Lourdes Mendoza

El aún presidente de la mesa directiva del Senado de la República, Martí Batres Guadarrama, ha perdido, esperemos que momentáneamente, la cordura al haber visto frustrado su capricho de seguir en ese cargo a pesar de que sabe que su ciclo terminó.

La furia le ha nublado la razón y despotrica ante quien lo quiera escuchar, en contra del coordinador de los senadores de Morena en la cámara alta, Ricardo Monreal, y lo acusa exactamente de lo que él, Martí Batres, está haciendo hacia el interior de su partido y de su bancada: dividir y sembrar la discordia. 

Y como si estuviera frente a un espejo, Batres ha lanzado epítetos y diatribas contra el líder, su líder, de bancada que lo muestran entero: acomplejado, faccioso, incapaz, corrupto y perseguidor. Más aún, la ira le nubla la visión, al afirmar que sus compañeros senadores se venden al mejor postor por cañonazos. ¡Quiúboles! Con el berrinche parece infiltrado de la manifestación del viernes. 

Se le olvida que, apenas la víspera a la elección de la senadora Mónica Fernández Balboa como candidata a próxima presidenta de la Mesa Directiva, el propio Batres, con el madrinazgo de Yeidckol Polevnsky y otros de sus aliados ¡del gabinete! presionaron a senadores para que votaran por su reelección. Así, como lo están leyendo.

Hagamos un recuento rápido: los legisladores de la bancada morena se aprestaron a votar por la elección de una nueva Mesa Directiva, con sentido paritario, para el segundo año de trabajos legislativos, o bien, reelegían la actual. Votaron por la primera opción, lo que generó el inmediato enojo de Batres. Inició con una retahíla de mensajes en sus redes, en un ataque directo a Monreal, pero que en la realidad lo desprestigian a él mismo y a Morena. Seguro que el presidente Andrés Manuel López Obrador, si lo leyó o escuchó, no debe estar muy contento…

Bueno, pues mientras Martí reunía los adjetivos más ofensivos para victimizar su derrota y autoflagelarse al no sentirse aceptado por lo que denominó “la burbuja del senador Monreal”, en otro espacio geográfico del Senado, el grupo parlamentario de Morena discutía y debatía la elección, a puerta cerrada. 

Llama la atención uno de los mensajes de Martí: “Durante meses el senador Ricardo Monreal me persiguió y me combatió para sacarme de la Mesa Directiva…”, pues no están para saberlo, pero al parecer se le olvidó que de los cargos recientes que ha ocupado ¡¡lo han echado!! Y aquí recuerdo algunos: En 2003 lo quitaron de la coordinación del PRD por provocar divisionismos al interior de su fracción parlamentaria; en 2011 salió de pleito y en muy malos términos con el entonces jefe de Gobierno del DF y actual canciller, Marcelo Ebrard, de la Secretaría de Desarrollo Social. Ahora, en 2019, vuelve a las andadas, parece que el problema de Martí Batres es precisamente, Martí Batres.

Esta crisis llama la atención de propios y extraños, pues la desmesura de Batres, la furibunda reacción que tuvo porque no logró mantener ese efímero poder y que ha hecho patente públicamente, todo parece indicar que tendrá graves consecuencias en Morena y en el ámbito político.

La rabieta no tiene razón de ser, pues la llegada de la senadora morenista, y además tabasqueña, Mónica Fernández Balboa, es más que legítima, pues ese encargo, el de presidir la Mesa Directiva, es rotatorio cada año, no así el de coordinador de bancada, que es una decisión tomada desde lo más alto del poder, algo que Batres sabe perfectamente.

Por cierto, las  fotografías dieron cuenta simbólica de lo ocurrido: un Martí Batres, solo, en la sala de la Mesa Directiva y, por otro lado, las y los senadores de los grupos de Morena, PT y Encuentro Social, en apoyo unitario a Fernández Balboa, y a Monreal Ávila. 

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