Mauricio Gonzalez Lara

Quizá ya sea demasiado tarde para cancelar el Apocalipsis; quizá, como predicen los científicos más pesimistas, el cambio climático ha cruzado un punto de inflexión del que ya es imposible regresar; quizá el fin de la humanidad esté a la vuelta de la esquina y toda sea fútil. Pero seamos optimistas: quizá aún estemos a tiempo de parar la hecatombe. De ser el caso, la única manera de garantizar la ejecución de acciones sistemáticas que permitan preservar al mundo es a través de asegurar que las generaciones futuras no bajen la guardia y redoblen los esfuerzos iniciados por las anteriores. Bajo esta óptica, la educación infantil en torno a la protección de la diversidad resultará clave para la sobrevivencia del planeta en los años por venir.

Más que limitarse a proporcionar contexto sobre la problemática que enfrenta la biodiversidad, la educación ambiental debe aspirar a ser un proceso integral que busque crear espacios permanentes de reflexión acerca de cómo nuestros hábitos y acciones diarias impactan de manera positiva o negativa al ecosistema. Es imperativo comenzar desde temprana edad. La educación ambiental no puede restringirse al salón de clases, sino que debe contemplar también experiencias vivenciales en espacios naturales que los hagan sentir parte del medio en el que se desarrollan La empatía es esencial, y esta sólo se crea vinculándose directamente con la naturaleza.

El sector privado puede ayudar sustancialmente en este aspecto, en especial en naciones como México, donde los recursos públicos son francamente insuficientes para hacerle frente al problema. Algunos esfuerzos ya están a la vista. Lanzadas en 2010, las Eco jornadas LTH, programas que invitan a estudiantes a recorrer jardines y parques emblemáticos en diversas partes de la República Mexicana bajo la orientación de ONG´s y educadores ambientales especializados en el tema, comenzaron a impartirse en el año 2010 y hasta febrero de 2019 habían atendido a 592, 254 niños y adultos en escuelas primarias y 32 parques de distintas ciudades de México, con un impacto indirecto en sus familias y entorno inmediato que asciende a más de 2 millones de mexicanos.

La próxima Eco Jornada LTH se realizará en el Parque Ecológico Chipinque, ubicado en el municipio de San Pedro Garza García, Nuevo León, el cual abarca 1,791 hectáreas que forman parte del Parque Nacional Cumbres de Monterrey y corresponden a la primera hilera de grandes montañas de la Sierra Madre Oriental. Como parte de su Programa Nacional de Educación Ambiental, LTH, marca de baterías para automóvil líder del país, llevará a cabo una Eco Jornada este 21 de febrero en el Parque Ecológico Chipinque, dirigido a estudiantes de la Escuela Primaria General Ignacio Zaragoza. Una de las características más importantes del Programa de Educación Ambiental es que los niños que viven la Eco Jornada tienen la oportunidad de desarrollar las habilidades en entornos naturales, y al regresar a casa pueden transmitir a su familia buenas prácticas ambientales. Es así como se transmite el respeto al ecosistema y los valores para relacionarse positivamente con la naturaleza.

La elección de Monterrey no es gratuita: en 2018 fue la ciudad más contaminada de México, de acuerdo a estudios de la Organización Mundial de la Salud (OMS). La capital de Nuevo León, junto a los 11 municipios que la integran, es la tercera ciudad más poblada de México y vive en continua alerta ambiental por la mala calidad del aire. La idea de las Eco Jornadas es inspirar a la defensa local de la biodiversidad para, juntos, constituir un frente amplio de resistencia para toda la nación. Es una acción de Responsabilidad Social Empresarial orientada a la infancia que merece mayor difusión y estudio.

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