Rebeca Pal

El consumo se puede definir como la acción de consumir para satisfacer necesidades básicas. Como concepto, no se refiere a algo perjudicial, el problema es cuando el consumo se vuelve una actividad patológica. Sí, es lo que conocemos como consumismo, definida por la RAE como “la tendencia inmoderada a adquirir, gastar o consumir bienes, no siempre necesarios”.

El consumismo prolifera en la sociedad actual, porque basa el modelo de bienestar en la posesión de bienes. Muchas personas tienen como objetivo principal de vida, acumular bienes de forma inmoderada.

La diferencia que hay entre el consumo de masas y el consumo tradicional de otras épocas, es el objetivo que motiva a las personas a consumir. Antes se consumía para cubrir las necesidades básicas, hoy en día se consume para satisfacer deseos que consideramos necesarios. El consumo se ve beneficiado de esta actividad descontrolada.

Antes de hacer una compra, siempre me pregunto si realmente necesito todo lo que compro, si adquirirlo es necesario y fundamental para mi vida. Lo que se consume sin ser una necesidad, puede ser un exceso porque excede las necesidades básicas. Por eso creo que el consumo actual es inmoderado y no es subjetivo. Sí, todos consumimos inmoderadamente porque lo hacemos en exceso. Si lo pensamos fríamente, puedo asegurarles que la mayoría de las compras que hacemos son por antojo (incluso vanidad) y no por necesidad.

En la sociedad de consumo la principal actividad es consumir. Nos convencemos o nos convencen, para creer que necesitamos ciertos productos para lograr el bienestar, una mejor vida, mejor aceptación social o una mejor imagen. Quienes están a favor de esta actividad, defienden que el consumismo puede mejorar la calidad de vida y ayuda a las sociedades en su desarrollo. Sí, pero, sinceramente, ¿de qué sociedades habla? En México hay muchas personas que no pueden consumir (que es el principal requisito para disfrutar de la sociedad de consumo) porque no tienen dinero. Hay millones que no pueden darse el lujo de participar en la sociedad de consumo.

Para consumir sólo se necesita tener dinero y efectivas técnicas de mercadotecnia. Todo depende del dinero que dispongamos para comprar más productos. Y sí, siempre aspiraremos a los productos con un precio más elevado porque mientras más caro sea un producto, menos gente podrá adquirirlo. ¿Por qué? Porque socialmente es lo que nos hace diferentes. Pero la ironía es que mientras más compramos productos “únicos” para diferenciarnos y pertenecer a un estrato social, más nos parecemos entre sí. El consumo desenfrenado nos conduce a una pérdida de identidad, porque dejamos de ser personas para convertirnos en consumidores. Consumimos porque nos sentimos especiales y únicos, pero realmente formamos parte del mismo grupo social con comportamientos y cultura similar.

Y todo se resume en el deseo y la ambición de nunca estar conformes y siempre querer más. El consumo no atiende a las necesidades básicas, sino a lo aspiracional. Nos expresamos a través del consumo para conseguir otros beneficios, como el reconocimiento en un determinado grupo social.

“La gente está metida como dentro de una gigantesca telaraña que es la sociedad de consumo, que está montada en la función de la acumulación. Cuando tú compras algo, no te equivoques, el instrumento es la plata con la que tú estás comprando. Pero en realidad estás comprando con el tiempo de tu vida que tuviste que gastar para tener esa plata, o quiere decir que cuando tú gastas en el fondo lo que estás gastando es tiempo de vida. Mi definición de pobreza es la de Séneca: Pobres son aquellos que precisan mucho. Esos son pobres” José Alberto «Pepe» Mujica Cordano, expresidente de Uruguay.

Compartir