Simón Vargas

«Si vas a intentarlo, ve hasta el final. De lo contrario no empieces siquiera»

Charles Bokowski

Actualmente los temas que atañen a la gobernanza son múltiples y complicados, las guerras; los ataques terroristas; las amenazas cibernéticas; la extrema violencia; la represión por parte de regímenes autocráticos; los crecientes peligros que enfrenta no sólo la humanidad, sino nuestro planeta con respecto al cambio climático y las crisis económicas; problemas que han hecho que las capacidades operativas de diversos gobiernos a lo largo y ancho del globo terráqueo se vean disminuidas.

Como ejemplo, en enero de este año durante el Foro de Davos dos palabras marcaron la agenda mundial: crisis y desconfianza; y es que el panorama de acuerdo al Fondo Monetario Internacional no fue del todo alentador para el 2019, ya que la economía comenzó a disminuir a un ritmo mayor del esperado, e incluso el mes pasado se advirtió que el 90% de las economías mundiales se encontraban en una desaceleración sincronizada resultado de un comercio global que prácticamente se encuentra paralizado.

El tema económico es uno de los principales tópicos que más aqueja a los gobernantes, ya que la falta de crecimiento financiero se convierte en fuente de otros asuntos complejos; de la inversión y el desarrollo depende la seguridad, el empleo o la estabilidad, por mencionar algunos factores; los cuales a su vez son de la más alta preocupación para los ciudadanos ya que de acuerdo al Informe de la Corporación Latinobarómetro 2018 en América Latina un 48% de las familias afirma que el problema más importante de su país es el económico, seguidos de un 19% que aseguran que el principal conflicto es la delincuencia y un 9% quienes aseveran que la corrupción es la dificultad a vencer; es decir, todo está relacionado.

Así mismo un Reporte de la Comisión de Seguridad, Justicia y Gobernanza del Instituto para la Justicia Global y el Centro Stimson coincide en queson tres los grandes retos y oportunidades para la gobernanza mundial: las áreas frágiles y afectadas por conflictos, la gobernanza climática y la economía mundial hiperconectada, y todos deben ser solucionados con un sólo objetivo: la relación internacional como seguridad justa para forjar un sistema de gobernanza global de apoyo mutuo responsable, eficaz, y que desemboque en una paz sustentable.

Ahora bien, el desequilibrio en la gobernanza no sólo se debe a la dificultad de hacer frente a la desaceleración económica o a las críticas situaciones mencionadas al inicio de este escrito, que incluso, desafortunadamente, son parte de la globalización, sino de la coyuntura que implica el encontrarnos frente al umbral de la posibilidad de replantearnos la ética política, los derechos humanos y superar las profundas divisiones entre naciones.

Hoy el aislacionismo de Estados Unidos, las posibles intervenciones del gobierno de Rusia en otros países, la inquietud que sorprende al mundo con las pruebas de lanzamientos de misiles por parte de la República Popular Democrática de Corea, las complejas manifestaciones en Chile, las polémicas declaraciones del presidente de Brasil y las protestas en Puerto Rico desatadas por las filtraciones de conversaciones privadas de su presidente y que llevaron a su renuncia, son sólo ejemplos de cómo las interacciones y acuerdos entre gobernantes y gobernados para generar oportunidades y cambios ya no se hacen a nivel local, sino que en un mundo globalizado se impacta a nivel internacional.

También es importante mencionar que la posible crisis actual en la gobernanza incluye la pérdida de confianza en algunos organismos  e instituciones derivado de la asociación que el ciudadano ha generado entre éstas con la corrupción y la falta de valores; por lo que también es necesario replantearnos la necesidad de darle una renovada dirección a estos organismos, los cuales nacieron con la firme convicción de beneficiar a la sociedad y con el paso del tiempo se les ha transmutado en una ventana abierta para el enriquecimiento indebido e ilícito  de unos cuantos.

La gobernanza ha cambiado radicalmente en los últimos 20 años, y esto implica no sólo la forma de hacer política, sino también al político en sí; hoy más que nunca son necesarios los líderes que representen la integridad, la persistencia, la eficiencia y la objetividad con características esenciales como la capacidad de colaboración en equipo, una visión estratégica alejada de las falsas promesas, valentía para enfrentar los problemas, pero sobre todo credibilidad, autenticidad y empatía.

Frente a los cambios geopolíticos vividos en los últimos años, las instituciones, los ciudadanos y los mecanismos de cooperación deben estar unidos y encaminados al bien común, también se deben aprovechar las ventajas de un mundo globalizado: ampliemos la comunicación, evitemos el aislacionismo, porque hoy más que nunca los gobernantes, deben tener sensibilidad para tomar en cuenta las aspiraciones y necesidades de los ciudadanos.

*Analista en temas de Seguridad, Justicia, Política y Educación.

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