Simón Vargas

“El alcoholismo es la perdida de libertad frente al alcohol.”

Pierre Fouquet.

Debido a los festejos de navidad y de fin año, diciembre se ha convertido en un mes asociado a la esperanza, la paz, la bondad y el amor al prójimo, sin embargo, también es un periodo donde el alcohol, se convierte en el principal ingrediente de las celebraciones, por lo que es importante recordar que éste y el volante continúan siendo dos elementos que no deben mezclarse, no sólo ponen en peligro la vida del conductor sino de terceros.

A pesar de que la venta de alcohol ha pasado por diferentes etapas, desde su prohibición en distintas partes del mundo, (la más conocida sin duda la Ley Seca de Estados Unidos por su relación con los clanes de la mafia italiana) hasta su consumo regulado; hoy se ha convertido en parte sino fundamental, sí común para las fiestas, y es que la injerencia de substancias etílicas ya sea por cultura, o manera de socialización rápidamente se han transformado en un comportamiento aceptado.

Actualmente, tanto en México como en el mundo el consumo de bebidas etílicas se ha convertido en un problema que parece no tener freno, de acuerdo al Informe sobre la situación mundial del alcohol y la salud 2018 emitido por la Organización Panamericana de la Salud y la Organización Mundial de la Salud, el consumo total de alcohol por habitante en la población mundial de más de 15 años aumentó de 5,5 litros de alcohol puro en el 2005 a 6,4 litros en el 2010, y aunque se mantuvo en el nivel de 6,4 litros en el 2016, al menos un 26,5% de todos los jóvenes de 15 a 19 años son bebedores, lo que representa 155 millones de adolescentes, y los resultados de las encuestas escolares indicaron que en muchos países de las Américas, Europa y el Pacífico Occidental el consumo de alcohol comienza antes de los 15 años y la prevalencia de dicha injerencia en los estudiantes de la edad antes mencionada puede oscilar entre 50 y 70%.

El problema con el alcohol no sólo radica en el gran porcentaje de personas que en nuestros días pueden ser catalogadas como adictas a estas substancias, los trastornos mentales o bien la relación causal entre el consumo nocivo y la incidencia de enfermedades tales como la diabetes, la tuberculosis y el VIH/sida; sino que además sus efectos inmediatos no importando el número de veces que se ha consumido consisten en: desinhibición, euforia, relajación y descoordinación motora entre otros, los cuales aunados al volante y la velocidad se han convertido en una de las principales causas de muerte en el mundo.

De acuerdo a datos presentados por la Organización Panamericana de Salud nuestro país ocupa el séptimo lugar a nivel mundial en muertes por accidentes de tránsito e internamente es la segunda causa de decesos de jóvenes entre los 10 y 29 años; e incluso se hace mención que los días jueves, viernes y sábado por la noche, se movilizan alrededor de 200 mil conductores bajo la influencia del alcohol, motivo por el cual resultan aproximadamente unas 24 mil personas en emergencias automovilísticas relacionadas con el abuso de esta substancia y de todas las muertes atribuibles al alcohol el 28% se debieron a lesiones, causadas por accidentes de tránsito.

Este tema invoca a un trabajo en conjunto, ya que lamentablemente a pesar de que hasta 2016, 80 países comunicaron tener políticas nacionales por escrito en materia de alcohol y 11 una prohibición total; y no obstante la implementación de campañas publicitarias para evitar conducir bajo la influencia de alcohol; o bien los protocolos ejecutados por las Secretarías de Seguridad comúnmente denominados “alcoholímetros” o incluso la posibilidad de solicitar transporte a domicilio, los accidentes y muertes persisten.

El problema no se eliminará con la suspensión de la injerencia y venta de alcohol sino que se debe hacer hincapié en el uso moderado y en la toma de precauciones, porque debemos pensar más allá de la individualidad y actuar de forma colectiva; las tragedias de esta índole en muchas de las ocasiones destruyen la vida de terceras personas, peatones, ciclistas, motociclistas y/o ocupantes de otros autos que pierden la vida o viven con lesiones graves por la irresponsabilidad de creer que el pacto entre el alcohol y la velocidad lleva a buen puerto.

*Analista en temas de Seguridad, Justicia, Política y Educación.

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