Lourdes Mendoza

No lleva ni un mes de nacido y el Instituto de Salud para el Bienestar (Insabi) requiere, al menos, de primeros auxilios. Para unos representa un dolor de cabeza al haberse echado a andar sin reglamento ni financiamiento suficiente; para otros, de plano, está en terapia intensiva porque no hay reglas claras, gratuidad ni suficiencia de medicamentos; mientras que hay quien —ríase— le receta a la oposición un calmante al considerar que los problemas tienen solución.

Ojo, todos coinciden en el diagnóstico: apoyar los servicios de salud gratuitos y de calidad a las personas que no cuenten con seguridad social. La diferencia está en la receta, los cómos y los tiempos si se toma en cuenta que el sistema público de salud atiende por día a un millón de personas, hay 900 mil consultas, nacen cuatro mil 500 niños y se realizan 12 mil cirugías.

Llama la atención que este es el segundo tema que ha confrontado al gobierno federal con algunos gobernadores, el primero fue en materia de seguridad. Ahora, los mandatarios de Baja California Sur, Carlos Mendoza Davis; Guanajuato, Diego Sinhué; Tamaulipas, Francisco García Cabeza de Vaca; Querétaro, Pancho Domínguez; Aguascalientes, Martín Orozco, y Jalisco, Enrique Alfaro, no han aceptado al Insabi.

Luego de las historias de desabasto de medicamentos y cobros para la atención médica, la Asociación de Gobernadores de Acción Nacional afirmó que “no es prudente politizar el tema. La prioridad es una atención eficiente, oportuna y atenta. Apoyamos la gratuidad, pero con la certeza de que sea de calidad”.

Mendoza Davis fue uno de los primeros en afirmar que en tanto el Insabi no garantice un servicio oportuno y suficiente, los hospitales y centros de salud estatales tienen la instrucción para brindar la atención como antes.

Los góbers panistas no cerraron la puerta de golpe al Instituto que sustituyó al Seguro Popular, sino que la próxima semana presentarán una contrapropuesta cabildeada con los secretarios de Salud de sus entidades.

Quien se ve que de plano no lo aceptará es Alfaro, pues no le ve pies ni cabeza al nuevo modelo. Y bueno, ya que hablamos de Alfaro, impulsado por Movimiento Ciudadano, qué les cuento que otro de MC que ya se siente gobernador de Nuevo León le entró al tema. Me refiero a Samuel García, sí, el mismo que presume sus viajes por África y la vida en rosa con su prometida. 

El senador apoyó amparos promovidos por su partido para mantener los servicios del Seguro Popular. Pero la diputada Annia Gómez le tiró el teatrito al recordarle que estuvo ausente en la votación de la reforma que desapareció al Seguro Popular… ¡Tómala! ¡Ouch!

En tanto, que los gobernadores priistas Juan Manuel Carreras, de San Luis Potosí, y Omar Fayad, de Hidalgo, seguro no me lo van a creer, pero dijeron que van a adherirse al Insabi y que se debe esperar a que comience a funcionar. ¿Quién dijo soy un tapete? 

Sin duda, hoy por hoy, el momento del Insabi es caótico y pudiera convertirse en el punto de inflexión de la popularidad y el gobierno de AMLO. Aunque el director del nuevo Instituto, Juan Antonio Ferrer, dijo que en una semana se podrían ver los cambios porque se han atendido los problemas. 

¡Ahhh! Ferrer aprovechó para darle su rozón al exsecretario de Hacienda, Carlos Urzúa, al afirmar: “Yo tengo muestras de que lo que tenía él era una intención de que este proyecto no caminara”. ¡Quiúboles! Y añadió que Urzúa quería servicios que eran “una simulación”. Esto luego de que el exfuncionario opinó que el Insabi carece del debido sustento normativo, financiero y operativo, lo mismo que sucede con otras políticas públicas nacidas del mero voluntarismo”.  

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