Simón Vargas

“No hay personas de primera, segunda o tercera; la dignidad es de todos”

Papa Francisco

Hoy en día es frecuente escuchar palabras como discriminación, clasismo y racismo en multitud de contextos sociales y profesionales; son términos que hacen referencia a realidades sociales importantes y cuyos efectos son la causa de dolor de miles de familias y personas alrededor del globo terráqueo.

En definición del Consejo para Prevenir y Eliminar la Discriminación (CONAPRED), el término discriminación se entiende como la práctica que consiste en dar un trato desfavorable o de desprecio inmerecido a determinada persona o grupo; sin embargo, este fenómeno adopta diversos rostros por lo que nos encontramos frente a manifestaciones sociales como el racismo, el clasismo, la misoginia, el sexismo, la homofobia, o la intolerancia religiosa; sólo por mencionar las más comunes y evidentes, cuyos efectos no sólo reducen el desarrollo como sociedad sino que en muchas ocasiones son las causantes de crímenes de odio en contra de aquello que se desdeña.

Actualmente la discriminación es uno de los grandes obstáculos a ser superado para construir a una sociedad inclusiva, basada en el respeto y el amor al prójimo; sin duda, han existido avances contundentes en su erradicación, pero aún hoy son factores determinantes en la segregación social y una limitante que imposibilita el impulso de relaciones de solidaridad entre países.

La manera en que la tecnología ha impactado nuestras vidas y la forma en que las redes sociales han servido como una plataforma exponencial de pensamientos, ha logrado que en nuestra era las distintas caras de la discriminación sean evidenciadas y mostradas a una sociedad que hace 40 o 50 años no tenía fácil acceso a las noticias cotidianas; apenas hace dos años en 2014 el vídeo de Feliciano Díaz, un niño tzotzil de 10 años que vendía dulces para comprar útiles escolares y que fue humillado y obligado por un funcionario a tirar su mercancía se hizo viral, ocasionando el escozor social ante un hecho de tal magnitud; pero Youtube, Facebook o Twitter no sólo han permitido conocer que la discriminación se hace presente en todos los grupos, sino que estas plataformas también han servido para difundir comentarios ofensivos como los ocurridos tras la participación de Alexa Moreno en las Olimpiadas de Río 2016 en donde se evidenció la prevalencia de ideas racistas y sexistas insertas en la construcción social, filtradas en las comunidades gracias a prejuicios culturales; a estereotipos de lo que se considera la belleza engendrados desde tiempos remotos; la indignación frente a este tipo de casos debe ayudarnos a pensar en cómo debemos asumir la responsabilidad de generar un contexto que propicie la igualdad, el respeto y la inclusión.

Hemos avanzado tanto y a la vez parece tan poco, que debemos detenernos a pensar que la discriminación, el racismo o el clasismo no son casos aislados, sino que estos actos de desprecio son reflejo y consecuencia de múltiples debilidades engendradas por la sociedad y que a pesar del camino andado aún no logramos poner en el centro de nuestro actuar diario los derechos de las personas.

De acuerdo a una encuesta del Módulo de Movilidad Social Intergeneracional del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) realizada en 2016 se expuso una triste realidad que aún persiste en nuestro país: la relación entre el color de la piel y las oportunidades de desarrollo de las personas; de acuerdo a esta publicación las personas de tez más clara tienden a ocupar cargos de dirección, mientras que las de tez más oscura fungen como empleados de apoyo, operadores o artesanos; más del 60% de los encuestados manifestaron que en México existe un trato desigual en razón del tono de piel y aún hoy las y los mexicanos perciben que, en algún momento de su vida no han sido respetados sus derechos debido a no tener dinero (31.6 %), su apariencia física (24.5%), edad (24.1%) y género (23.3%); es más, actualmente en poco más de 100 países se discrimina a las mujeres, y en muchos más aún existen leyes discriminatorias sobre minorías.

¿A quién ataco cuando agredo? ¿Qué hay en ese otro para excluirlo? ¿Acaso hay algo de mí que intento poner afuera, por qué me desagrada? En realidad ¿A quién excluyo cuando discrimino? La realidad es que actualmente estos factores han sido los causantes de discursos de odio a lo largo del mundo, de personas condenando a seres por prejuicios, despreciando basados en la creencia de que sus diferencias jamás podrán causar alianzas, desvalorizando seres humanos sólo por pertenecer o no a cierta clase social, desaprobando el estilo de vida de unos y aprobando el de otros; prejuzgando sin conocimiento, pero lo cierto es que hoy en que todo es más inestable y etéreo debemos entender que  la discriminación es una destrucción de lo social pero que sin duda puede ser revertirda.

*Analista en temas de Seguridad, Justicia, Política y Educación.

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