Enrique Del Val

Llevamos varios meses con desencuentros entre los “datos y los otros datos”, en una serie de temas cruciales para el país y que en principio no deberían estar a debate, pero lo están.

Lo más sencillo es tomar los datos de fuentes reconocidas, tanto las gubernamentales, como las académicas e internacionales. Es decir, para opinar hay que considerar primero las publicaciones e informes oficiales y siempre mencionar la fuente al hacer cualquier comentario o escribir sobre un tema. De esta forma se debe acabar la noción de que hay otros datos.

Este mes, el Centro de Estudios de las Finanzas Públicas (CEFP) de la Cámara de Diputados publicó un interesante documento denominado La pobreza y el gasto social en México que contiene la información más reciente sobre este tema, utilizando los diversos datos oficiales.

Llevamos años tratando de reducir la pobreza con numerosos programas, pero hasta ahora, según dice el documento, se confirma lo que muchos hemos expresado: “el gasto destinado al combate y superación de la pobreza ha tenido resultados insuficientes, es decir, no han sido capaces de revertir sustancialmente el crecimiento de la pobreza ni la desigualdad en el ingreso.”

Se confirma que lo que se ha priorizado y sigue priorizándose en el actual gobierno es el mantenimiento de los equilibrios macroeconómicos, en detrimento de una verdadera política social. Sin duda han mejorado algunos indicadores, como la esperanza de vida, la escolaridad y la vivienda, entre otros, pero la terrible realidad es que, según el Coneval, la población en situación de pobreza pasó de 53 millones en el año 2000 a 53.4 millones en 2016, cifra que representaba el 43.6 por ciento de la población total. En el presente siglo, casi la mitad de nuestra población está en situación de pobreza, a pesar del supuesto gasto multimillonario que se ha dedicado a combatirla. Sin duda ha habido bastante corrupción y esperamos que sea castigada y reducida, más allá de las declaraciones espectaculares que hasta ahora no han tenido un solo efecto concreto.

En materia de ingresos de las familias, el CEFP hace un análisis basado en los datos del Inegi, en donde se encuentra que siete de los 10 deciles tienen un ingreso trimestral por debajo del promedio nacional. Y esta desigualdad se nota a nivel de los estados. Así, tenemos que Nuevo León tiene un ingreso trimestral de 87 mil 663 pesos, mientras que Chiapas tiene 23 mil 258 pesos, casi cuatro veces menos, lo cual indica la enorme desigualdad que existe en México.

En otro cuadro muestran las carencias nacionales que existen por deciles; aquí nos encontramos que en el primer decil, el más pobre, sólo el 1.3% de la población no tiene carencias, mientras que el decil más rico llega hasta el 21% de la población.

El país está claramente estratificado, pues las entidades que concentran los mayores niveles de pobreza son Chiapas, Oaxaca y Guerrero, y los que presentan menos niveles están en el norte, las Baja Californias y Nuevo León.

Al respecto, muestran su preocupación, ya que con estos datos, uno supondría que el gobierno destinaría mayores recursos económicos, pero resulta que el gasto programable como proporción del PIB va a la baja al pasar de ser el 20.8% en 2015, a un estimado de 16.7% para este año.

Y a pesar de las declaraciones de apoyo a los pobres, el gasto en desarrollo social pasó de equivaler el 14.7% del PIB en 2015, a una estimación del 13.4% para 2019. Esta es la realidad, apoyada en datos duros y oficiales.

Qué bueno que el CEFP publique este documento y, sobre todo, que lo lean los diputados que son quienes pueden cambiar el sentido de la política económica que se está aplicando hasta hoy y que, como vemos, no va a reducir la pobreza sino, si bien nos va, la mantendrá en los niveles inaceptables que hoy tiene. 

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