Enrique Del Val

Uno de los principales y mayores temas que tendrá que atender la presente administración pública federal será el del empleo. La llamada cuarta revolución industrial, que conlleva la automatización y la inteligencia artificial, está a la orden del día en todo el mundo.

En un análisis realizado por la consultora McKinsey se menciona que quizá no sea tan grave la pérdida de empleos gracias a la creación de nuevos trabajos ligados a la inteligencia artificial en áreas donde no se había tomado mucho en cuenta, como el algoritmo desarrollado por una empresa que permite reducir el tiempo de diagnóstico de hemorragia intracraneal en 96 por ciento.

No obstante, según la consultora, en el periodo 2016-2030 la automatización provocará el desempleo de 400 millones de trabajadores a nivel mundial en un escenario no agresivo. Rebeca Grynspan, jefa de la Secretaría General Iberoamericana (Segib), indica que en América Latina, donde los empleos suelen ser más intensivos en mano de obra y, por tanto, más automatizables, la pérdida de empleo será mayor que en el mundo desarrollado.

Dice que esta cuarta revolución tiene como signo principal el cambio constante y que “se necesita invertir más en los trabajadores, abandonando la idea de que sólo se aprende en la escuela y apostando por una educación continua y en los espacios de trabajo”.

Asimismo, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) publicó recientemente un documento denominado El futuro del trabajo en América Latina y el Caribe en el que refiriéndose al tema, indica que en nuestra región el futuro del trabajo estará marcado por dos tendencias: el tsunami tecnológico y el envejecimiento poblacional, porque el mito de que somos una población joven es falso; es más, somos quienes están envejeciendo más rápido en todo el mundo. Señala como ejemplo los años requeridos para que las personas de 65 años pasen del 10 al 20 por ciento en diversos lugares, concluyendo que en varios países desarrollados tardarán más de 60 años, en cambio a México, Nicaragua y Chile, entre otros, les llevará sólo 22 años. En pocas palabras, se acabó el bono demográfico que tantas veces y tantos gobiernos mencionaron.

Los expertos del BID dicen que los desafíos son numerosos por la dificultad que tiene la región para absorber las innovaciones; y al no estar preparados, se incrementarán las desigualdades, lo cual debe obligar a los gobiernos a repensar la educación, la formación para el trabajo y la propia configuración del Estado de bienestar.

No sólo habrá el incremento de adultos mayores, sino una nueva categoría: la de las personas que alcanzan la denominada “cuarta edad”, mostrando su preocupación ante los mercados laborales que hoy son hostiles con los trabajadores de más de 50 años.

En el estudio se menciona el porcentaje de trabajadores que se encuentran en ocupaciones con alto riesgo de automatización y es alarmante saber que, por ejemplo, Guatemala tiene 75% y nueve países más del continente tienen más de 60 por ciento.

Estamos entonces, en una situación delicada con varios elementos: la innovación tecnológica, el envejecimiento acelerado, el crecimiento económico ridículo y ahora en México ante un desempleo creciente en el sector público.

Por momentos parece que hay una competencia entre las diversas entidades públicas para ver quién desemplea a más personas, lo cual es muy grave y está provocando el desasosiego de miles de familias que no entienden las razones de esta liquidación masiva. El gobierno debería tomar en cuenta que una de sus principales responsabilidades es mejorar el bienestar de la población y estos despidos de personas, en su mayoría capacitadas, sin opción de empleo debido al bajo crecimiento económico que han proyectado, harán que la pobreza y el desempleo crezcan.

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