Enrique Del Val

Cada día son más los estudios que hablan de la terrible desigualdad que existe en casi todo el mundo; incluso varios analistas lo ven como un problema mayor al de la pobreza, ya que sin solucionar el primero difícilmente se logrará abatir el segundo.

Según las estadísticas y comentarios de expertos, el problema se agudiza cada año. Así tenemos que, con datos de varias fuentes calificadas y ya dados a conocer, el 1% de la población más rica del planeta, aquella que tiene más de un millón de dólares, se apropia de 45% de la riqueza mundial, y aquellos que tienen menos de 10 mil dólares, y que representan 64% de la población mundial, apenas se apropian el 2% de la riqueza del orbe.

El banco Credit Suisse define la riqueza individual como el valor de los recursos financieros y activos, principalmente casas, menos las deudas, llegando a las cifras antes mencionadas. En el ranking de 2018 de la revista Forbes se afirma que hay dos mil 208 billonarios en el mundo, pero 10 de ellos tienen en conjunto 745 billones de dólares.

Dentro de los países desarrollados el que se lleva la palma de oro es Estados Unidos: el 1% de su población acumula el 42.5% de la riqueza, ningún otro país miembro de la OCDE se le acerca, cuando mucho alcanzan el 28 por ciento. En la actualidad hay 5.3 millones de personas que tienen recursos financieros por al menos millón de dólares.

El país ganador en la creación de millonarios es la República Popular China, en donde, gracias a ese socialismo tan democrático, se ha logrado que entre los años 2017 y 2018 el número de ciudadanos que tienen más de 50 millones de dólares pase de nueve mil 555 a 16 mil 511 ¡En tan sólo un año!

Esta situación, que podríamos calificar incluso como repugnante por lo que significa para millones de personas, está siendo incluso la causa de suicidios en varios países, según un estudio que realizan dos investigadores de la Universidad de Princeton, Sir Angus Keaton, premio Nobel de Economía en 2015, y Anne Case. Lo han denominado como “muertes de desesperanza”.

El premio Nobel escribe en su primer reporte que Inglaterra tiene uno de los más altos niveles de desigualdad en el ingreso entre los países ricos y que su desarrollo económico está enriqueciendo a unos pocos a expensas de la mayoría, y esto significa “una burla para la democracia”.

Otro investigador famoso en el tema, el profesor Branko Milanovic, ha realizado un estudio sobre la creciente desigualdad que se refleja en los recursos económicos cada vez que entran nuevos países a la Unión Europea, debido a que la mayoría de estos traen una desigualdad y pobreza mayor que los que ya están dentro, y que la única solución para mejorar la distribución del ingreso es permitir la migración, con las consecuencias políticas que están ocurriendo.

En una gráfica elaborada por la OCDE y que expresa el coeficiente de Gini, mismo que marca la desigualdad en los países, se señala que para el año de 2016 los Estados con menor desigualdad eran Irlanda, Finlandia, Bélgica y Francia, mientras que los más desiguales eran Chile y, en primer lugar, México, en donde se ha hecho poco por reducirla.

Los datos proporcionados recientemente por la CEPAL indican que nos encontramos en el lugar número tres en desigualdad en la región; 20% de nuestra población se queda con 48% del ingreso, mientras que 20% más pobre se queda sólo con seis por ciento.

La única manera efectiva de reducir la pobreza y la desigualdad en todo el mundo es a través del fisco, donde los ricos paguen progresivamente más impuestos. Los programas de entrega de recursos ayudan en parte a los más pobres, pero no reducen la desigualdad, por eso es urgente que este gobierno recapacite y ponga la reforma fiscal como prioridad.

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