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Fernando Ramírez

redaccion@ejecentral.com.mx

Corría ya la segunda semana de agosto de 1968. En las escuelas y facultades se vivía una extraordinaria efervescencia política y cultural. Las brigadas estudiantiles se extendían cada vez más. Los jóvenes discutían, votaban y se organizaban en el seno del Consejo Nacional de Huelga (CNH), que lograba el primero de sus triunfos: una de las marchas más importantes de todo el movimiento y en la que lograrían reunir a más de 200 mil personas por Paseo de la Reforma hasta el Zócalo capitalino.

Los medios de comunicación, en cambio, difundían algunas pequeñas notas aisladas, y en su mayoría comunicados oficiales; en el peor de los casos distorsionaban lo que ocurría con el movimiento estudiantil.

Disidente. La revista ¿Por qué? fue de las pocas publicaciones que además de dar un seguimiento puntual al movimiento estudiantil, evitó juzgar a los jóvenes, al consignar el desarrollo de las manifestaciones.

Disidente. La revista ¿Por qué? fue de las pocas publicaciones que además de dar un seguimiento puntual al movimiento estudiantil, evitó juzgar a los jóvenes, al consignar el desarrollo de las manifestaciones.

Para el sábado 10 de agosto, el CNH hacía un pronunciamiento muy elemental, pero importante, pues a la postre impediría que organizaciones, sindicatos o partidos políticos intervinieran de alguna forma para disolver el movimiento: “cualquier solución que se intente dar (para los seis puntos del pliego petitorio), deberá ser aprobada por el propio CNH y se desconocerá y desaprobará cualquier arreglo al margen de este consejo”.

Y remataron: “el diálogo tiene que ser público y de cara a la nación, ante los medios de comunicación presentes, prensa, radio y televisión”.

Entre el domingo y el lunes se lanzó la convocatoria para la gran marcha que se realizaría el 13 de agosto desde el Museo Nacional de Antropología e Historia hasta el Zócalo. Y fue también en esos días que la coalición de profesores, entre los que se encontraban Fausto Trejo, Elí de Gortari y Heberto Castillo, declaraban:

“Hemos comprendido que todos los ciudadanos pueden y deben de participar en la vida política del país… Ya que hemos comprendido que no se puede permanecer al margen de una situación que ha puesto de manifiesto que con nuestra forma de gobierno, pueden desarrollarse… la represión y la violencia, así como la indiferencia y el silencio son cómplices”.

“Libros, sí; bayonetas, no”

A todos sorprendió ese martes. Una gigantesca mancha humana convocada por el CNH se apostó a un costado del Museo Nacional de Antropología, ¿50 mil o 100 mil? Ya eran historia. Ahora eran 200 mil personas, entre estudiantes, obreros y pueblo en general que marchaban en completo orden por Paseo de la Reforma, Avenida Juárez, Madero, hasta llegar al Zócalo.

Los contingentes de las diferentes escuelas y facultades del Politécnico, la UNAM, Chapingo y Normal Superior eran acompañadas por otras universidades y colegios privados llevando carteles y mantas, y coreando consignas:

“Libros, sí; bayonetas, no”, “¿Qué clase de diálogo es este?”, “Educa a tus chimpancés”, “¡Presos Políticos, Libertad!”, “ ¡Ho, Ho, Ho Chí Minh!” o “¡Che, Che, Che Guevara”

prensa. Algunos medios mexicanos desestimaban las acciones de organizadas de los estudiantes. Al respecto, el diario Novedades señaló: “La multitud no ha sido nunca un paradigma de equidad, menos su la forman jóvenes”.

prensa. Algunos medios mexicanos desestimaban las acciones de organizadas de los estudiantes. Al respecto, el diario Novedades señaló: “La multitud no ha sido nunca un paradigma de equidad, menos su la forman jóvenes”.

Ya por la noche, la televisión y la radio hicieron mutis de lo acontecido. En general, en los medios de comunicación el silencio y la tergiversación de la multitudinaria marcha fue la respuesta.

En la asamblea del Consejo Nacional de Huelga del miércoles 14, al darse el parte de la exitosa manifestación, para ellos no hubo más qué decir: “Fue el triunfo de la inteligencia y la razón, sobre la violencia y la barbarie”.

Los gritos de “¡Únete Pueblo, Únete Pueblo!” y “¡Diálogo, Diálogo, Diálogo!”, que retumbaron en las calles de Reforma y del Centro Histórico esa tarde, no sólo dio más fortaleza al movimiento, sino que movilizó a nuevos sectores y grupos. Al día siguiente, el miércoles 16 de agosto, universidades como la Iberoamericana, La Salle, Del Valle y el Colegio de México, decretaron paros escalonados en solidaridad con el movimiento estudiantil.

Y es también en este momento que se fundó la Asamblea de escritores y artistas en apoyo irrestricto a las demandas estudiantiles. Así, los artistas plásticos comenzaron a pintar para dejar su rastro en la memoria contracultural de 1968. 

En las ruinas de lo que fue la estatua de Miguel Alemán instalaron unas láminas acanaladas de cinc que sirvieron para montar el Mural Efímero.

En las ruinas de lo que fue la estatua de Miguel Alemán instalaron unas láminas acanaladas de cinc que sirvieron para montar el Mural Efímero.

La generación de la ruptura

En el breve periodo en que el movimiento estudiantil fue la bomba social y política que hizo estremecer los andamios en que descansaban las viejas estructuras corruptas, antidemocráticas y autoritarias del viejo régimen, surgió en ese verano combativo e imaginativo, lo que se dio en llamar: “El pincel contra la imbecilidad humana”. Es decir: El apoyo y la solidaridad de los artistas plásticos, sobre todo los llamados de la Generación de la Ruptura y los Grabadores del Taller de la Gráfica Popular (TGP).

A través del documental de 2008 llamado Trazos en trozos, Mural Efímero México 68, del cineasta Raúl Kampffer, de la Filmoteca de la UNAM, es posible conocer el histórico trabajo de artistas y el ambiente de libertad que inundaba los pasillos universitarios en ese momento.

las brigadas que coordinaban
la marcha del 13 de agosto estaban equipadas con magnavoces que recordaban que las consignas debían apegarse al pliego petitorio y evitar insultos dirigidos a la autoridad.

las brigadas que coordinaban
la marcha del 13 de agosto estaban equipadas con magnavoces que recordaban que las consignas debían apegarse al pliego petitorio y evitar insultos dirigidos a la autoridad.

En una de las entrevistas, Adolfo Mexiac rememora: “Yo recuerdo que mi taller lo puse a disposición de mucha gente que llegaba en la noche a imprimir, personas que yo no sabía quiénes eran y que además no me interesaba saber. Entonces imprimían toda la noche, extendían los papeles, los acomodaban y por la mañana salía todo este material en bolsas de mandado con algunas lechugas encima, ¡Era emocionante!”

El gran historiador y crítico de Arte Alberto Híjar sostiene que Adolfo Mexiac y Francisco Moreno Capdevila eran las cabezas visibles de la propaganda para el movimiento estudiantil, la cual se imprimía en los talleres de la Academia de San Carlos y remata: “¡Fue un arte revolucionario!”

sin vuelta de hoja. El movimiento 
estudiantil fue la bomba social y política que hizo estremecer los

sin vuelta de hoja. El movimiento 
estudiantil fue la bomba social y política que hizo estremecer los

Y Manuel Felguérez recuerda “Yo estaba haciendo una obra para la Ruta de la Amistad, la dejé de hacer para no ser pagado por el gobierno”. Es que había un rencor contra el gobierno, por los actos represivos que había cometido.

Cuando convoca el Instituto Nacional de Bellas Artes a una gran exposición con un nombre rimbombante: El Salón Solar para presentarlo en el programa de la Olimpiada Cultural, había una rebeldía de no querer participar en nada que organizara el gobierno. “Y así fue que se nos ocurrió hacer un Salón Independiente”, relata Felguérez.

Francisco Icaza, otro de los entrevistados, recuerda: “Felguérez viene y me dice: ‘mira Francisco, vamos hacer una cosa, tú te traes a los figurativos y yo me traigo a los abstractos, y vamos hacer un Salón Independiente para apoyar a la Universidad y no a esta pendejada de la Olimpiada Cultural que organiza el Estado mexicano’”.

Así se llevó acabo la primera exposición de los artistas comprometidos en el Salón Independiente fundado por Manuel Felguérez. “La idea básica era: ‘Yo no quiero colaborar con un gobierno que reprime a los estudiantes’”.

“Así, los abstractos y figurativos que tenían un pleito durante años, se acabó en el momento en que apoyamos los pintores mexicanos a la Universidad Nacional Autónoma de México”, relata Francisco Icaza.

Los carteles estaban formalmente ligados al Taller de Gráfica Popular o se resolvían con monos caricaturizados, aunque los estudiantes desarrollaron nuevos códigos visuales.

Los carteles estaban formalmente ligados al Taller de Gráfica Popular o se resolvían con monos caricaturizados, aunque los estudiantes desarrollaron nuevos códigos visuales.

Los antecedentes del Mural Efímero son las instalaciones escenográficas que montaba Manuel Felguérez para el dramaturgo y director de teatro y cine Alejandro Jodorowsky a comienzos de los años sesenta, con aquellas maquinas grandilocuentes y aparatosas que terminaban por desaparecer en cada puesta de teatro o cine, a muchas de estas escenografías se les llamaban Actos Efímeros, o lo que ahora se llaman happiness o performance.

Otra aportación fue el Mural Efímero que pinto José Luis Cuevas en la Zona Rosa, que sólo duraría unos cuantos días para contrastar a David Alfaro Siqueiros con su monumental obra mural Polyforum Cultural Siqueiros, y sus materiales casi eternos de máxima durabilidad, como decía José Luis Cuevas.

Un grafiti contracultural

El candado en la boca y otras representaciones contra la represión fueron símbolos principales desde los primeros días de lucha.

El candado en la boca y otras representaciones contra la represión fueron símbolos principales desde los primeros días de lucha.

En los años 50 se erigió una estatua del expresidente Miguel Alemán, justo en la zona de Islas, entre la Torre de Rectoría y la Biblioteca Central. Fue uno de los gobiernos más cuestionados por actos de corrupción, por lo que pronto sufriría las consecuencias de la sentencia estudiantil. En 1960 sufrió su primer atentado, al desaparecerle las piernas y, en 1966, un segundo ataque le cercenó la cabeza. Lo que quedó del monigote fue recubierto con un muro de lámina acanalada, y fue este material que en 1968 sirvió como lienzo para estampar la furia, el odio, el dolor, el hartazgo contra el régimen de Gustavo Díaz Ordaz, pero también para que resonara la esperanza de cambio.

Grandes pintores de nuestro país, muchos de ellos muy jóvenes para entonces, y otros ya posicionados en el arte mexicano, plasmaron su arte e invitaron a la comunidad estudiantil y público en general a que participaran en el gigantesco lienzo acanalado de 20 metros de altura.

Y de punta a punta se llenó de color el Mural Efímero. Con el rastro de entre 50 y 60 pintores, entre ellos: Manuel Felguérez, Francisco Icaza, Adolfo Mexiac, Fernando García Ponce, Mario Orozco Rivera, Gilberto Aceves Navarro, Vicente Rojo, José Luis Cuevas, Guillermo Meza, Benito Messeguer, Fanny Rabel, Ricardo Rocha y José Muñoz.

Los estudiantes de arte en 1960 y 1970 enarbolaron
la consigna “Agruparse o morir” y buscaron nuevas opciones
de expresión plástica en el trabajo colectivo.

Los estudiantes de arte en 1960 y 1970 enarbolaron
la consigna “Agruparse o morir” y buscaron nuevas opciones
de expresión plástica en el trabajo colectivo.

Ese collage, ese grafiti, era un espejo donde se esculpió el rostro de la ignominia, la infamia y la muerte.

Fue uno de los símbolos del movimiento, que muy pronto desapareció, consumada la represión, pero quedó en la memoria contracultural de una generación que detonó la transfiguración de las entrañas políticas de México.

*Historiador

Fuentes: Revista ¿Por qué?, diario Novedades, Centro Nacional de Investigación, Documentación e Información de Artes Plásticas.

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