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Francisco Pazos

La democracia atraviesa por uno de sus momentos más oscuros. Las libertades civiles y políticas están amenazadas en decenas de naciones que se tambalean y le guiñen al autoritarismo, mientras el autonombrado líder mundial, Donald Trump, se ocupa de las redes sociales.

El 2017 cerró la pinza para una caída que suma 12 años. En total, los ciudadanos en 71 naciones democráticas vieron cómo el ejercicio de sus libertades se erosionó con rapidez entre represión, división, miedo por el “otro”, violencia y corrupción.

La organización internacional Freedom House alertó hace unos días sobre una crisis que se agudiza en las democracias del mundo. Hay muestras en distintos países sobre la pérdida de principios básicos como la celebración de elecciones libres, garantías para los derechos de las minorías, libertad de prensa o signos de descomposición en el estado de derecho.

El año pasado marcó el ritmo negativo para naciones que parecían estar en la ruta democrática, como Hungría y Turquía. Su caída fue alentada por el cambio radical que Washington mostró al mundo. El presidente Donald Trump dio la espalda a las democracias internacionales y también experimentó un “declive acelerado de los derechos políticos y las libertades de sus ciudadanos”.

década perdida. En poco más de 10 años, 113 naciones mostraron retrocesos en libertades democráticas, mientras que sólo 62 tuvieron mejorías.

Freedom House evalúa anualmente el desempeño de las democracias alrededor del mundo y las califica en una escala de 0 a 100. Los resultados del reporte Freedom in the World 2018 son poco alentadores. En poco más de una década, 113 naciones mostraron retrocesos notorios, mientras que sólo 62 tuvieron mejorías respecto a su situación previa.

El aparente retiro de Estados Unidos, como punta de lanza en las defensa de los derechos civiles y la libertad, no fue el único factor que agudizó la crisis. Proliferaron “autócratas envalentonados” que sometieron a sus poblaciones a través de la violencia y la simulación de procesos democráticos. Otros países se hundieron en la descomposición que la corrupción provoca, apuntó Michel J. Abramowitz, presidente de Freedom House.

El estudio evaluó el estado de libertad en 195 países y 14 territorios durante 2017. El puntaje con el que fueron rankeados resultó de la medición de 25 indicadores que califican el grado de libertad sobre derechos políticos y libertades civiles. Los resultados reflejan la libertad de los ciudadanos, no de las clases gobernantes.

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En picada

El saldo de los últimos 12 años mostró que Turquía perdió 34 puntos respecto al  índice global. El país que desde 2014 gobierna el presidente Recep Tayyip Erdogan es el que más signos da de virar hacia un régimen totalitario. Los episodios de represión en protestas civiles son comunes, la censura en los medios se extiende y las relaciones con otras democracias se enfría.

Los turcos no son los únicos. En el fondo del listado también figuran la República Central Africana, Mali, Burundi y Bahréin, países que de acuerdo con Freedom House perdieron entre 25 y 30 puntos en el índice democrático global. De esas naciones, sólo Mali fue clasificada como una democracia parcialmente libre, el resto fueron catalogadas como naciones sin libertad.

Latinoamérica no se queda atrás. En Venezuela las garantías civiles y políticas elementales se desmoronaron durante los regímenes de Hugo Chávez y Nicolás Maduro. Su retroceso en los últimos 12 años suma 22 puntos y su clasificación apenas logró 26 enteros en 2017. Junto con Cuba son los únicos dos países de la región calificados no libres.

Sin tomar en cuenta a Cuba, no considerado por Freedom House como una democracia, Venezuela, Nicaragua, Honduras, República Dominicana y México encabezan el top cinco de los países latinoamericanos que mayores signos de retroceso democrático mostraron.

De acuerdo con los estándares medidos, México es un país parcialmente libre, con una medición de 62 puntos sobre 100. La corrupción asociada a las esferas políticas, la violencia dominada por los grupos criminales y una serie de asesinatos cometidos contra periodistas dinamitaron el estado de derecho y la democracia para los mexicanos en el último año, advierte el reporte.

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China y Rusia las amenazas

La onda expansiva que provocó la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca y el giro que ha dado a la política internacional estadounidense, advierte ya un cisma que amenaza al resto de las democracias mundiales.

›La llegada del presidente Trump, considerado un outsider en Washington, rompió el equilibrio histórico que Estados Unidos encabezó desde el final de la Guerra Fría, de acuerdo con el análisis de Freedom House.

La organización consideró que el aparente retiro de Washington como una democracia modelo y como la cabeza de la lucha y defensa de las libertades civiles y políticas, alentó el desafío de los regímenes autoritarios, encabezados por Rusia y China, considerados como las mayores “amenazas” para la democracia mundial.

Sin embargo, el cambio sobre la percepción, no sólo del presidente en turno, sino de la sociedad estadounidense sobre la valía de la defensa democrática no se gestó en el año que el 20 de enero pasado Trump cumplió en la Oficina Oval.

El giro, según el reporte, fue construyéndose a partir de la presidencia de George W. Bush a través de las justificaciones para comenzar las guerras en Irak y Afganistán, dos conflictos que oficialmente siguen abiertos y que han costado miles de vidas de ciudadanos estadounidenses, así como miles de millones de dólares.

parteaguas. En 2006, el número de países con avances y retrocesos, en libertades y derechos eran muy similares. Una década después, los países con restricción de libertades son el doble que el grupo de naciones con libertades.

La erosión social que las dos guerras en Medio Oriente provocaron sobre la participación de Estados Unidos en el escenario internacional se agudizó entre 2008 y 2009, por la última gran crisis económica que reventó el desfonde del sector inmobiliario en ese país.

La promoción de la democracia no sólo quedó vinculada con la guerra, sino que el vínculo se extendió hacia altos costos que fueron directamente transmitidos a los diferentes estratos de la sociedad estadounidense. Menguado en su capacidad de influencia internacional, la política exterior del expresidente Barack Obama sólo se consolidó en el discurso democrático; sin embargo, las acciones directas fueron “cortas” y mostraron “una reducida capacidad de Estados Unidos para influir en los acontecimientos mundiales y de la voluntad de los estadounidenses para respaldar dichos esfuerzos”.

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America First

El lema de campaña que acompañó al presidente Trump hasta el día de su toma de posesión, el 20 de enero pasado, refleja la nueva dirección que Estados Unidos mantendrá durante su administración. Hostilidad en su política internacional, prioridad a los asuntos domésticos y amenazas a los tratados internacionales son algunos de los saldos de su primer año como presidente.

El mandatario estadounidense ha enviado señales poco alentadoras sobre su percepción de los ideales democráticos. Freedom House destaca las pocas referencias discursivas que Trump hace de la palabra “democracia” en sus visitas internacionales e incluso cuestiona las frases de admiración que ha hecho de líderes mundiales como el presidente ruso, Vladimir Putin.

La nueva dirección de la política estadounidense arrojó una pérdida de tres puntos en el índice global de Freedom House. Una de las causas del retroceso democrático fue la creciente sospecha de la intervención rusa en las elección de noviembre de 2016, así como la aparente inacción de la administración Trump para evitar una nueva interferencia.

La Casa Blanca también abonó. El análisis señala la falta de capacidad del presidente para separar su responsabilidad como mandatario de su imperio empresarial. El reflejo más claro del alejamiento de los estándares éticos y democráticos fue el nombramiento de Jared Kushner, su yerno, como asesor especial, y de miembros de su gabinete con claros conflictos de interés.

El gobierno federal también minó su transparencia. El mismo presidente Trump se negó a publicar su estatus fiscal. A esto se sumó una larga lista de declaraciones falsas o dudosas, así como la guerra abierta que mantiene con la prensa. Todos fueron eventos que empujaron a la pérdida de puntos en el índice global para los estadounidenses.

En Venezuela las garantías civiles y políticas elementales se desmoronaron durante los regímenes de Hugo Chávez y Nicolás Maduro. Su retroceso en los últimos 12 años suma 22 puntos y su clasificación apenas logró 26 enteros en 2017.

Para el final de 2017, Estados Unidos sumó 86 puntos de 100 y se posicionó por debajo de Francia, Alemania y el Reino Unidos, democracias líderes que históricamente eran lideradas por Washington, destacó el informe.

La erosión de las libertades de una nación provoca efectos en dominó para el resto de los países democráticos. Mientras Estados Unidos le da la espalda al mundo, en Myanmar, el régimen militar simula una limpia étnica contra la comunidad musulmana de los Rohingya, con la complicidad de China.

Algo similar ocurre en Turquía que arremete militarmente contra la minoría kurda, lo que la abrió camino para intervenir en el conflicto armado en Siria e Irak. En Medio Oriente, los regímenes autoritarios de Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos y Egipto juegan sus fichas para desestabilizar a Libia y Yemen, y para bloquear económicamente a Qatar.

Los cambios nacionales tienen efectos mundiales. Freedom House consideró que en 2018, el foco del mundo debe apuntar a los procesos electorales en México, del que consideró será una prueba para el gobierno que no ha combatido la violencia y la corrupción, así como en Afganistán e Irak. También será importante la evolución de los regímenes en Angola, Macedonia, Sudáfrica y Estados Unidos a favor de la democracia.

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