Luis M Cruz

1. En el posicionamiento mediático y político que está proyectando Andrés Manuel López Obrador, destaca cierta moderación en el discurso, pero no en sus posiciones, que siguen guardando congruencia con lo que ha propuesto en los últimos doce años: regresar a México al pasado, esto es, desmantelar reformas profundas a las que responsabiliza de la actual situación, como son las reformas salinistas de reducción del Estado y apertura al exterior y las reformas estructurales recientes, sobre todo la energética, educativa, fiscal y de telecomunicaciones. Sin duda resulta peculiar ver y planear el futuro con la mirada en el pasado suponiendo que el tiempo pasado siempre ha sido mejor, a la manera del insigne poeta castellano Jorge Manrique.

2. El posicionamiento que el proverbial señor López registra en las encuestas le ha situado como el objetivo a vencer de los demás partidos. Siendo el puntero ante la ausencia de competidores definidos y sin que el proceso electoral federal para el 2018 haya formalmente iniciado, se vuelve naturalmente la referencia. Se ha beneficiado tanto del malestar general como del declive de balances y resultados en el acontecer nacional, lo que ha sido campo propicio para el populismo y el rebrote del nacionalismo. En esto le ayuda la actitud hostil asumida por el nuevo gobierno norteamericano, que al atacar injustamente a nuestro país y los migrantes, le proporciona un sustento adicional al discurso reivindicatorio.

3. En una circunstancia así, el corrimiento al centro y la mesura le ha acumulado puntos en la percepción como opción de gobierno, esto es, de racionalidad en el actuar, lo que acentúa sus posibilidades como “finalista”, dicen ahora los medios, en las elecciones presidenciales, pero también como punto de referencia en la política nacional en donde todos parecieran estarse nucleando para detener a López Obrador, el proverbial enemigo a vencer en los próximos comicios, que lo mismo nutre imaginarios pactos para cerrarle el paso como dimensiona las aspiraciones de los numerosos contrincantes. Al momento, prácticamente ha terminado de engullir al PRD, el partido que le respaldara en las dos carreras presidenciales anteriores, siendo su mayor logro el haber concluido 25 años de esfuerzos por la unidad de la izquierda con el planteamiento de un solo candidato, él, para todas las izquierdas. Conforme termina de desmoronarse el PRD, el único candidato de Morena, porque no hay otro, podría convertirse en el candidato único de las izquierdas porque pareciera que la gente lo que hoy quiere es populismo.

4. No parece probable que la posición alcanzada en solitario se erosione en el corto plazo y López Obrador habrá de arrancar en una posición avanzada, en la que puede cometer errores, pero también incentivarle a extremar cautelas. Su juego ahora corresponde al de la “profecía autocumplida”, en la cual los movimientos de sus adversarios para frenarle en realidad le fortalecen, al no haber formado parte de ningún arreglo anterior en la actual distribución del poder. Hay también quienes piensan que en realidad su caso es el del “choque de trenes”, en donde él ya se apropió de una buena locomotora y sólo estaría esperando alguna otra que pudiera enfrentarlo, enfilándose a una colisión definitoria sobre el proyecto de nación que habrá de enfrentar al populismo contra el liberalismo en cualquiera de sus versiones, de centro o de derecha.

5. En todo caso, Morena es el fenómeno electoral de este tiempo, habiendo desfondado a la izquierda, apropiándose de su numerario, como también impulsado la colecta de importantes fracciones del voto para un partido que se presenta por vez primera a elecciones con la promesa de hacer del futuro un retorno al pasado.
Pentagrama es un espacio de opinión y estudio de la realidad, en el que se analizan, con enfoque prospectivo, los hechos de la política y del acontecer legislativo.

Compartir