J. S Zolliker

Por la importancia que representaba todo, salí más temprano de lo normal y llegué con tiempo de sobra a una reunión “discreta” a la que fui convocado en la embajada. Por ello y como tenía al menos media hora libre, me introduje a un bar y me dispuse a leer la novela Federico en su balcón, pues “Niche” y la idea de la revolución me estaban pareciendo por demás actuales y fascinantes.

Dos páginas leídas, sin embargo, y una conversación que subió de tono en la mesa de atrás, me distrajo. “El mundo está peor que nunca”, dijo un hombre calvo. “¿Y qué carajos pasa en América Latina?”, agregó la mujer de pelo castaño.

Como pocas veces, me dieron ganas de interrumpirles y explicarles que nos encontramos en un momento convulso entre el fuego cruzado de dos visiones antagónicas y que pretenden un nuevo orden mundial sin escatimar ni recursos ni mentiras ni fraudes ni vidas humanas. A punto estuve de decirles que Rusia, China, Irán, Estados Unidos y la India están interesados en promover gobiernos autoritarios y por eso están apoyando revueltas en países “enemigos”, cada quien esperando sacar algo de provecho, según sea su propia agenda radical, ya sea energéticos fósiles hasta uranio o bases militares.

Si supieran que desde hace unos años hemos identificado a agentes cubanos, norteamericanos y españoles que están impulsando la agenda populista y clientelar en medios, congresos políticos y en escuelas juveniles deformación saldrían corriendo del país. Peor, si se enterasen que llegan operadores rusos, chinos, venezolanos y coreanos a México por recursos del narco y del gobierno y que después usan para organizar desmanes en Chile, Ecuador y hasta en Hong Kong… En respuesta, el bloque democrático y liberal europeo ha decidido actuar también apoyando movimientos contra las dictaduras populares, tal y como recién sucedió con Evo Morales. Eso es lo que pasa: quieren aprovechar el descontento generalizado y unos y otros le tiran un cerillo a un polvorín para desestabilizar América Latina y ganar territorios e influencia.

–¿Su reporte? –me interrogó mi contacto en el búnker unos minutos más tarde.

–Sigue Colombia –le dije mientras le entregaba un folder con sustentos–.

Ya están allá, infiltrados y repartiendo recursos y creando las estrategias de ataque. Muchos llevan años “dormidos” viviendo ahí, pero los cabecillas del Comando Bolivariano del Sur, entraron por mar hace una semana.

–¿Recomendaciones? –preguntó mientras miraba algunas de las fojas que le presenté.

–Avisar al gobierno local y que se preparen ellos y a la población civil para el próximo 21 de noviembre. En Chile y Ecuador los tomaron por sorpresa.

Aquí eso puede cambiar para bien de todos –respondí mientras mi contacto se llevaba a la boca un chicle con olor a moras. Para neutralizar es importante que se sepa públicamente que habrán infiltrados y provocadores para escalar el conflicto, la violencia, el miedo y la desesperación buscando desequilibrar al gobierno y la sociedad. Será indispensable que el pueblo se vuelva vigilante y que filmen rostros, tatuajes, símbolos, banderas y cualquier cosa que sirva para identificar a los violentos, especialmente en redes sociales. Que protejan casas, autos, negocios y que hablen con los hijos para que no participen cuando se vandalice alguna zona. Y sobre todo que si ven gente armada o con posibles explosivos se alejen de inmediato y llamen al ejército, pues sospecho que los infiltrados pueden contar con apoyo del ala radical de la guerrilla.

–Gracias.

–Buenas tardes –contesté antes de retirarme para atender mi tienda de helados.

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