Jose Luis Camacho

Años van y años vienen, pero la discusión al final de cuentas siempre es la misma: el presupuesto.

Es evidente que en nuestro país los recursos públicos no son suficientes, pero tampoco son bien aplicados. El criterio por medio del cual se privilegian ciertos programas, obras y partidas sobre otros no son claros. Si bien cada año la Cámara de Diputados se convertía en una gran caja de resonancia para presidentes municipales, gobernadores, diputados locales y sectores sociales para dar a conocer sus necesidades y buscar apoyos, desde el año pasado la cámara que representa a la soberanía nacional ha perdido esa aptitud.

A pesar de que constitucionalmente los diputados son representantes del pueblo y como tales gestionan en favor de sus representados, han recibido la indicación de no moverse y de confiar en la sabiduría de quienes confeccionaron el presupuesto, a la espera de que se rindan resultados. Sin embargo, sus comunidades y problemas no pueden esperar.

En los corrillos de San Lázaro, así como de las sedes alternas en donde los diputados se reúnen y dialogan sobre el presupuesto, son evidentes las quejas en torno a la insatisfacción de promesas de campaña y las exigencias de la población para que se les cumplan. No obstante, del dictamen que define el presupuesto de egresos sólo se ha logrado mover un ápice.

Mal augurio para mujeres y hombres que empeñaron su palabra y que cada semana, al volver a sus distritos y a sus entidades se enfrentan con la dura realidad de la promesa no cumplida, con la búsqueda de la reelección a la vuelta de la esquina.

Acción Nacional en el Senado

La capacidad, talento, experiencia y visión de mujeres y hombres que conforman al grupo parlamentario del PAN en la Cámara de Senadores son notables. No sólo en el discurso sino también en la coherencia y contundencia de sus acciones han logrado posicionar a su diezmada fuerza política como un partido de oposición y de balance de fuerzas al interior del congreso.

La UNAM bajo fuego

Por segunda ocasión, el campus universitario en la Ciudad de México ha sido blanco de protestas porriles que se han traducido en intimidación para el alumnado, así como en daños cuantiosos a las instalaciones y murales. Las razones de la violencia no se conocen bien a bien, pero lo que es un hecho es que en el faro del conocimiento, la cultura, la investigación y la docencia convivimos permanentemente con la ignorancia, la cerrazón y el avasallaje.

@jlcamachov

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