Compartir

Redacción ejecentral

redacción@ejecentral.com.mx 

Era primavera y el hombre de 57 años, de tez clara, nariz gruesa, cabello lacio de color castaño y cejas tupidas, había decidido viajar desde Estados Unidos hasta Irán. Era 2011 y lo había planeado como una visita familiar. Décadas atrás Massar Arbabsiar, iraní de nacimiento, se había naturalizado estadounidense y vivía en Austin, Texas, donde vendía autos.

Arbabsiar parecía un hombre típico americano. Cursó todos los grados hasta convertirse en ingeniero automotriz, hablaba perfecto inglés, aunque no lo escribía tan bien; estaba casado, tenía un hijo de 22 años y había logrado instalar una agencia de automóviles. Su vida, en suma, era la de un hombre trabajador de clase media.

En Irán uno de sus primos lo buscó y pidió hablar con él. Massar Arbabsiar pasó bastante tiempo conversando con su pariente y comprendió que era funcionario del gobierno iraní. Pero no desempeñaba un cargo cualquiera, se trataba de un oficial de alto rango de la unidad de élite Fuerza Quds, una de las fuerzas más conocidas del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán (IRGC), encargada de las operaciones de guerra irregular, agitación social y tácticas asimétricas, entre otras, y por eso en sus misiones se ha vinculado a grupos terroristas, y construido milicias y fuerzas de combate en países de Oriente Medio, para extender la influencia iraní.

Su primo le ofreció trabajar con él, porque su trabajo en Estados Unidos y constantes viajes, especialmente a México, facilitarían su operación. Arbabsiar aceptó. 

Fue entonces que su primo lo presentó con uno de sus colaboradores cercanos, Ali Gholam Shakur, también miembro de la Fuerza Quds, y con quien mantendría contacto permanente y que le facilitaría todo lo que necesitara para cumplir con los objetivos iraníes.

Al mismo tiempo Massar Arbabsiar se enteró cuál sería su primera misión: contratar a un grupo que cometiera un ataque en Estados Unidos contra intereses sauditas. Debía ser una acción rápida porque urgía presionar a Arabia Saudita. Para cumplirla decidió utilizar a un grupo criminal mexicano, Los Zetas.

En ese momento, Arbabsiar no sabía que el comandante en jefe de su primo y su subalterno era el general Qassem Soleimani, el carismático líder de los cuerpos de élite de la Guardia Revolucionaria que fue asesinado la semana pasada por el Ejército estadounidense, utilizando un dron artillado, vulnerando así todos los sistemas de inteligencia y seguridad iraní. La respuesta fue una escalada de conflicto entre los dos países.

Tampoco sabía, y hasta hoy sigue siendo un enigma, cuál era la razón por la que querían muerto al embajador saudita.

Las relaciones entre Irán y Arabia Saudita han sido siempre tensas. De acuerdo con el investigador Ramsi Jazmati, Arabia Saudí e Irán libran una lucha histórica originada con la Revolución Islámica por la hegemonía de la región. Irán y Arabia Saudita no luchan directamente, pero participan en varias guerras de poder en la región.

›Con la operación descubierta por el Buró Federal de Investigaciones (FBI, por sus siglas en inglés) en 2011, se confirmaba que México era territorio útil para los grupos terroristas, por donde podrían transitar sus mártires hacia la Unión Americana o incluso cometer ataques a objetivos estadounidenses. En este caso, detrás de toda la operación se encontraba Qassem Soleimani, el comandante de la Fuerza de Quds iraní. 

La historia del pretendido asesinato del embajador en Washington DC salió a la luz en octubre de 2011, porque Massar Arbabsiar fue sometido a juicio, acusado de los delitos de conspiración para cometer asesinato y conspiración para cometer un delito contra Estados Unidos, del que se declaró culpable y al año siguiente fue sentenciado a 25 de prisión.

En dos ocasiones ha intentado apelar el fallo, pero ha sido rechazado, la última ocasión ocurrió los primeros días de este año. Su cómplice directo, el oficial iraní Gholam Shakuri, aún permanece prófugo.

ejecentral obtuvo todos los documentos de proceso contra Arbabsiar, en donde se detalla cómo se planeó y operó la misión terrorista, también cómo fue descubierta por el FBI. Este caso representa para el gobierno estadounidense, y en especial para el presidente Donald Trump, una muestra del alto riesgo que significa la frontera con México. Desde entonces, cada vez que se incrementa al alerta terrorista en el país del norte, México debe incrementar su seguridad migratoria y el despliegue de inteligencia, para atender cualquier situación de emergencia. En esta ocasión las alertas ya fueron encendidas. 

La alianza Z

Se trataba de una típica operación terrorista dirigida por los cuerpos de élite iraní, que pretendían, por primera vez, consumarla en territorio estadounidense, sus grandes enemigos, pero debía ser planificada fuera y se eligió México para ello.

“Como resultado de mis negocios en México y Estados Unidos, conozco a varias personas que viajan entre los dos países, y creo que algunas de esas personas son narcotraficantes”, explicó Arbabsiar a su primo.

“Debes contratar a alguien que pueda secuestrar al embajador. Debes encontrar a alguien en el negocio de narcóticos, porque las personas en ese negocio están dispuestas a cometer delitos a cambio de dinero”, le respondió. 

La conversación continuó y su primo fue muy enfático, además de secuestrar al embajador de Arabia Saudita en Washington DC, tendría que cumplir otras misiones.

“Después del trabajo del embajador podrían darse tareas adicionales, incluidos ataques a embajadas en los Estados Unidos y en otros lugares, pero la operación contra el embajador es prioritaria”, detalló el oficial de la Fuerza Quds.

Su primo le ordenó irse de Teherán, pero antes debió encontrarse con el oficial Gholam Shakuri, quien sería su jefe en toda la operación desde Irán.

“Debes buscar una persona para la operación contra el embajador. La Fuerza Quds te proporcionará todo lo que necesites para cumplir tu misión”, le explicó Ali Gholam.

Aproximadamente una semana después de reunirse con Shakuri, Arbabsiar dejó Irán para dirigirse a Texas. Así comenzó la conjura internacional para primero secuestrar y luego asesinar al entonces embajador de Arabia Saudita en Estados Unidos, Adil Jubeir, como la primera de una serie de misiones violentas. 

El 24 de mayo de 2011, Arbabsiar viajó desde Texas a México y se reunió con quien pensaba era uno de los líderes de narcotráfico de los Zetas, pero en realidad se trataba de un agente encubierto de la agencia antinarcóticos estadounidense (DEA, por sus siglas en inglés). 

Las agencias norteamericanas habían establecido como sospechosos los movimientos de Massar Arbabsiar, porque desde 2001, tras los ataques a las Torres gemelas de Nueva York, los viajes a países considerados enemigos como Irán comenzaron a ser monitoreados por la Agencia de Seguridad Interior (Homeland Security) para prevenir nuevos ataques.

Arbabsiar había estado buscando a alguien para llevar a cabo la operación contra el embajador saudí, desde Texas estableció el contacto y viajó a territorio mexicano.

-“¿Sabe de explosivos? Es que estoy interesado, entre otras cosas, para cometer un ataque a una embajada de Arabia Saudita”, soltó Arbabsiar. 

-“Estoy bien informado con respeto a explosivos C-4”, respondió el supuesto narcotraficante.

Después de esta primera reunión, Arbabsiar regresó a Texas y una semana  después viajó a Irán para encontrarse con el oficial Gholam Shakuri, pues necesitaba informarle sobre su reunión con quienes contrataría para cometer el ataque al embajador.

-“Localicé un narcotraficante en México que podría llevar a cabo el plan”, le explicó.

-“Regresa a México para finalizar el acuerdo con el contacto. Te aconsejo que te muevas rápidamente, porque la operación tiene que lograrse con prisa, para presionar a los sauditas”, respondió Shakuri. 

Semanas más tarde, Arbabsiar voló de Irán a México para reunirse con quien consideraba su contacto narcotraficante.

El 23 de junio de 2011, regresó nuevamente a México y se reunió en varias ocasiones más para definir los detalles de la operación. En una de ellas Arbabsiar le confió: “Mis socios militares en Irán han discutido una serie de misiones violentas que ustedes podrían ejecutar, incluyendo el asesinato del embajador”.

El 14 de julio de 2011, se reunieron nuevamente en México y afinaron los últimos detalles, en donde el supuesto narcotraficante fijó el precio por el crimen que cometerían en Washington DC: 

“Necesitaremos un equipo de al menos cuatro hombres para asesinar al embajador y el precio será de un millón y medio de dólares”.

Arbabsiar acordó pagarles el monto. El dinero saldría desde Irán y habría un primer pago de cien mil dólares. Todo estaba garantizado, y por eso les confió que su contacto era su primo, quien “trabajó en otros países en nombre del gobierno iraní” y él personalmente le había solicitado que encontrara a alguien que pudiera consumar la operación.

 Tres días más tarde, el 17 de julio de 2011, Arbabsiar se reunió nuevamente en México con su contacto narcotraficante. Vieron las fotografías del embajador Adil Jubeir, y el supuesto mexicano le dijo que uno de sus colaboradores ya había viajado a Washington para comenzar a vigilar al ciudadano saudí.

Fue en ese momento que el plan cambió, ya no se trataba solamente de secuestrar al representante de Arabia Saudita ante Estados Unidos, sino de matarlo, así lo había ordenado su primo, el funcionario militar iraní. Si su muerte implicaba que otras personas murieran, incluso de manera masiva, estaba autorizado.

-”Allí habrá gente como los estadounidenses. . . En el restaurante ¿Quieres que lo haga afuera o en el restaurante? “, le preguntó el supuesto narcotraficante

-”No importa cómo lo hagas. Quiero decir, si lo haces solo, matar es mejor, pero en algún momento, tú sabes, no tienes otra opción, ¿no es así?”, respondió Arbabsiar.

En otro momento soltó: “Quieren a ese tipo (el Embajador) hecho (asesinado), si los cien van con él, jódelos”.

-”Voy a volarlo (al Embajador) o dispararle, lo que quieras”, preguntó el supuesto narcotraficante. 

Arbabsiar respondió: “Sí, no importa. . . Lo que sea fácil para … como es posible para ti”.

Una vez consumado el crimen, les pagarían todo el dinero a través de una cuenta bancaria radicada en Estados Unidos, de la cual les dio todos los datos. El precio lo pagará el gobierno de Irán: “el (su primo), tiene al gobierno detrás de él. . . No está pagando de su bolsillo”.

Sólo para confirmar las intenciones de Arbabsiar su contacto criminal le insistió si lo mataba afuera o dentro del restaurante: “Sí, si puedes hacerlo afuera, hazlo. Si no (dentro del) restaurante, dale, está bien”.

“Hay ciento cincuenta (personas en el restaurante) y edificios a los lados, y senadores (que cenan allí)”, insistió.

“No hay problema… No es gran cosa”, respondió Arbabsiar.

Operación fallida

El 1 y el 9 de agosto de 2011, con la aprobación de Shakuri de toda la operación, Arbabsiar realizó dos transferencias bancarias en el extranjero por un total de 100 mil dólares a una cuenta encubierta del FBI en Nueva York como pago inicial. 

Arbabsiar explicó al supuesto integrante de Los Zetas que entregaría el resto del dinero después del ataque. 

Al mes siguiente, el 20 de septiembre de 2011, el supuesto integrante de Los Zetas dijo que la operación estaba lista y pidió a Arbabsiar que pagara la mitad del precio acordado por el asesinato o que viajara personalmente a México como garantía para el pago final. 

El 28 de septiembre de 2011, Arbabsiar voló a México, pero las autoridades migratorias le negaron la entrada y lo enviaron de regreso. Fue hasta entonces que las autoridades mexicanas se enteraron por parte del FBI, que era un blanco terrorista y por ello rechazaron su ingreso.

El 29 de septiembre de 2011, Arbabsiar llegó al aeropuerto JFK en Nueva York y a la salida del avión fue puesto bajo arresto. Eran las 20:40 horas cuando fue trasladado a una habitación de hotel por agentes especiales del FBI quienes le retiraron las esposas y le permitieron comer para después interrogarlo. 

Los agentes preguntaron a Arbabsiar si sabía de un posible atentado con explosivos en la frontera entre México y Estados Unidos. Negó cualquier conocimiento de tal amenaza. Luego, a las 11:50 horas, después de que le permitieran fumar un cigarrillo, accedió a renunciar a sus derechos Miranda y aceptó su culpa.

En una serie de entrevistas confesó su participación en el complot y corroboró que buscó a Los Zetas para consumar el plan. En noviembre de 2014, Manssor Arbabsiar fue sentenciado en Nueva York a 25 años de prisión por participar en un acto terrorista para asesinar al embajador de Arabia Saudita en Estados Unidos. 

Manssor Arbabsiar apeló la sentencia por asistencia legal ineficaz, pero al haber renunciado a sus derechos no ha prosperado. Su último intento fue resuelto el 3 de enero de este año.

Operaciones de élite

El general Qassem Soleimani era considerado por las oficinas de inteligencia de Estados Unidos como uno de los hombres más poderosos de Irán en los últimos 20 años. Encargado de la operación expansionista iraní y de lograr la hegemonía regional, desde Afganistán hasta Líbano, incluyendo Siria e Irak.  

Un personaje militar clave que declaraba su lucha contra los intereses de Estados Unidos,  Israel y Arabia Saudita; y que utilizaba, para consumar sus misiones, los métodos de guerra irregular, de operaciones encubiertas y la confrontación entre las distintas sectas y grupos; lo mismo que acciones terroristas y la construcción de grupos armados para desestabilizar la región. Así apoyó al Hezbolá, Hamas y la Jihad Islámica; así como la guerra de al-Assad contra los yihadistas, y a los rebeldes Houthi en Yemen. 

De acuerdo con informes de inteligencia, Fuerza Quds ha destinado armas, dinero y recursos humanos para entrenar grupos extremistas Irán y Sudán. Durante la Guerra e Irak, el Pentágono acusó a la organización de proveer de armas y explosivos a la minoría chiita iraquí que se enfrentó a mayoría sunita. 

En enero, el vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence, acusó a Soleimani, líder de Fuerza Quds, de planear ataques inminentes contra diplomáticos estadunidenses y personal militar, así como de asistir en el viaje clandestino a Afganistán de 10 de los 12 terroristas que efectuaron los ataques a las torres gemelas. “El mundo es un lugar más seguro hoy porque Soleimani se ha ido”.

Tras el asesinato del general, ordenado por el presidente Donald Trump, el ayatolá Alí Jamenei, líder supremo de Irán prometió una “venganza severa contra los criminales” detrás del ataque, mientras que el ministro de Relaciones Exteriores de Irán describió el hecho como un “acto de terrorismo internacional”.

El 8 de enero, Irán lanzó un ataque de al menos 12 misiles contra dos bases militares en Ain al-Assad utilizadas por tropas estadunidenses, en una respuesta al asesinato del general Soleimani. 

Donald Trump aseguró que impondría sanciones económicas tras el ataque y pidió a la Organización del Tratado del Atlántico Norte tener mayor participación en el Medio Oriente. Por la mañana de este miércoles, un responsable de seguridad en Irak informó a una agencia internacional la caída de dos cohetes en Bagdad, en la zona donde se ubica la embajada de Estados Unidos.

Irán ha advertido que, utilizando las mismas tácticas de guerra irregular, atacará objetivos estadounidenses y de sus aliados. Hasta que la alarma terrorista no disminuya, México deberá mantener una alerta migratoria y de seguridad nacional. 

Compartir