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Juan Carlos Rodríguez, Tomás de la Rosa, Jonathan Nácar y Olinka Valdez

“¡Ténganme paciencia!”, ha suplicado en 24 ocasiones el presidente Andrés Manuel López Obrador desde que asumió la Presidencia de la República hace un año.

Sus argumentos son que sus antecesores le dejaron un “cochinero”, un país “destruido”, “en quiebra” y por lo difícil que es mover al “elefante reumático y mañoso”, como suele llamar al aparato de gobierno.  

Un año ha transcurrido desde que llegó a Palacio Nacional y López Obrador tiene pocos números que presumir: este año será el más violento desde que se comenzaron a contar los homicidios, la economía está estancada, la aprobación presidencial comienza a menguar y no hay una fuente oficial que respalde la creencia de que el pueblo está “feliz”.

López Obrador es el Presidente de la República que más reformas al articulado de la Constitución ha emprendido en su primer año de gestión, el que más viajes ha hecho a los estados, el que más conferencias de prensa ha ofrecido y el que ha causado una convulsión en la administración pública con sus políticas de austeridad, pero los logros tangibles se limitan a la entrega de apoyos monetarios o a actos simbólicos como la puesta en venta del avión presidencial, la apertura de Los Pinos como espacio cultural o la subasta de autos lujosos que utilizaban los “políticos neoliberales”. 

Duración 52 minutos de la primera mañanera.

Aunque esta falta de resultados no es del todo atípica. Figuras como la de López Obrador, que surgen de procesos electorales donde la rabia predominó sobre la razón, y que se ostentan como opción para romper con el viejo sistema, suelen tener periodos de aprobación más largos y, durante el arranque, su legitimidad está basada más en las expectativas que en los logros, afirma el consultor político Felipe Noguera, experto en opinión pública, cuando se le pregunta por qué la Cuarta Transformación ha resultado ser más retórica que realidad.

120 minutos de la mañanera del 27 de noviembre

Noguera, fundador y expresidente de la Asociación Internacional de Consultores Políticos (IAPC, por sus siglas en inglés) y quien ha participado como asesor en decenas procesos electorales en América Latina, sostiene que personalidades fuertes como la del tabasqueño poseen un “bono de tolerancia”, una reserva de paciencia que los hacen inmunes ante la falta de resultados en materia económica, de seguridad, justicia y prácticas democráticas.

“La gente, al haber tomado una decisión en gran medida basada en lo emocional, motivada por la rabia y el hartazgo, se queda con cierto grado de compromiso con el nuevo gobierno y tiende a darle más tiempo para que cumpla sus promesas”, refiere el consultor. 

Predilección. El mandatario suele otorgar más la palabra a medios digitales.

Esto significa que, ahora que López Obrador cumple un año al frente de la Presidencia, los balances que haga el electorado sobre si cumplió con las promesas clásicas de campaña en materia de economía, justicia y educación, no serán tan severos como en otras transiciones. “En el caso de México, la principal promesa que ha cumplido el Presidente es justamente la de la transformación, la de la transgresión, la noción de que ya no tienen el poder las viejas estructuras; y entonces, pivoteando sobre esa idea, es que López Obrador ha logrado mantener un grado de aprobación muy alto”.

El día más “triste”, con la 4T

Hasta antes de las elecciones del 1 de julio de 2018, en las que López Obrador resultó electo Presidente, el día más “triste” era el 19 de septiembre de 2017, cuando ocurrió la serie de sismos que causaron severos daños en Oaxaca, Puebla, Veracruz, Morelos y Ciudad de México.

›De acuerdo con la herramienta “Estado de ánimo de los tuiteros en México” del Inegi, que mide el sentimiento de las conversaciones en la red social Twitter, ese día hubo 61% de comentarios positivos contra 39% de negativos, lo que da un índice de 1.51.

Pero desde que el tabasqueño se alzó con el triunfo, se han impuesto tres nuevos récords en el desánimo de los internautas. El primero, según la plataforma del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), tuvo lugar el 29 de octubre de 2018, al día siguiente de que se anunciaron los resultados de la consulta en la que ganó el proyecto de Santa Lucía y se canceló la construcción del Aeropuerto en Texcoco.

Obstáculos. Migración, violencia y Santa Lucías han sido los temas más controversiales del primer año de López Obrador.

Ese día hubo 60% de comentarios positivos contra 40% de negativos, con un índice de 1.49. Es decir, el humor social bajó dos décimas de punto.

López Obrador no llevaba ni dos meses despachando como Presidente, cuando ocurrió otra tragedia que pegó en el ánimo de los usuarios de las redes sociales. El 19 de enero, al día siguiente del estallido de un ducto en Tlahuelilpan, Hidalgo, que dejó más de cien personas muertas, el estado de ánimo cayó a 1.45 puntos, resultado de un 59% de comentarios positivos contra 41% negativos.

Desde el 1 de enero de 2016, fecha en que el Inegi comenzó a hacer la medición, el estado de ánimo no había caído tanto como ocurrió el 18 de octubre de 2019, que coincide con los hechos de violencia en Culiacán, Sinaloa, y la captura-liberación de Ovidio Guzmán López. Ese día, el 55% de los comentarios fueron positivos contra 45% negativos, lo que da un registro de 1.23, puntaje nunca antes visto desde que existe la herramienta.

Pero si bien las tragedias y las decisiones políticas repercuten en el estado de ánimo de la gente, la situación económica abona a la sensación de desconfianza y a las bajas expectativas de los consumidores.

En los primeros tres trimestres del gobierno de López Obrador, la economía mexicana registró un estancamiento que lo ubican como el periodo con el peor desempeño del Producto Interno Bruto (PIB) en un inicio en los dos últimos sexenios. Además, es la primera contracción en una década para un periodo enero-septiembre.

En 2019, en el segundo y tercer trimestres, el PIB registró contracciones. Así, de enero a septiembre de 2019 se reportó una ligera baja de 0.03%, que si bien es marginal, contrasta con el incremento de 1.41% registrado en los tres primeros trimestre en el arranque del sexenio de Enrique Peña Nieto y el incremento de 2.14% registrado en el mismo periodo del inicio del sexenio de Felipe Calderón Hinojosa.

Otros periodos de contracción económica se presentaron en el arranque del sexenio de Vicente Fox, con una baja de 0.28% del PIB, pero eso fue resultado de la desaceleración económica global. El peor escenario económico se registró al inicio del mandato de Ernesto Zedillo con una baja de 6.09%, derivado del llamado “error de diciembre”.

En materia de impuestos, mientras el PIB en los primeros nueve meses del año se registró cero crecimiento, la recaudación del Impuesto al Valor Agregado (IVA) se disparó más de 33%. A valor presente, de diciembre a septiembre pasado, entraron a las arcas de la nación 0.79 billones de pesos, lo que significa un monto 33% más alto que igual periodo de la administración de Peña Nieto y 40.7% más frente a igual lapso de la gestión de Felipe Calderón.

La gente, al haber tomado una decisión en gran medida motivada por la rabia y el hartazgo, se queda con cierto grado de compromiso con el nuevo gobierno y tiende a darle más tiempo para que cumpla sus promesas.”Felipe Noguera, consultor político.

Los mayores ingresos tributarios, como IVA o IEPS a gasolinas, junto con la desaceleración económica tienen un fuerte impacto en el consumo familiar. En los primeros 11 meses de la presente administración las ventas por parte de las más de 59 mil tiendas de los agremiados de la Asociación Nacional de Tiendas de Autoservicio y Departamentales (ANTAD) registraron ocho meses con contracción real en ventas y solo tres (mayo, junio y agosto) con incrementos reales.

Ese comportamiento es mejor respecto al mismo lapso del gobierno de Peña Nieto, que registró solo en marzo de 2013 un incremento, aunque es peor al arranque de Felipe Calderón, periodo donde los socios de la ANTAD reportaron siete incrementos reales (diciembre, enero, febrero, marzo, junio, agosto y septiembre) y cuatro bajas.

Los días más dolorosos

López Obrador confesó este miércoles que cinco han sido los peores días de su gobierno. Tres de ellos tienen que ver con hechos violentos, uno más con la economía en la imposición de aranceles por parte de Estados Unidos, y el quinto con política exterior, el asilo al expresidente peruano Evo Morales.

La masacre de la familia LeBaron, el llamado Culiacanazo y la explosión del poliducto en Hidalgo por el robo de combustible, son sólo ejemplos de hechos que se han extendido en el país y que, en este primer año de gobierno morenista, se han agudizado, especialmente los ataques a población civil y donde hay un número más nutrido de personas conviviendo; también las emboscadas a las autoridades, y los ataques a líderes sociales o funcionarios locales. 

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Aunque en su mayoría son delitos del fuero común, muchos de los casos tienen vasos comunicantes al crimen organizado. López Obrador ha asumido como discurso el pacificar al país y si bien en el último cuatrimestre no se reportó una alza en asesinatos, la tasa de homicidios dolosos por cada 100 mil habitantes se mantiene y es casi el doble que hace 18 años. 

En los primeros 11 meses del gobierno de Vicente Fox esta tasa era del 12.96, con Felipe Calderón fue de 8.84 y con Enrique Peña Nieto casi se duplicó, alcanzando 14.42. Con López Obrador la tasa de homicidios dolosos por cada 100 mil habitantes es de 21.40. 

Otro ejemplo. En los primeros cinco meses de esta administración, la incidencia de secuestros alcanzó un incremento del 26% en comparación con el mismo lapso del año anterior; lo cual implicó la mayor alza de casos en los últimos cuatro años.

Y sobre los delitos del fueron común en escenario es peor. Con un promedio de 4 mil 678 investigaciones abiertas por robo a negocio con violencia, la tasa que en octubre pasado alcanzó este delito del 40.85, ha sido la mayor registrada a nivel nacional desde el arranque del gobierno de Vicente Fox, cuando se reportó una tasa del 16.89, con 16 mil 795 averiguaciones. Con sus antecesores la tasa fue prácticamente la mitad, con Calderón se reportó una tasa del 12.24, y con Peña Nieto 21.11, con un total de 24 mil 847 expedientes. 

Administración de esperanzas

Para el 1 de diciembre, el presidente López Obrador habrá ofrecido 252 conferencias de prensa, recurso que en este año le ha servido para centralizar la narrativa de la transformación que desea emprender y tener mayor control de la información cuando el gobierno federal enfrenta momentos de crisis.

Luis Estrada, socio director de Spin Tallar de Comunicación Política, es la persona que mejor ha analizado la utilización de las conferencias mañaneras como instrumento de propaganda, control de la opinión pública y manejo de la agenda pública. 

—¿Es sostenible este modelo de comunicación para el resto del sexenio?

—Nosotros lo vemos agotado, pero aquí no es una cuestión de agotamiento, porque desde el inicio de su gestión, el Presidente decidió ocupar esta herramienta para comunicarse permanentemente con el pueblo a través de los medios, lo que provoca que tenga que ser repetitivo y muy poco noticioso.

—¿Crees que la falta de resultados hace que los mensajes del presidente pierda interés noticioso?

—El Presidente no siempre ha contado noticias importantes o tan relevantes como lo ameritaría lo que él llama la Cuarta Transformación de México. Es decir, si estuviéramos realmente en una Cuarta Transformación a la altura de Independencia, Reforma o Revolución, si México realmente estuviera cambiando así y a esa velocidad, pues necesitaríamos un canal 24 horas que informara de todo lo que está sucediendo. Pero la verdad es que está ocurriendo justo lo contrario: hay pocas buenas noticias de este cambio, porque hay una inercia y es muy difícil vencerla.

—¿Qué informa entonces el Presidente en sus conferencias?

—Pues realmente vemos más un ejercicio de propaganda que de rendición de cuentas o transparencia, porque cuando es cuestionado, el propio Presidente evade las respuestas, le da la vuelta a las preguntas, lo hemos documentado en varias ocasiones.

“Entonces si el Presidente tiene a las mañaneras como un ejercicio de propaganda, no importa si se agota o no, ya no es una conferencia de prensa normal, es más bien la hora y media diaria del Presidente. Mientras esto siga así, el modelo no se agota, pues el Presidente muestra que está trabajando todos los días. Quienes sólo ven al Presidente en la televisión dicen: ‘mira, hoy sí trabajó’, y de hecho muchos días en la agenda oficial el único evento público que tiene el Presidente es la conferencia”.

Sociedades “líquidas”

Si hoy las sociedades son “líquidas”, como las ha definido el sociólogo Zygmunt Bauman, se podría decir entonces que López Obrador es un experto en surf.

›El tabasqueño navegó en las aguas de una ciudadanía incrédula de las instituciones, desafecta hacia los partidos políticos, sin lazos sociales y familiares sólidos, y con altas dosis de incertidumbre sobre el futuro.

Para seguir con la terminología de Bauman, creador de la teoría de la “modernidad líquida”, López Obrador supo montarse en la ola de las esperanzas e insatisfacciones de una sociedad que hoy tiene más canales que nunca para expresarlas, principalmente a través de las redes sociales.

La duda ahora es saber si el presidente López Obrador tiene los conocimientos suficientes de “hidráulica” para darle cauce a esos ríos de expectativas contenidas y no termine desbordándolo la frustración colectiva. 

Sobre vorágine que ha significado el primer año de gobierno de López Obrador —desmantelamiento de instituciones autónomas, redireccionamiento del gasto hacia apoyos monetarios, declaratoria de defunción del neoliberalismo, austeridad a ultranza, tregua a las organizaciones criminales— el consultor político Felipe Noguera ha desarrollado una teoría que se complementa con la de Bauman.

Sumergido en el mundo de las encuestas y dedicado desde los años 80 a asesorar gobiernos de toda América Latina, Noguera asegura que López Obrador heredó la versión más “líquida” de la sociedad mexicana y que además tiene frente a sí el reto de reinventar las instituciones o crear nuevas, con el riesgo de que, en lugar de concretar una transformación, se den pasos hacia atrás y se fortalezca el caudillismo.  

“Yo tengo una mirada parecida a la de la ‘modernidad líquida’. Me gusta ver a la sociedad como un sistema que tiene dos grandes componentes: uno es la democracia, que se refiere a todo lo que tiene que ver con la expresión de los deseos de la gente y de las mayorías; en ese sentido, yo creo que cada vez tenemos más democracia, pues nos podemos expresar votando en elecciones y en plebiscitos, opinando en encuestas o expresándonos en foros y en las redes. Tenemos sociedades que expresan muchísimas prioridades o ideas.

“Y la segunda parte son los sistemas institucionales, lo que podemos llamar la república, y la república tiene que ver con cómo compatibilizamos las demandas y deseos de todos los grupos: este grupo quiere una carretera, este otro grupo quiere más educación y el grupo de más allá habla de ayudar a los adultos mayores. La política es el arte de hacer compatibles todos esos anhelos”, expuso Noguera, quien es fundador y presidente honorario de la Asamblea Latinoamericana de Consultores Políticos (Alacop).

La parte positiva de la “liquidez” de las sociedades, entre ellas la mexicana, es que plantea el desafío de reinventar algunas de las viejas instituciones o desarrollar algunas nuevas, opinó Felipe Noguera.

“Yo lo que veo en México y prácticamente en todos los países del continente es que nuestras instituciones no se dan abasto. Lo comparo con los servidores informáticos de una empresa, a los que cada vez se les meten más datos y más datos y más datos, que son las demandas de la democracia, pero el software ya no se da abasto, ya no hay espacio y necesitamos un upgrade”.

Noguera apunta: “Esta liquidez de la sociedad es justamente porque algunas instituciones, como los partidos políticos, las familias, los clubes y los sindicatos, que antes ayudaban a la comunicación de los ciudadanos, han dejado de servir para mantener el equilibrio; ahora con las redes sociales y el desprestigio de los partidos políticos no se están dando abasto”.

La parte positiva de la “liquidez” de las sociedades, entre ellas la mexicana, es que plantea el desafío de reinventar algunas de las viejas instituciones o desarrollar algunas nuevas, opinó Noguera, quien advierte un riesgo en el caso del mandato de López Obrador, ya que “en lo que se buscan nuevas formas para dar cauce a esa liquidez y nuevas formas de organización o de institucionalización, se recurre a dar un paso hacia atrás”.

Y se explica: “Esa transición como la que se vive en México es propicia para que la gente diga: ‘tengamos un caudillo, un hombre fuerte, una mujer fuerte, y volvamos a un sistema más personalista’. Al principio, eso a la gente le parece bien, que haya alguien que tome las decisiones que encaminen la transformación, pero después, cuando ya no decide bien o decide en favor de un grupo y en contra de otro, entonces esto hace crisis. La búsqueda de una figura fuerte en vez de ser un paso hacia adelante es un paso para atrás”.

Igual de felices con Calderón y Peña

En su conferencia mañanera del pasado 22 de agosto, López Obrador compartió con los reporteros una solicitud de información que le hizo un ciudadano. 

“Estoy ahora buscando la manera de contestar a esta solicitud que me hacen, que presentaron al instituto de la transparencia, donde me pide una persona que presente yo las pruebas, dice textualmente: ‘Solicito amablemente me proporcione el estudio o el documento que dé cuenta —de lo que dije— de que el pueblo está feliz, feliz, feliz’. Entonces, me llamó mucho la atención. 

“Vamos a contestar, nada más quería darlo a conocer. Sostengo que el pueblo está feliz, feliz, feliz. Y me voy a apoyar en una encuesta que hizo el Inegi recientemente, en donde la gente manifestó que está feliz, que está contenta. Esa es mi fuente, pero lo voy a hacer por escrito, formalmente, pero adelanto que esa es mi fuente”.

Sin embargo, la fuente más cercana a lo manifestado por el Presidente son los Indicadores de Bienestar Autorreportado de la Población Urbana, dados a conocer por el Inegi en agosto pasado.

Según la encuesta, en julio de 2019, en una escala de 0 a 10, la población mexicana dice tener 8.3 puntos de satisfacción con la vida, cifra idéntica a la obtenida en el mismo mes de 2018, cuando todavía gobernaba Enrique Peña Nieto. De hecho, el índice es muy parecido al 8.08 que tiene, en promedio, el gobierno anterior, si se toman en cuenta las mediciones entre enero de 2014 y octubre de 2018.

La encuesta del Inegi considera dominios específicos como relaciones personales, actividad u ocupación, vivienda, estado de salud, logros en la vida, perspectivas a futuro, nivel de vida, vecindario, tiempo libre, ciudad, país y seguridad ciudadana. Los números reportados en julio pasado son idénticos a los de julio de 2018, salvo por que con López Obrador creció el promedio de satisfacción con el tiempo libre (de 7.6 a 7.8), y la estancia en la ciudad (de 7.2 a 7.3).

En su capítulo sobre rangos de satisfacción, la encuesta de Inegi refiere que mientras en julio de 2018 había un 48.5% de mexicanos que se declaraban “satisfechos” con su vida, para julio de 2019 el porcentaje bajó a 47.3. Y mientras en julio del año pasado 1.6% de los encuestados se decía “insatisfecho” con su vida, la cifra se elevo a 2.2% en julio de este año, ya con López Obrador en la Presidencia.

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