Foto: Especial

Compartir

Redacción ejecentral

Kary Mullis, un químico, hablador, inquieto y poco convencional, desafió el estereotipo del ganador del Premio Nobel, galardón que obtuvo en 1993 por idear una técnica vital en la investigación y tecnología del ADN, murió el 7 de agosto en Newport Beach, California. Tenía 74 años de edad.

Nació el 28 de diciembre de 1944 en Lenoir, Carolina del Norte, y comenzó su vida cerca de North Carolina Blue Ridge. En la escuela secundaria demostró interés en la ciencia y la exploración científica al lanzar cohetes, impulsados por combustible químico casero.

Después de recibir un doctorado en bioquímica en Berkeley, Mullis investigó en otras universidades antes de unirse a Cetus Corporation, entonces una firma de biotecnología del área de la Bahía de San Francisco, donde dijo que «estaba trabajando cuando inventé la PCR».

Más tarde se convirtió en el jefe de biología molecular de otra corporación, Xytronyx Inc., en San Diego. Posteriormente, fue consultor freelance.

La técnica por la cual el Mullis obtuvo el Nobel de Química se conocía como reacción en cadena de la polimerasa, llamada PCR, para abreviar, y permitió a los científicos hacer millones o miles de millones de copias de un solo segmento pequeño de la molécula de ADN.

A menudo descrita como un hito importante de la bioquímica y la biología molecular del siglo XX, la técnica de PCR abrió el camino para una amplia variedad de estudios y aplicaciones del ADN.

Escritor, surfista y con una inquieta personalidad que una vez pasó de la ciencia a administrar una panadería, publicó una autobiografía titulada Dancing Naked in the Mind Field (Bailando desnudo en el campo de la mente, 1998), donde aparecía en su sobrecubierta con el torso desnudo y una tabla de surf debajo del brazo.

Entre las hazañas y aventuras por las que era conocido estaba la experimentación con la droga alucinógena LSD.

En su discurso al recibir el Nobel, dijo a los dignatarios reunidos que «seis años en el departamento de bioquímica no cambiaron mi opinión sobre el ADN, pero seis años de Berkeley me hicieron cambiar de opinión sobre casi todo lo demás».

Parecía escéptico de mucha sabiduría convencional, incluidas las teorías que se tenían ampliamente en la ciencia. Las dudas que lanzó sobre si el cambio climático fue provocado por el hombre o si el VIH causó el SIDA, ayudaron a que a que se le consideraba como un excéntrico que no encajaba en la comunidad científica.

Además, su aparente entusiasmo por la astrología y la supuesta afición por ideas como la proyección astral y la posibilidad de secuestro por parte de extraterrestres también llevaron a sus colegas científicos a mirarlo con recelo.

Su muerte fue por una insuficiencia cardíaca y respiratoria, dijo su esposa Nancy Cosgrove Mullis. (Con información de Los Angeles Times) NM

Compartir