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Jorge Díaz Elizondo

Independientemente de que existan muchos interesados en ocupar la silla presidencial en 2018 y todos comiencen o hayan comenzado la carrera para llevar la bandera de su partido o grupos de interés (por el surgimiento de las candidaturas independientes), pocos serán los que tengan posibilidades reales de prender al electorado mexicano.

Inclusive el sempiterno candidato, López Obrador, que lo será porque así lo quiere él, sus huestes y hasta los medios de comunicación afines o no, puesto que su presencia es muy redituable para atraer audiencias, deberá pensar bien cuál será su estrategia si quiere regresar al menos a los números de las elecciones de 2012.

Lo digo porque en estas elecciones intermedias no fue sólo el hartazgo de los ciudadanos el que se reflejó en las boletas electorales, también fue la fascinación por votar a favor de un personaje que los hiciera sentirse identificados o que los hiciera reír o que fueran el pretexto perfecto para burlarse de la clase política. Así, sin más razones.

Ni modo, pero también hay que apuntar que el triunfo de algunos candidatos fue producto de la ignorancia y la poca seriedad con la que se toma por parte de los mexicanos la importancia de ser gobernados por alguien.

Tomando en cuenta estos elementos, la construcción de una candidatura tendrá no sólo que considerar experiencia, habilidad política, estudios, capacidad de liderazgo y todo el conocimiento que un presidente debe tener para hacerse cargo de un puesto tan importante; deberá también tomar muy en serio el carisma, el arrastre de masas mediante la simpatía, el discurso que incendie, le rebeldía necesaria para aglutinar el descontento y la atractivo físico para interesar a quienes no ven propuestas ni historial, sólo la fachada.

Yo creo que ningún entrenador de fútbol sería de la idea de alinear en la delantera del equipo América a Agustín Carstens, como yo no sería partidario de poner a Cuauhtémoc Blanco en la delantera de un gobierno, pero así se están dando las cosas, por lo que si se quiere ganar quizá deberán considerarse elementos que antes no eran necesarios.

La reflexión me lleva a pensar en la construcción de una candidatura tipo Peña Nieto…

¡oh no!

Está película ya la vimos. Cada pueblo tiene el gobierno que se merece.

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