Ana Saldaña

Parecería que hoy en día todos los comercios han encontrado la excusa perfecta para hacernos correr a la chocolatería más cercana o gastar un dineral en flores para esa persona especial con esto del 14 de febrero. No quiero ser la cascarrabias de San Valentín, definitivamente creo y agradezco mi fortuna de contar con un compañero de vida incondicional, así como familia y amigos solidarios que están presentes tanto en las buenas, como en las malas.  Pero, ¿cómo podemos festejar este día, sin caer en la vorágine del comprar y comprar? ¿Será que debemos hacer una pausa y ver qué es lo verdaderamente importante en este día?

Si nos remontamos a los orígenes del día de San Valentín, estos se encuentran en las épocas romanas y luego fueron transformados en el tiempo por la iglesia católica. En la antigua Roma cuentan que Valentín era un sacerdote que vivió en el Siglo III en Roma y que cuando Claudio II prohibió el casamiento de su ejército, porque se percató que los hombres solteros eran mejores soldados que los casados, Valentín entendió lo injusto del decreto y continuó a celebrando matrimonios entre jóvenes enamorados. Esto naturalmente lo llevó a la muerte. Otra leyenda cuenta de otro mártir de nombre Valentín, quien encontró su muerte por ayudar a los cristianos a escapar en las prisiones romanas, no sin antes en prisión, enamorarse de la hija de uno de sus celadores y mandarle la primera carta firmada departe de su Valentín, convirtiéndolo en la Edad Media en uno de los Santos más populares, por su carisma y valentía en Inglaterra y Francia. Años después fue la iglesia católica quien decidió utilizar la fecha del aniversario de la muerte de San Valentín para cristianizar la celebración pagana del festival de Lupercal. En la antigua Roma esta era la época de purificación que marcaba el inicio de la primavera y que terminaba con el festival de la fertilidad dedicado a Fanus, el dios romano de la agricultura, así como los fundadores de Roma Rómulo y Remo. Esta celebración incluía una lotería de nombres para formar nuevas parejas de enamorados, lo cual a la iglesia católica no le pareció. El Papa Gelasio declaró el 14 de febrero el día de San Valentín en 498 D.C. y después en la Edad Media, dado que el 14 de febrero se consideraba el inicio de la temporada de apareamiento de pájaros, se vinculó además esta fecha con un día de romance.

A través de los siglos esta costumbre se popularizó, haciendo común que amigos y amantes se intercambiaran pequeños detalles que mostraran su afecto o enviaran notas escritas a mano. Con el tiempo, las tarjetas comenzaron a reemplazar las notas escritas a mano y después con la reducción en los costos postales hicieron que se popularizara aún más mandar estas tarjetas.

Hoy en día, con la tecnología cada vez es menos común recibir cartas escritas a mano, si tienes tiempo, recomiendo hacerlo, aunque no la mandes vía correo postal. Es un gran regalo recibir una carta de tu ser querido, que seguramente será atesorada en el tiempo. Si eso no es lo tuyo, recomiendo mandarle un correo a tus amigos y seres queridos para que sepan cuánto aprecias su amistad. En el caso de tu pareja, ten un gesto amable con ella, consiéntela para que se sienta especial. Aprovechemos para remontarnos a sus orígenes y ofréceles un Día del Amor y la Amistad a nuestros seres queridos poniendo tu corazón y no tu bolsillo.

Espero que tengas un maravilloso Día de San Valentín y; ¡recuerda hay que buscar el sabor de la vida!

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Y de regalo de San Valentín, te comparto las galletas que de niña preparaba en estas fechas con mi mamá para agasajar a amigos y seres queridos:

Galletas de Azúcar de mi Mamá

3 tazas de harina
¼ cucharada de polvo para hornear
1 taza mantequilla (a temperatura ambiente)
1 taza azúcar
1 pizca de sal
2 huevos
3 Cucharadas de leche con 1 cucharadita de Bicarbonato.
Azúcar roja para espolvorear. (Se puede comprar o hacer en casa combinando una taza de azúcar con 3 gotas de colorante vegetal rojo)

Mezclar todos los ingredientes menos el azúcar roja hasta que todo esté incorporado. Extender con la ayuda de un rodillo y cortar en formas deseadas utilizando un molde en forma de corazón. Espolvorear con azúcar. Cocinar en horno a 350F por 12 minutos.

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