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Jorge Díaz Elizondo

Los casos de Iguala, Tlatlaya, Chihuahua, Michoacán, Tamaulipas, Sonora, los que se acumulan del sexenio pasado y las bombas que están por explotar, sólo generan lamentos.

Los casos de Iguala, Tlatlaya, Chihuahua, Michoacán, Tamaulipas, Sonora, los que se acumulan del sexenio pasado y las bombas que están por explotar, sólo generan lamentos.

¿De qué sirve la opinión pública? Con la apertura que se dio a inicios de siglo a la libertad de expresión y la posterior aparición de las redes sociales, se decía que la participación de los informados y los no tanto, enriquecería la vida ciudadana del país y sobre todo, pondría en estado de alerta a políticos y autoridades en sentido de activar una genuina preocupación por parte de ellos a hacer bien las cosas. Nada más falso. Que ahora sí se sentirían vigilados. Los hechos demuestran lo contrario. Por mucho ruido que se haga, honrosos y poco sustanciales han sido los casos en los que se les ha podido ‘amarrar’ las manos a quienes ostentan el poder. La impunidad de la clase política está a la vista de todos.

¿De qué sirven las vidas perdidas de los periodistas? Derivado de la libertad de expresión, la vida de valientes reporteros se ha perdido en vano. Si supieran que sus investigaciones y reportes no han cambiado de fondo el sistema político de México y que la colusión entre autoridades y criminales sigue dictando la vida de millones.

¿De qué sirve la inteligencia? Desde el sexenio de Felipe Calderón se cacareó la ofensiva contra el crimen organizado que no ha hecho otra cosa más que atizar el problema. En este sexenio, se presume haber detenido al ‘Chapo’ y al operador financiero de los Beltrán Leyva sin una bala, producto de la inteligencia del gobierno, dicen; sin embargo, no se ha podido desarmar a los grupos de la delincuencia organizada, encontrar la verdad en casos de abuso del ejército o prevenir casos como el de Guerrero, donde policías en complicidad con criminales mataron a estudiantes.

¿De qué sirve la alternancia? El país, los estados y municipios, han experimentado el cambio de colores en sus gobiernos con la esperanza de cambiar la lógica que por décadas marcó el estilo de gobierno del partido dominante y la práctica de quienes asumen el poder se iguala, y en algunos casos se magnifica en cuanto a la tradición de la corrupción y opacidad para gobernar.

¿De qué sirve la Democracia? La apertura democrática en México sólo ha servido para crear más partidos políticos que intentan por todos los medios acceder al poder y así, gozar del presupuesto. Ninguno ofrece alternativas, ninguno incluye a la sociedad que vota por ellos, todos se rodean de sus camarillas y aspiran a la impunidad que representa pertenecer al gremio.

¿De qué sirven las reformas? En un país donde la comisión anti-corrupción está atorada en el recinto legislativo, las reformas estructurales sólo le llevarán mucho dinero a los bolsillos de empresarios voraces y funcionarios sin ética ni moral.

¿De qué sirve lamentarnos si nadie nos va a ofrecer consuelo?

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