Ricardo Eguia

Aunque muy adentrados en los días del nuevo año, procede externar los buenos deseos de paz, fraternidad y éxitos, todo como en una especie de buenos propósitos de renovación colectiva explícita…

Pero el pasar de un año a otro no implica desafortunadamente borrón y cuenta nueva, tampoco olvido fantasioso ni idílica desaparición del statu-quo y menos cuando lejos, muy lejos quedó la política que se basaba en los méritos y los valores, así como en los principios de honestidad, congruencia, lealtad y espíritu de servicio.

Conste que yo aspiro a escribir como en las novelas de ficción y de apariencias estimulantes para crear de la nada estados de ánimo favorables; pero así como el frío no se mitiga con cobijas virtuales tampoco la realidad nacional lacerante se borra con eufemismos, elipses, metáforas, ambigüedades, barbarismos, cacofonías o cualquier otro vicio del lenguaje.

Al dejar atrás el año viejo y entrar a difícil año 2018 la verdad es que tenemos los mexicanos escaso margen  para el optimismo y por tanto es un año crucial para tomar decisiones colectivas con coraje y sensatez…

Es un año definitorio y entre un manejo de sensaciones encontradas, tengo la impresión de que como decía Spinoza es el año para sacudirnos el fatalismo, el desánimo, los prejuicios y el derrotismo ante las turbulencias de la violencia criminal, de la violencia pre-electoral y los escenarios convulsos por la inflación arriba del 7% y contando; la devaluación que apunta por encima de los $21 pesos por dólar; aumentos en las tasas de interés y un entorno difícil para México si se materializa la amenaza cambiante y la incertidumbre prolongada por una salida abrupta de los EU del «TLC»  y ello con posible relocalización de empresas y fuga masiva de capitales ante el atractivo de la reforma fiscal que le ha sido aprobada a Mr. Trump con enorme rebaja de impuestos, que reduce el margen de maniobra para México que no podrá reducir la carga impositiva por el abultado y escandaloso monto de la deuda pública colosal y por la cual este país tendrá que pagar a sus acreedores en este año y solo por intereses la abrumadora cantidad de $1,912 millones de pesos diarios, esto es, $698,170 millones de pesos (casi setecientos mil millones de pesos) por año, eso sin incluir la nueva deuda emitida por la SHCP del 03 de enero pasado por $3,200 millones de dólares y el 09 de enero pasado otra por $1,500 millones de euros y que a pesos devaluados suman casi otros cien mil millones de pesos de la deuda pública, hoy por hoy la peor y más desastrosa calamidad nacional.

El año que recién termina marcan la vida pública negativamente…

La inseguridad pública el mayor fracaso de los dos últimos sexenios…

El costo de la violencia en México equivale a un 17.6% del PIB por año según «Índice de paz 2017».

Luego entonces si prescindimos del léxico de la ciudadanía mal podemos hablar de libertades y de los derechos humanos…

Por ello debemos decir que en materia de inseguridad no hay ley ni reglas, salvo la Ley de la selva y desde el corazón de la tormenta se apilan 234 mil muertes dolosas sin investigar a pesar del ecosistema militar atosigante que se desplaza por las calles con «cartucho cortado», patrominialización militar anticonstitucional de la seguridad pública civil con guión anticiudadano non grato que entronca, después de once años de una «guerra» sangrienta fracasada, con una cauda de subproductos de la criminalidad como los secuestros, las desapariciones forzadas, asaltos, robos con violencia a la alza que advierte «abandono del Gobierno en sus tres niveles de la seguridad pública» así como de la persecución y sanción de los delitos conforme a derecho al dejar a la deriva el nuevo Sistema de Justicia Penal que con la militarización de muy dudosa constitucionalidad (LSI) ya no será posible el imperio de la ley, tampoco la saludable prevención de los delitos y mucho menos el respeto al «debido proceso» ni al principio de «presunción de inocencia».

Viscerales e irracionales regresiones en la «Ley de Seguridad Interior» y la reforma al artículo 1916 del Código Civil Federal, la primera para fosilizar en las calles a las Fuerzas armadas realizando labores de policía que no les corresponden y la segunda para imponer la inaceptable censura al internet y con ello a la libre expresión…Ambas expresiones torpes, autoritarias (Human Right Watch, ONU, CIDH, CNDH, ONGs etc) que no solo violan la Constitución sino también los Tratados Internacionales y ambas reformas con dejos de totalitarismo al más puro estilo de la Venezuela de Maduro.

Ante ese trampantojo se hace más ostensible la ausencia de un Estado social y democrático que garantice los derechos y las libertades, mucho menos el bienestar elemental de los ciudadanos y aquí procede recordar la añeja pero actual frase de T. Jefferson que reza: «Todo lo que la tiranía necesita para afianzarse es que la gente de buena conciencia permanezca en silencio».

Ahora bien, lejos del 30 de marzo, fecha en la que legalmente iniciarán las campañas electorales que concluirán el 27 de Junio y rumbo al primero de Julio fecha en la que se deberán renovar 3,400 cargos de elección popular donde la Presidencia de la República acapara todas las preocupaciones por la descarnada retórica de combate entre los precandidatos que perfilan otra encrucijada bélica post-electoral, dicho esto sin hipérbole alguna.

En efecto, si vemos en perspectiva la sucesión presidencial más allá de la ficción, de la idealización o de la mera alucinación rescato la siguiente frase pre-electoral que como estilete va a fondo al decir: «En México existe la extendida sensación de fragilidad a causa de la prematura osteoporosis de un barroco y debilitado aparato electoral (INE, Tribunal Federal Electoral, FEPADE) que permite la torpe y segada maquinación propagandística, la bobalicona publicidad chayotera; pre-campañas mortecinas y de bostezo en materia programas ni propuestas como lamentable electrocardiograma plano que contrasta con el intercambio de insultos, ataques, desprestigio entre los precandidatos que adelanta otra brutal crisis de violencia electorera sin ninguna idea innovadora que aporte mejor nivel más allá de las bravatas y embustes para incautos, lo que hace suponer que el desvencijado «tren» en que se transporta la radicalización para el fraude anunciado, pasará de bajada y sin detenerse en la vieja y disfuncional estación de la «democracia fantasmal». (sic)

La verdad sea dicha: El mexicano promedio ya no es el de corta memoria ni fácil de engañar con promesas baratas recicladas o demagogia vulgar reflotada y por ende antes de votar estará valorando como hacerlo de tal suerte que no se repita «el más de lo mismo» como patología sexenal recrudecida.

Estarán preocupados para que la elección de julio próximo desemboque en resultados claros, transparentes y creíbles los poderosos así como los débiles; los mandones autoritarios y los obedientes sumisos;  los interesados y a los desinteresados del escabroso devenir nacional;importará también y mucho hasta a los poderes fácticos conscientes de que la liga se estiró al máximo con reformas privatizadoras vendidas como milagrosas y en los hechos altamente regresivas, perversas y altamente perjudiciales para la población y que se traducen en la apropiación amañada de los hidrocarburos de la Nación y el trasvase a los privados de los activos de «Pemex» y de la «CFE» que se traduce en la pesadilla de los atracos a campo abierto contra la población perpetrados por la SHCP y la «Comisión Reguladora de Energía» que en un extraño híbrido de intervencionismo estatal y «libre comercio» soltaron los jinetes del apocalipsis como un muy desafortunado, trágico, aciago inicio del año sumándole al pillaje del «gasolinazo» desestabilizador por sus graves reverberaciones altamente inflacionarios ahora también el asalto en despoblado en el precio del gas LP con un incremento del 42% y el atraco que significa el incremento al doble de las tarifas eléctricas en la industria y el comercio que desencadenan sórdidos y estragantes incrementos en los alimentos y con ello un tétrico escenario de «homicidio colectivo» desde el gobierno en pleno año electoral y que apunta a elecciones violentadas, agitación y posible desobediencia civil que como decía Miguel de Unamuno preocupa…»Me preocupa el futuro porque es donde vamos a  pasar el resto de nuestras vidas».

Serán pues impredecibles las elecciones si los «pre»-candidatos no cambian sus agendas y confirman en su inercial verbalismo inocuo, resistencia al cambio y aceleración persistente hacia la descalificación improductiva con discursos voluntaristas que miran al pasado, no enfrentan la realidad actual ni presentan articuladas propuestas que corrijan la indisciplina fiscal, el gasto público sin fiscalizar, eviten el desvío delincuencial de los recursos públicos, el excesivo y opaco «gasto corriente inútil» muy escasa inversión productiva que impide la reactivación de la economía con mediocre crecimiento, pobreza y explosiva desigualdad.

¡Los ciudadanos debemos incidir para que México ya no sea más el imperio de la corrupción ni el emblema de la impunidad…!

Para ello  se debe presionar a los «pre»-candidatos para que no sean omisos en torno al retraso deliberado en la implementación del «Sistema Nacional Anticorrupción», ni en las tretas para seguir postergando los nombramientos del Fiscal Gral. autónomo e independiente, así como del Fiscal y los Magistrados anticorrupción y el titular de la «Auditoria Superior de la Federación» que con Juan Manuel Portela reveló malos manejos y estafas con la participación discrecional de la SHCP  en  una extensa red de corrupción de funcionarios federales y Gobernadores que utilizaron empresas fantasma y hasta Universidades.

¡En fin, esto es lo que hay, queramos o no!

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