Juan Antonio Le Clercq

Discriminar implica excluir a personas de los beneficios de la vida social por motivos como raza, lengua, origen étnico, género, preferencia sexual o incluso por condiciones de pobreza. Representa una forma de desigualdad indebida en tanto se humilla a las personas y se le niega igual consideración en la dotación de bienes públicos, el acceso a la justicia o la protección de sus derechos y libertades.

La discriminación es un problema más común de lo que estamos dispuestos a aceptar en México y que en muchas ocasiones se combina con desigualdad socioecónomica para agudizar la marginación y reducir las oportunidades para aspirar a una mejor calidad de vida.

Esta semana Inegi presentó los resultados de la Encuesta Nacional sobre Discriminación 2017 (ENADIS), la cual presenta una fotografía de los grupos que enfrentan cotidianamente la discriminación en nuestro país. Lo primero que destaca que es que 20% de la población reconoce haber sido discriminada en el último año y que 56.6% de los hombres y 51.3% de las mujeres sufrió discriminación por su apariencia (tono de piel, peso, estatura, forma de vestir o clase social). En otras palabras, las principales formas de discriminación en México involucran racismo y clasismo.

Un dato importante es que las mujeres tienden a ser discriminadas principalmente por apariencia (51.3%), creencias religiosas (32.3%), edad (25.9%) y sexo (29.5%), mientras que los hombres suelen serlo por apariencia (56.6%), manera de hablar (27.7%), edad (26.9%) y creencias religiosas (24.8%).

Hasta once estados están en niveles por encima del promedio de discriminación (20.2%): Estado de Puebla (28.4%), Colima (25.6%), Guerrero (25.1%), Oaxaca (24.9%), Morelos (24.4%), México (24%), Ciudad de México (23.7%), Quintana Roo (23.6%), Tlaxcala (21.4%), Jalisco (21.3%), Tabasco (20.5%). Mientras que en Nayarit (13.1%), Nuevo León (14%) y San Luis Potosí (14.4%) las personas se sienten menos discriminadas y en los estados del norte del país se percibe menos discriminación que en el centro y el sur.   

Entre los grupos que han sufrido más incidentes de discriminación destacan las trabajadores del hogar remuneradas (39.1%), personas con discapacidad (30.9%), indígenas (29.2%), mujeres (25.8%), adultos mayores (24.8%), minorías religiosas (23.8%). Los actos de discriminación incluyen exclusión de actividades sociales, hacerlos sentir en forma incómoda, falta de respeto a sus costumbres, insultos o burlas, amenazas y agresiones, falta de oportunidades para trabajar o estudiar, falta de condiciones laborales adecuadas e incluso obligarlos a abandonar determinado lugar o comunidad.

Entre la información que falta en el estudio, destacan las oportunidades para participar en los procesos de toma de decisiones, la posibilidad de presentar denuncias ante la autoridad y el grado impunidad que prevalece en esto prevaleciente, así como problemáticas en acceso a bienes públicos que favorecen la inclusión social, como la educación o el trabajo.

La ENADIS nos acerca a un problema cotidiano en la vida pública nacional y que afecta profundamente la vida de millones de personas. Su información es más que relevante en un contexto donde todavía prevalece un discurso facilón que asume que la movilidad social depende de la voluntad personal y que convenientemente ignora las condiciones sociales y los obstáculos que enfrentan las personas y grupos que sufren discriminados. En un México plagado de graves problemas políticos, es hora de hacernos cargo de las consecuencias y procesos de retroalimentación de la exclusión y la discriminación.

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