Enrique Del Val

Un magnífico artículo del premio Nobel de Economía Joseph E. Stiglitz, cuyo título podríamos traducir como La verdad acerca de la economía de Trump, fue publicado en Project Syndicate, con motivo de la próxima reunión de la élite financiera del mundo en la ciudad suiza de Davos, en la cual, por cierto, uno de sus objetivos principales de este año parece radicar en encontrar la forma de llegar a lo que esa burguesía denomina el “capitalismo de accionistas”, en el cual supuestamente todos saldríamos beneficiados.

El profesor Stiglitz dice que la mayoría de los asistentes a la reunión de Davos de hace dos años estaba poco preocupada por la misoginia, la intolerancia y la precaria atención demostrada por el presidente Trump hacia el cambio climático, y muy contentos con la reducción de impuestos a los más ricos y sus empresas en Estados Unidos y esperaba que los demás países hicieran lo mismo.

En la actualidad, muchos dueños de empresas siguen hablando de lo bien que va la economía, medida a través del Producto Interno Bruto, y el valor de sus acciones en las bolsas; pero la realidad del ciudadano norteamericano común es totalmente diferente y, para demostrarlo, utiliza ciertas estadísticas que lo comprueban.

Aquí hago un paréntesis para reconocer que el sistema estadístico de Estados Unidos es de los mejores del mundo, ya que se puede obtener información de cualquier tema y a detalle. Por eso considero que, entre otras cosas, debemos apoyar y fortalecer el Inegi

El primer dato que nos brinda el autor se refiere a la situación de la salud de los estadounidenses. Resulta que en la actualidad ese país ocupa el último lugar entre las naciones desarrolladas en el tema de salud, lugar logrado en los dos primeros años del gobierno de Trump. La mortalidad de las personas ha llegado a la tasa que tenía en la Segunda Guerra Mundial y millones de personas han perdido la cobertura sanitaria.

Algunas de las causas por las que viven ahora menos años son el consumo de alcohol, de drogas y el número de suicidios, número que está llegando a ser cuatro veces más de lo que era en 1999, fenómeno que Anne Case y el Nobel Angus Deaton denominan “muertes por desesperación”.

Stiglitz menciona que, sin duda, para el 1% de la población, más concretamente, para el 0.1%, Trump ha sido un buen presidente, pues les ha reducido los impuestos, pero de paso los ha aumentado para el segundo, tercer y cuarto quintiles de la distribución del ingreso. Además, el objetivo fundamental de la reducción impositiva es la inversión productiva pero lo único que los ricos empresarios han hecho es recomprar las acciones de sus empresas a niveles nunca vistos. Tan solo en 2018 se recompraron 800 mil millones de dólares.

Su promesa de traer la manufactura de regreso al país sigue estando por abajo de lo que hizo el presidente Obama. La baja en el desempleo no es una sorpresa, dice el profesor Stiglitz, debido a que, entre otras cosas, las personas con salud deteriorada no pueden trabajar y hay dos millones de personas que se encuentran tras las rejas, seis veces más que en 1970.

En cuanto al crecimiento de la economía, la promesa de Trump de crecer entre el 4 y 6% ha fallado; apenas lo ha hecho en un 2.1%, menos del 2.4 por ciento. logrado por Obama en su segundo periodo.

Stiglitz considera que este es uno de los principales fracasos de Trump, ya que no se trata de mala suerte sino de desconfianza, volatilidad y prevaricación y por eso no se le debe aprobar en materia económica, como tampoco debe hacerse en asuntos de democracia y preservación del planeta.

Coincidimos plenamente con lo expresado por el premio Nobel y esperamos, al igual que millones de personas, no solo de Estados Unidos sino de todo el mundo, que no logre la reelección y sea enjuiciado.

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