Simón Vargas

“La verdad se corrompe tanto con la mentira como con el silencio.”

 Cicerón

Aunque la creación y emisión de fake news  ha existido desde hace muchos años, no fue sino hasta principios del 2016 durante las elecciones presidenciales de EE.UU. cuando el término se popularizó; de acuerdo al Diccionario de Cambridge este vocablo se define como: “historias falsas que parecen ser noticias, difundidas en Internet o usando otros medios, generalmente creadas para influir en las opiniones políticas o como una broma”; es así como desde hace cinco años estos bulos de pronto se convirtieron en una vía para causar caos y orientar de forma casi imperceptible la opinión de cierto sector de la población hacia un tema de interés en particular.

Hemos comenzado una nueva década, la cual probablemente, igual que la anterior se encuentre caracterizada por la celeridad, el avance ininterrumpido de la tecnología y el uso permanente e incesante de redes sociales; donde irónicamente a pesar de que la información sobre casi cualquier tema parece inagotable, el consumo de noticias se ha vuelto cada vez más complejo y los usuarios difícilmente saben distinguir entre información real y falsa.

Las Fake News poseen tres características fundamentales: 1) tienen un objetivo claro, 2) están hechas en apariencia como una noticia real y 3) buscan generar una respuesta emocional que motive a las personas a compartir la nota, esta forma de desinformación se ha utilizado con diferentes propósitos desde influir en asuntos políticos hasta en casos extremos propiciar conflictos; es decir, el peso de las palabras y la información puede socavar naciones y economías enteras, incluso de acuerdo a un proyecto de investigación del Fondo Monetario Internacional donde se evaluó el papel de las noticias en los precios internacionales y la influencia del tono de 4 millones de artículos económicos se observó que las noticias tuvieron un impacto significativo en los precios internacionales de los activos, lo cual confirmó que, en términos generales, el matiz que usan los medios de comunicación constituye una influencia en los inversionistas, y que la tónica de las noticias reviste demasiada importancia y parece captar mucho más la atención con respecto al ánimo de los inversionistas que otros indicadores basados en el mercado.

Los medios de comunicación y las redes sociales han desarrollado un enorme poder sobre diversas áreas como la política, la economía, la ecología, y las relaciones internacionales, por mencionar algunas; es por eso que la aparición no sólo de noticias falsas sino de imágenes y vídeos ha comenzado a desgastar la forma en la que enfrentamos los problemas que aquejan a nuestra sociedad.

Una de las preguntas más importantes es: ¿Por qué continuamos consumiendo noticias falsas e incluso haciéndolas virales? La respuesta parece sencilla y podría ser dividida en dos perspectivas: la económica y la sentimental.

Primeramente, con respecto al factor económico, los sitios dedicados a la elaboración de bulos han encontrado en la publicidad una esencial forma de financiamiento, lo cual ha conllevado a una retroalimentación que parece no tener fin; es decir, gracias a la inversión la sofisticación de las fake news hace difícil su distinción y al ver el éxito día con día invaden con más frecuencia las redes sociales y los buscadores; actualmente, todos quieren ser vistos rápido y por la mayor cantidad de personas, es así como de acuerdo a un artículo de Pew Research Center en 2018, según las estimaciones de eMarketer, la publicidad digital creció a $109 mil millones, un aumento de $88 mil millones con respecto a 2017 y probablemente continuará prosperando.

En segundo lugar; como seres humanos tenemos cierta inclinación por las noticias centradas en el sentimentalismo, y al encontrarnos con aquellas notas donde la emotividad está a flor de piel tendemos a compartirlas sin siquiera verificarlas, bien lo resumiría la conferencista Olga Yurkova, fundadora de StopFake: “Si una historia es demasiado emocional o dramática, es probable que no sea real. La verdad suele ser aburrida.”

Es cierto que se han desarrollado páginas que desmienten los bulos, sistemas aplicados a textos, modelos de reconocimiento de imágenes y laboratorios de análisis forenses especializados en vídeos y fotografías; pero la epidemia de las noticias falsas parece no encontrar un contrincante adecuado y hoy en día su distribución masiva requiere una batalla compleja que implique por un lado, ética y responsabilidad por parte de los medios masivos de comunicación, y por el otro ser más cuidadosos al leer, verificar toda información antes de compartirla e incluso alertar a conocidos si detectamos noticias falsas distribuidas en sus cuentas de redes sociales, porque esta es una carrera que incluye a todos y está casi en el límite de lo imposible.

*Analista en temas de Seguridad, Justicia, Política y Educación.

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