Alejandro Alemán

Pocas veces un autor tiene la oportunidad de irse con tanta elegancia, gracia y porte. Agnès Varda, la “abuelita” de la nouvelle vague, murió el pasado 29 de marzo, pero para su último truco, la mujer de 90 años —sin miedo a la muerte— decidió dar una serie de conferencias con la simple misión de exponer, de viva voz, cómo es que se convirtió en cineasta, así como su visión sobre el cine. Esas conferencias, editadas a la usanza del cine de Varda, se convierten en la película que hoy llega a cartelera: Varda por Agnès.

La directora nos lleva de la mano por la historia de su cine, que no es sino la historia de su vida. Desde su primera cinta hasta la más reciente, Agnès va comentando una a una sus películas, como si se tratara de una enorme master class aunque, claro, en el camino divaga y expande el viaje cinéfilo hacia una exploración sobre el arte y el artista.

Porque si algo queda claro de esta especie de documental es que Varda era una artista completa que no ceñía su actividad sólo al cine. Diferentes exposiciones y experimentos visuales se presentan como parte de su obra, misma que no importando lo extravagante (hay una dedicada a la tumba de uno de sus gatos fallecidos), al final eran apoyadas por instituciones tan importantes como el MoMA o la fundación Cartier.

Pero la parte más gozosa de la película es cuando explica la labor del director y las diferentes formas de asir la realidad. Gozosa como es ella sola, se monta en un carrito sobre un riel y una cámara de papel para explicar que es un tracking shot, o igual se toma su tiempo para explicar la importancia de filmar la realidad y mostrarla, así como el gozo que tiene cuando rompe las reglas preestablecidas sobre cómo se supone debe ser el cine.

No es la primera vez que la cineasta hace un ejercicio similar. Consciente de que todo tiene un fin, al cumplir los 80 años filma Las playas de Agnès (2018), con el mismo propósito de entregar un testamento fílmico que apunta no tanto a la nostalgia sino a la nueva generación de cineastas (sobre todo a las mujeres) en la convicción de buscar siempre nuevas formas de hacer cine.

Varda, a comparación de los cineastas actuales, no veía en la tecnología una amenaza, sino una oportunidad para hacer cosas nuevas: juega con las primeras videocámaras portátiles, experimenta, crea antes de horrorizarse por lo nuevo.

Si no conoce la obra de Varda, este es el mejor lugar para empezar con ello. Varda por Agnès es un filme generoso, entrañable y divertido, justo como lo fue en vida la misma Agnès. 

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