Raúl García Araujo

El gobierno de la Ciudad de México demostró de nueva cuenta que ni es cercano a la gente y que carece de total sensibilidad política para atender los problemas que se presentan en la capital del país.

La manifestación del pasado lunes, encabezada por cientos de mujeres, fue la primera que tomó las calles para demostrar que las políticas en materia de seguridad pública no le están funcionando a Claudia Sheinbaum.

Si bien es cierto que se debe reprobar cualquier acto de violencia, lo importante es saber leer que este sector de la población en la ciudad se siente agraviado y desprotegido por sus autoridades, que prometieron brindarles seguridad.

La mecha que prendió el fuego fue la violación de una joven en la alcaldía Azcapotzalco por policías de la Secretaría de Seguridad Ciudadana, así como la filtración de su denuncia por parte de funcionarios de la Procuraduría capitalina.

Con el hashtag #NoMeCuidanMeViolan, un grupo de mujeres convocó a una marcha en las oficinas de la SSC, en la calle de Liverpool de la Zona Rosa, para protestar contra los agentes que se han visto involucrados en denuncias penales por violación y abuso sexual.

Sin medir la irritación del movimiento, el titular de la Policía, Jesús Orta, intentó entablar un diálogo con las inconformes, quienes le rociaron diamantina, para después ir a las instalaciones Procuraduría capitalina donde reventaron los cristales de las puertas de acceso al búnker.

Lejos de atender el asunto con una declaración conciliadora o un poco de tacto político –a pesar de ser mujer-, la jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, consideró la movilización como una “provocación”. Y no solo eso: amenazó a las organizadoras de abrirles carpetas de investigación por los cristales rotos.

Las afirmaciones de Sheinbaum lograron que en minutos la tundieran en redes sociales hasta convertirse en tendencia en Twitter. La indignación crece pues ahora sabemos que otra menor denunció un abuso sexual de otro policía en el Museo Archivo de la Fotografía.

No cabe duda de que a la jefa de Gobierno le urgen buenos operadores y estrategas de comunicación e imagen política.

Durante la conferencia de prensa en la que acusó al movimiento de “provocador” se le vio molesta, soberbia y sin el mayor tacto político para dirigirse a los miles de capitalinos que gobierna.

Sheinbaum debe preguntarse seriamente si realmente su secretario de Seguridad Ciudadana, Jesús Orta, y la procuradora General de Justicia, Ernestina Godoy, están dando los resultados que demandan los ciudadanos, ya que de nueva cuenta se abre una crisis en estas dependencias, cuyos titulares han sido sumamente cuestionados.

La jefa de Gobierno ha reiterado que ambos son honestos, pero lo que debe entender es que para esos puestos públicos se necesita de gente altamente capacitada y no de servidores públicos mediocres, como lo son Orta y Godoy, que aún no terminan de resolver algún caso relevante cuando ya tienen otros sin atender. A pesar de su pésimo trabajo ayer su jefa los ratificó en sus puestos.

La administración de Claudia Sheinbaum da muestra de que se gobierna con una actitud de soberbia, sin atender ni mirar a los ciudadanos, que sufren en carne propia todos los días por grupos criminales y también por sus propios policías, quienes, en lugar de cuidar a la ciudadanía, violan a jovencitas.

La indignación que provocaron las declaraciones de Sheinbaum abrió el camino para que otros grupos de la sociedad se organicen para tomar las calles de la Ciudad de México en demanda de resultados.

Las interrogantes, entonces, son: ¿demandar seguridad y procuración de justicia convierte a la población en provocadora? ¿Pedir que terminen las extorsiones y secuestros también la convierte en provocadora? ¿Exigir justicia convierte a la población en un provocador?

Si es así, Claudia Sheinbaum debe entender que tiene en la Ciudad de México a más de 8.8 millones de provocadores que le exigen justicia y resultados a un gobierno que está marcado por la arrogancia, la falta de tacto político, así como por la poca cercanía con la gente.

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