Simón Vargas

“Privar a las personas de sus derechos humanos es poner en tela de juicio su propia humanidad.”

Nelson Mandela

Ayer se conmemoró un año más del día de los Derechos Humanos, recordatorio decretado en honor a la fecha en que la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó la Declaración Universal de Derechos Humanos, en 1948, documento histórico que proclamó las atribuciones inalienables, e inherentes a todos los seres humanos, sin importar raza, color, religión, sexo, idioma, opiniones políticas, lugar de nacimiento, origen nacional o social, ni ninguna otra condición.

Actualmente pareciera un tema común, y de forma colectiva las personas entendemos que existen ciertas facultades inherentes a los humanos, sin embargo, no fue sino hasta después del dolor y sufrimiento acaecido por la Segunda Guerra Mundial, donde millones de personas sufrieron la barbarie y el exilio que se optó por realizar tratados e instrumentos internacionales que protegieran la dignidad humana.

Es así como después de poco más de siete décadas los derechos como la prohibición de la discriminación, la igualdad entre hombres y mujeres, la libertad de expresión, o el acceso a la justicia, a la información, o a la educación; parecen temas abordados de manera frecuente y cotidiana, sin embargo, y lamentablemente, muchos de ellos continúan siendo temas pendientes en la agenda del desarrollo para diversas sociedades.

Tan sólo la Encuesta Nacional sobre la Discriminación en México (ENADIS) reveló que 6 de cada 10 mexicanas y mexicanos no estarían dispuestos a permitir que en su casa vivieran personas homosexuales, y 3 de cada 10 aseguran lo mismo con respecto a personas que padecen vih/sida; el 59.5% afirmó que la riqueza es el factor que más divide a la sociedad, seguido de un 46.9% que mencionó que el causante de la segmentación son los partidos políticos y el 81.1% aseveró que ha sentido que sus derechos no han sido respetados por su color de piel; y este ejemplo es sólo con respecto al tema de la discriminación.

La libertad de expresión ha sido otro rubro constantemente golpeado y no sólo por la censura a medios de comunicación, sino que incluso va más allá, ya que la situación con respecto al asesinato de defensoras y defensores de Derechos Humanos en América Latina es alarmante; de acuerdo a un comunicado oficial emitido por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y las Oficinas de ONU Derechos Humanos del 1 de enero al 30 de abril de este año se recibieron 51 quejas sobre homicidios de defensores en Colombia, y en este mismo periodo en nuestro país se registraron 10 muertes, una cifra cercana a los (al menos) 13 casos documentados durante todo el año 2018, lo cual supone un significativo aumento de la violencia. Preocupa especialmente que 8 de las personas defensoras asesinadas fueran indígenas; así mismo se han registrado decesos de defensores en Honduras, Brasil, Costa Rica, Perú y Guatemala.

A pesar de que se celebró su aniversario número 71 aún quedan muchos espacios en blanco con respecto a este tema, por ejemplo, en el caso de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), este organismo sólo está habilitado para formular recomendaciones a servidores públicos y/o autoridades administrativas por presuntas violaciones; es decir, todo queda en una “sugerencia” que no afecta legalmente a aquel que pasa por encima de los derechos humanos.

Hoy se requiere que cada una de las instancias dedicadas a salvaguardar los Derechos Humanos, cuenten no sólo con una autonomía efectiva, sino que sus resoluciones puedan ser consideradas con mayor responsabilidad; por lo que la búsqueda de reformas al Art. 102 apartado B de nuestra constitución política con el objeto de dotar de obligatoriedad legal, con sanción en caso de incumplimiento grave a las resoluciones emitidas por las Comisiones Estatales y Nacionales de Derechos Humanos propuesta en el Plan Nacional de Desarrollo 2019-2024, entregado por el presidente Andrés Manuel López Obrador al Congreso de la Unión será un gran paso para no tolerar atropellos ni agravios; porque aunque podríamos pensar que lejos estamos de las masacres perpetradas por el comercio de esclavos, la segunda guerra mundial, el genocidio de Ruanda o la guerra de vietnam, aún muchos de los Derechos Humanos no se respetan, no se consideran y mucho menos se cumplen.

El 10 de diciembre es un momento para hacer no sólo un alto sino un silencio nacional por aquellos que lucharon y hoy ya no están, pero sobre todo es una oportunidad para comenzar a enmendar los puntos pendientes y honrar las características de respeto a la dignidad, universalidad, inalienabilidad, indivisibilidad e imprescriptibilidad de los Derechos Humanos.

*Analista en temas de Seguridad, Justicia, Política y Educación.

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