Rebeca Pal

Razones por las cuales Día de Muertos, es uno de mis días favoritos.

  1. El culto a la muerte en la cultura mesoamericana:

Existen registros rituales y celebraciones de pueblos prehispánicos (mexica, maya y purépecha), de hace más de tres mil años. Los pueblos prehispánicos conservaban los cráneos como trofeos, y los mostraban en los rituales como símbolo de la muerte y del renacimiento.

  1. Aztecas:

El culto a la muerte era una celebración de vida para los aztecas. Para ellos, a diferencia del catolicismo, el lugar a donde iban los muertos dependía de cómo habían muerto: Tlalocan para los ahogados (paraíso del dios de la lluvia), Omeyacan para los que morían en combate o mujeres dando a luz (paraíso del sol), Chichihuacuauhco para los niños (árbol de leche para los niños muertos) y Mictlán para los que morían de forma natural (noveno piso del inframundo).

  1. Mexicas:

Los mexicas poseían un avanzado conocimiento de la astronomía y, por ello, el calendario azteca era primordial para la celebración de rituales, festividades y para la agricultura. Conmemoraban el noveno mes, llamado Tlaxochimaco (nacimiento de las flores), del calendario solar mexica. El festejo comenzaba a principios de agosto y se extendía hasta octubre, presidido por Mictecacihuatl, “Señora de la Muerte” en náhuatl, diosa de los muertos. Lo dedicaban a varios dioses, principalmente a Huitzilopochtli. Las familias cocinaban en recuerdo de los muertos y colocaban la comida sobre las tumbas.

  1. Mictecacihuatl, nuestra Catrina:

En la mitología azteca, ella era la reina de Mictlán, noveno y último nivel del inframundo. Mictecacihuatl, con el tiempo, fue asociada con la figura tan popular y tradicional que conocemos de la Catrina, creada por el grabador José Guadalupe Posada e inmortalizada por el pintor Diego Rivera. Pintó una calavera vestida en su mural “Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central”, como una crítica a la aristocracia mexicana

  1. Los españoles:

Después de la conquista, el festejo se celebró el 1 y 2 de noviembre. Los españoles introdujeron la festividad católica “Día de Todos los Santos”, ofreciendo oraciones, donativos y misas para los difuntos. Con el tiempo se fue mezclando con la nuestra, y el resultado de esta fusión es el Día de Muertos que hoy conocemos.

  1. Las ánimas:

Los difuntos tienen autorización del más allá para visitar a sus parientes vivos, quienes los reciben con una ofrenda. Llegan cada doce horas: El 28 de octubre los que murieron de forma violenta, el 29 los ahogados, el 30 los olvidados o los que no tienen familia que los recuerden, el 31 los que están en el limbo y los niños no nacidos, el 1 de noviembre los niños nacidos y el 2 de noviembre los adultos.

  1. El altar:

Cada altar representa los cuatro elementos. El Agua es representada en una vasija de barro, la Tierra con frutos de la misma, el Fuego con las velas y el Viento con el papel picado. Los diferentes niveles que lo conforman representan el mundo material e inmaterial. Hay altares con dos niveles que representan el cielo y la tierra; con tres niveles que representan el cielo, la tierra y el inframundo; y con siete niveles que representan las fases que tiene que atravesar el alma para poder tener paz espiritual y descanso. Los de tres niveles también simbolizan al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. La cruz que se dibuja en el suelo con tierra, es un recordatorio para los fieles: “polvo eres y en polvo te convertirás”. Las flores de Cempasúchil se colocan en el altar, dibujando un camino. Simbolizan la luz del sol que alumbra el trayecto de vuelta a la Tierra.

La UNESCO catalogó el Día de Muertos como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, y Disney lo llevó a la gran pantalla con Coco. Qué orgullo tener una tradición así. Cuidemos de este gran tesoro.

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