidad pega de golpe. Uno quisiera que las cosas fueran tan simples como las plantean estos dos Papas, que el arrepentimiento de la Iglesia fuera real y suficiente. Uno quisiera creer.

Nota: la cinta puede verse en Netflix y cines selectos. 

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