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Rogelio Hernández López

Entre las y los reporteros de dos o tres generaciones atrás aprendimos que el mejor trabajo periodístico tenía que ser resultado de andar en la calle; es decir salir a preguntar, a testificar, a recopilar datos, a seguir una pista, verificarla y entregar a los editores que cuidaban las formas y a veces las intenciones. Esas prácticas han disminuido paulatinamente en la medida que creció la internet y fue más robusta la web. Aquellas formas de trabajar decayeron demasiado y no sólo en México.

Con esta evolución tecnológica, como causa principal, aparecieron decenas, cientos de aspirantes a influenciadores masivos (influencer, según el nuevo argot) que se alimentan en la web, que no tienen calle ni quieren tenerla, que son adoradores de la interpretación sin método de análisis, del comentario estruendoso, de la adjetivación facilona y muchas veces de circular presuntas noticias que conmueven sensaciones, pero sin contrastar, ni encontrar antecedentes ni verificar. Muchos periodistas han descendido a esas prácticas y se unieron a esos articulistas o columnistas improvisados.

Algunos reporteros de los de antes evolucionamos a columnistas pero inoculados de aquellos requisitos deontológicos que hoy muchas y muchos colegas —para fortuna del periodismo—dan muestras de recuperar y mejorar. En los hechos, aun cuando ser articulista o columnista mitiga las exigencias del manejo de datos y expresiones verbales, eso no es licencia para difundir información sin los criterios de veracidad, oportunidad y sobre todo aseverar como hecho completo lo que está en tránsito.

Temas que nos importan

Con esas reflexiones como contexto, refiero tres temas que, a pesar de peticiones específicas de opinar sobre ellos, no fue posible convertirlos en asuntos centrales de esta columna dedicada al periodismo y los medios mexicanos de interés directo de las y los periodistas. Son temas en proceso o explicaciones necesarias, que así deben manejarse con la obligación de seguirlos hasta que estén maduros para que las interpretaciones tengan todos los fundamentos:

Uno. En Veracruz, una querella pública dentro de la Comisión Estatal de Atención y Protección a Periodistas (CEAPP). Desde 2017 hay señalamientos de periodistas del norte del estado contra el Comisionado de la zona Norte, Pedro Alberto Díaz Cruz que también es periodista. En la semana, ahora por escrito se ratificaron esas denuncias mediáticas con exigencias de mejoría a ese organismo autónomo. El texto se entregó a la diputada Maryjose Gamboa Torales, presidenta de la Comisión de Atención y Protección de Periodistas en el Congreso de Veracruz. Ella ha insistido demasiadas veces en que la CEAPP debe reestructurarse y lo que debe confirmarse es la sinceridad de la diputada del PAN en mejorar esa instancia de protección y apoyo a periodistas o solo es autopromoción.

Dos. El acoso que padece Sergio Aguayo ante el Tribunal Superior de Justicia de la Ciudad de México (TSJ-CdMx) por el juicio de daño moral que inició en su contra el exgobernador de Coahuila y ex presidente del PRI, Humberto Moreira Valdés. La Magistrada de la Sexta Sala Civil del TSJ-CDMX, Delia Rosey Puebla, le estableció a Sergio Aguayo que debe depositar una garantía de 450 mil pesos para determinar, finalmente una condena. Al respecto el abogado de Sergio, Héctor Beristain Souza, explicó a un noticiero de La Octava que el caso tiene ya 3 años de abierto un juicio principal, que ha pasado por tres instancias y un juicio de amparo porque el primer “Juez favorecía abiertamente al político. Aguayo y sus abogados han ganado todas las veces y el tribunal es la tercera instancia. Aguayo escribió un twitt donde acusó que orden de depositar una garantía es “acoso judicial”. Falta lo que decida el tribunal y si el caso llega a la Corte, donde se ha generado suficiente jurisprudencia en favor del periodismo, especialmente cuando la información y las críticas se enfocaron a personajes con cargos públicos o incluso a empresas, como ocurrió hace unas pocas semanas con MVS que demandó y perdió ante Carmen Aristegui.

Tres. Duda por el concepto estamentación. En la columna anterior de este reportero que se difunde en 14 medios impresos y digitales se preguntó ¿Es posible un coloquio de redes de periodistas para su protección? Y entre otros, los colegas del muro de Facebook Aldea de periodistas le hicieron favor de difundirlo profusamente.

En el cuerpo del texto se escribió el párrafo siguiente:

“Hace falta que alguna instancia académica o los organismos internacionales ocupados en la defensa de la libertad de expresión y el periodismo promuevan estudios que nos indiquen cuántos periodistas somos en México, cuál es nuestra estamentación profesional y social, nuestra caótica organización, cuáles son las fortalezas que requerimos para poder protegernos individual y colectivamente”.

De entre los miembros de Aldea de periodistas, la colega Tania Castillo preguntó a su vez: ¿Estamentación profesional? ¿Quién escribió éso?… Estamentación me brincó y la RAE no la reconoce”.

Ante la duda, este reportero de los de antes, le respondió allí mismo:

“Qué requetebién que dudes y preguntes. Eso es básico en el reporterismo. Te explico. El concepto si está en sitio de la RAE, pero en su definición básica. Dice: “Estamento” Del b. lat. stamentum. “1. m. Estrato de una sociedad, definido por un común estilo de vida o análoga función social. Estamento nobiliario, militar, intelectual.”

“Agrego yo, en base a cualquier diccionario de filosofía o sociología: Estamento, es una categoría científica utilizada por los sociólogos estructuralistas para distinguir los niveles económicos y sociales.

“Ahora bien, estimada reportera. Si tu duda partió del sufijo: ción (Estament(o)ción. Este, por lo general denota acción. Y las reglas ortográficas reiteradas repiten lo siguiente: Las palabras que derivan de sustantivos o adjetivos, que guardan relación de significado, y que terminan en dor, tor, to, torio y do, llevan ción, con c al finalizar. .. Ejemplos: salvador – salvación… invento – invención… locutor – locución… dedicar – dedicación.

“En mi apoyo. Estudiar la estamentación profesional de las y los periodistas serviría para distinguir que entre nosotros los niveles son muy disparatados entre lo que hace, cobra y los efectos del trabajo de colegas como Pepe Cárdenas, Denise Maerquer, Julio (Astillero) Hernández, Raymundo Riva Palacio y muchos etcéteras comparado con lo que hago yo (cobro y significo) como reportero o lo que hacen y cobran precariamente los corresponsales de los estados. O como lo diría mi amigo el Charrascuas: “hay niveles, güero”. Y eso es lo que debemos estudiar para que se haga justicia.”

Hasta allí la respuesta de un reportero a la antigua que derivó en columnista, que no puede desprenderse de aquellas pautas de buscar los datos en vivo, en la calle; entender los procesos y no difundir como hechos terminados lo que está en proceso porque así deben explicarse lo mismo que el uso de las palabras precisas. Estas son nuestro instrumento principal. Lo contrario es fomentar nuestras oquedades, las debilidades profesionales.

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