Simón Vargas

«La palabra progreso no tiene ningún sentido mientras haya niños infelices». Albert Einstein

Desde el año 2002, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) instó al mundo a centrar sus esfuerzos en la protección de los niños y niñas frente al trabajo infantil instaurando así el 12 junio como el día mundial de esta conmemoración.

En algunas partes de México la concepción del trabajo infantil aún se encuentra arraigada culturalmente, la creencia de que los niños o niñas deben y pueden aportar al sustento del hogar es considerada como aceptable e incluso en ocasiones necesaria para la formación del carácter, sin embargo, no se debe confundir el hecho de que puedan apoyar con tareas y actividades en casa, propias de la edad y con supervisión de un familiar con el hecho de la explotación infantil, el cual constituye una violación de sus derechos tales como al sano crecimiento, a la educación, al juego, la cultura y el deporte. Es decir, a desarrollarse plenamente.

De acuerdo a datos de la OIT, en 2018 en todo el mundo existían 218 millones de niños de entre 5 y 17 años ocupados en la producción económica, entre ellos, 152 millones son víctimas del trabajo infantil; y alrededor de 73 millones, están en situación de trabajo infantil peligroso, un 90% de ellos concentrados en África.

El trabajo forzoso no se limita a un rubro, la explotación en el trabajo infantil se encuentra en muchas esferas de la economía tanto en sectores de servicios, de entretenimiento, áreas industriales, la minería o la agricultura donde de acuerdo a un informe del Fondo de la ONU para la Alimentación y la Agricultura (FAO) este último concentra el 71% de la población de niños y niñas en el cual se incluyen la pesca, la silvicultura y la ganadería.

El ingreso de estos niños al campo laboral suele estar marcado por la caída en la economía del hogar o bien por dificultades familiares, en muchas de las ocasiones el trabajo les impide continuar con la escuela o tener un desempeño óptimo que les permita acceder a mejores oportunidades, pero sobre todo limita considerablemente su crecimiento y su salud ya que son sometidos a largas jornadas laborales y pocas horas de sueño y recreación.

Desafortunadamente en nuestro país aún se observan niñas y niños en las calles, haciendo malabares, limpiando parabrisas, vendiendo dulces, acomodando autos en estacionamientos; elementos que probablemente hayan abonado a que restemos importancia a este terrible mal, ya que de acuerdo al Informe de avance cuatrimestral sobre el progreso y los desafíos regionales de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible de la CEPAL, México se ubica en la segunda posición después de Brasil y seguido de Perú, donde en números absolutos el trabajo infantil es más frecuente.

Por otra parte y a pesar del panorama complicado que se presenta, los esfuerzos coordinados entre las instancias y organizaciones internacionales y nacionales han comenzando a rendir frutos, ya que de acuerdo a datos del 2018 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), los 3.2 millones de niños, niñas y adolescentes que aun desempeñan trabajo en nuestro país representan una disminución de la tasa de trabajo infantil de 12.4% en 2015, a 11% en 2017.

Los niños y niñas deben dedicarse a forjar sus sueños, a desarrollar su creatividad, a vivir una vida plena y a prepararse con una educación sólida que les ayude a enfrentar los retos de una vida cada vez más competitiva. Es necesario que los adultos podamos velar por su desarrollo integral y su estabilidad emocional para que así podamos observar en cada rostro el reflejo de un mejor presente y futuro mejor cada vez más alentador.

*Analista en temas de Seguridad, Justicia, Política y Educación.

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