Simón Vargas

La mayoría de las adolescentes incorporadas a las pandillas cumplen con el rol establecido por su identidad de género como “novias de los pandilleros”, y si intervienen directamente en las “acciones” de la pandilla, es desde el rol de “mensajeras” o “correos” o roles menores.

En México, a diferencia de diversos países de Centroamérica, no se reporta que las pandillas formen parte o tengan relevancia de la categoría de conflictos urbanos, sin embargo, la falta de visibilidad pública no está respaldada por la ausencia de pandillas y su relación con grupos delictivos principalmente en las fronteras.

El Departamento de Seguridad Pública de la Organización de Estados Americanos (OEA) define a las pandillas como: “el esfuerzo espontáneo de niños y jóvenes por crear, donde no lo hay, un espacio en la sociedad adecuado a sus necesidades. Lo que ellos obtienen de ese espacio, es aquello que el mundo adulto no tuvo la capacidad de otorgarles, que es el ejercicio de la participación, vibrando y gozando en torno a intereses comunes.”

Desde los años noventa, en los suburbios de la mayoría de las grandes ciudades occidentales las pandillas de chicas son un fenómeno común y creciente, y su relación con la violencia también. Las autoridades del Reino Unido detectaron ya en 2011 que los delitos a manos de mujeres habían aumentado un 12% con respecto a la década anterior, y que aquellos relacionados con estupefacientes, robos y asesinatos a manos de mujeres habían aumentado un 250% desde 1973.

En Estados Unidos, según fuentes del FBI en 2010, uno de cada tres adolescentes detenido por cometer un delito era una chica, lo que suponía un aumento del 200% con respecto a las cifras de 1980. Según fuentes policiales, la situación es similar en Francia, donde la violencia callejera ejercida por chicas ha aumentado un 140% desde 2002. http://bit.ly/1iMv17b

Gran parte de las investigaciones y estudios sobre las pandillas no ha considerado la participación de las mujeres en este rubro descalificando e invisibilizando su participación en las mismas bajo el estereotipo de género predominante “es cosa de hombres”.

Un ejemplo de ello, es que en los Estados Unidos la Oficina de Familia y Servicios Juveniles del Departamento de Salud y Servicios Humanos del Gobierno, mantuvo por tres años un programa que explícitamente abordaba las pandillas de mujeres pero que, lastimosamente, fue suspendido. http://bit.ly/2td8QAG

Ante este hecho lo importante no es negar la participación de las mujeres en las actividades de las pandillas o en acciones violentas, si no reconocer la diferencia marcada en la forma en que las mujeres se involucran en estos grupos y sobre todo en la forma en que le dan significado a estas actividades.

La realidad al interior de las pandillas es que se siguen reproduciendo los patrones tradicionales en las relaciones de poder para los hombres y subordinación de las mujeres, mientras que para los hombres integrarse a este grupo representa reforzar incluso su masculinidad, para las mujeres representa ser relegadas a una posición subalterna en el grupo y ser consideradas objetos sexuales con los riesgos que implica para la salud física, sexual y reproductiva.

Posteriormente ese papel evoluciona con mayor frecuencia hasta adoptar las pautas comportamentales de sus compañeros hombres, esto es, ejercen la violencia, usan armas, se tatúan y participan en la producción de graffiti, la construcción de la identidad de las mujeres pandilleras se ha reforzado en las producciones fílmicas que han llevado a la pantalla grande este tema.

La invisibilidad del papel de las mujeres en la violencia dentro de este fenómeno social puede tener grandes consecuencias, una de ellas es considerarlas como un objetivo poco atractivo para los proyectos y las políticas del gobierno y de las organizaciones no gubernamentales.

Existen actualmente iniciativas que tienen en la mira a los jóvenes en situación de alto riesgo a causa de su implicación directa en la violencia, pero no es necesario decir que estas políticas están orientadas hacia los Hombres, estas acciones proveen capacitación y diferentes oportunidades de las que las mujeres son excluidas.

Es necesario voltear a ver la problemática de las pandillas desde la perspectiva de género y la prevención del delito ya que las condiciones de pobreza, desigualdad, falta de alternativas y búsqueda de un espacio propio para satisfacción de necesidades que se asocian con la participación en pandillas, no son exclusivas de los hombres.

 

*Analista en temas de Seguridad, Justicia, Política y Educación.

 

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