Simón Vargas

«Queda mucho trabajo por hacer, muchas brechas que cerrar, y se necesita mucha más igualdad para que las mujeres sean capaces de conseguir, de una manera inclusiva, lo que son realmente capaces de lograr». Christine Lagarde, Directora del Fondo Monetario Internacional

Las raíces del Día Internacional de la Mujer se remontan a finales del siglo XIX, cuando el 8 de marzo de 1857, cientos de mujeres que trabajaban en una industria textil en Nueva York organizaron una huelga con el objetivo de exigir mejores condiciones de trabajo, así como una reducción de la jornada laboral; ante esta situación, las autoridades reprimieron la manifestación, dejando un saldo de 120 mujeres muertas, algunas por disparos y otras quemadas en un incendio provocado en las instalaciones de la fábrica.

Como consecuencia de este hecho, estas mujeres se convirtieron en el símbolo de una lucha que, año con año, ha buscado que el género femenino alcance el pleno goce de sus derechos y libertades.

A pesar de que en 1910, la Internacional Socialista, a través de la luchadora feminista Clara Zetkin, propuso que el 8 de marzo se proclamara el Día de la Mujer como un homenaje al movimiento por los derechos femeninos, así como con el objetivo de lograr el derecho al voto, tuvieron que pasar alrededor de 65 años para que la Organización de las Naciones Unidas (ONU), en el marco de la Primera Conferencia Mundial de la Mujer, formalizara la conmemoración de este día internacional entre los países asociados, declarando que “la mujer es un miembro activo y con plenos derechos, y a la vez, parte importante para el desarrollo de los pueblos”.

Sin embargo, en pleno siglo XXI, las niñas y las mujeres aún se enfrentan a un mundo en el que urge eliminar las barreras estructurales, así como los estereotipos de género para garantizar que ninguna de ellas se quede rezagada.

Al respecto, el Informe Global sobre la Brecha de Género 2018, elaborado por el Foro Económico Mundial (WEF) indica que la brecha global de género se redujo en un 68 por ciento y destacó que, si bien en 88 de los 149 países analizados se registraron mejoras en temas como la brecha salarial y la representación política de las mujeres, se necesitarán más de 200 años para cerrarla; mientras que la paridad política podría lograrse en 107 años.

Y es que, no podemos negar que la brecha de género está sustentada en los estereotipos, mismos que se han ido estableciendo entorno a la idea de cuál debe ser el comportamiento de hombres y mujeres, así como los roles que deben desempeñar en el trabajo, la familia, el espacio público e incluso en la forma en que deben relacionarse entre sí.

Un estudio elaborado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Escuela Bloomberg de Salud Pública de la Universidad John Hopkins explica que las expectativas de género quedan firmemente arraigadas en las niñas y niños, tanto de sociedades desarrolladas como subdesarrolladas, cuando llegan a los 10 años de edad, lo anterior porque los mensajes en torno a la diferenciación de los roles constantemente se están reforzando por los padres, hermanos, compañeros de clase, maestros, entre otros.

Por lo anterior, debemos ser conscientes de que alrededor del mundo, la niñez está equipada “con una camisa de fuerza de estereotipo de género”, con consecuencias negativas que son particularmente preocupantes para las niñas, ya que tanto para ellas como para ellos, el género femenino es vulnerable, mientras que el masculino es fuerte e independiente, incidiendo así en la forma de vida, en las creencias e incluso en las conductas que pueden tener en su vida adulta; de hecho, el estudio argumenta que “en muchas partes del mundo, estos patrones dejan a las niñas en mayor riesgo de abandonar la escuela, de sufrir violencia física y sexual o de ser obligadas a casarse siendo menores de edad”.

Reflejo de ello es que en tan sólo 17 países de 149 analizados por el WEF, una mujer es jefa de Estado; es decir, un poco más del 11%; destacando que, en los 50 años recientes, promedio de permanencia de una mujer como jefa de Estado o Primera Ministro en los 149 países ha sido de sólo 2.2 años.

En México, ocupamos el lugar 50 del Índice de Brecha Global de Género; incluso cabe destacar que de 2017 a 2018 avanzamos 31 lugares en el ranking, ya que anteriormente ocupábamos la posición 81; y es que uno de los factores clave que incidió en este reposicionamiento fue el empoderamiento político de las mujeres derivado de la paridad legislativa; pero, aún nos falta un largo camino por recorrer, ya que dentro de las naciones pertenecientes a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) nuestro país tiene una de las participaciones más bajas de mujeres dentro de la fuerza laboral.

Asimismo, de acuerdo con el estudio “La violencia feminicida en México 1985-2016” elaborado por ONU Mujeres, el Instituto Nacional de las Mujeres (INMUJERES) y la Secretaría de Gobernación, la violencia es un tema que continúa lacerando los derechos de las niñas y las mujeres, ya que al menos siete mujeres son asesinadas cada día en México por razones de género, aunado a que seis de cada 10 niñas y adolescentes han sufrido al menos una forma de castigo psicológico o físico en sus hogares.

Hoy, las niñas del siglo XXI “necesitan ver a mujeres brillantes siendo brillantes, necesitan ser testigos de cómo lo lograron para imaginarse a sí mismas haciendo lo que ellas hacen; pero no podrán hacerlo solas, requieren de sus madres, padres, hermanos, amigos, gobiernos y maestros” para cambiar el rumbo y cerrar una brecha que ha marcado a generaciones enteras.

*Analista en temas de Seguridad, Justicia, Política y Educación.

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